Diálogo, pensamiento y filosofía en la Escuela de verano de Asturias

Lo más interesante de la EVA no es el programa, que siempre lo es, sino el hecho de que cada vez haya más personas a las que les apetezca pasar juntas esos días.

Recomendados

Soledad García Ferrer
Soledad García Ferrer
Cuando era una adolescente se encontró con un libro de filosofía. Profesora, investigadora, traductora, en 2007 eligió vivir en una aldea del occidente de Asturias.

Desde hace ya dos años nos reunimos la última semana de julio en las antiguas escuelas de Villapedre (Navia) unas cuantas personas interesadas en la filosofía, en la discusión y en el intercambio de ideas, en conocer gente afín y en disfrutar del verano de otra manera. La idea surgió de Roberto Menéndez, secretario de la SAF, que desde hacía años ya venía practicando la filosofía para profanos a lo largo del occidente asturiano y que decidió volver al lugar en donde él había aprendido una vez las primeras letras para leer junto con otras personas, para dialogar y aprender con ellas.

Escuela de verano de Asturias. Foto: David Aguilar Sánchez

En esta ocasión ha sido César Rendueles el que ha aceptado su invitación para presentar a debate las ideas sobre publicidad, periodismo y política de las pasiones —así rezaba el título de la EVA de este año— que se encuentran desarrolladas en su libro Contra la igualdad de oportunidades. Un panfleto igualitarista, publicado recientemente. Hemos asistido a tres sesiones en las que ha ido mostrando lo que esconde la meritocracia moderna, ha desmontado el mito de la igualdad de oportunidades y ha dejado claro cómo la idea tradicional de justicia –dar a cada uno lo que le corresponde— debería ser sustituida por la de dar a cada cual según sus necesidades. César Rendueles tiene la virtud de traducir los datos estadísticos sobre educación, familia, trabajo, salud, etc. y las referencias a autores como Diderot, Goethe, Bentham, Pareto, Hayek, Payne, Polanyi, Marx y otros a un lenguaje asequible, cercano, lleno de relaciones con el cine, la literatura y otros relatos que configuran la forma de ser y de pensar de la sociedad. A medida que una escucha sus palabras se va abriendo paso una especie de asentimiento interno a lo que se está diciendo y el sentimiento de que esas palabras tienen que ser dichas y además con el rigor científico y la amenidad con que se están diciendo. Una no puede dejar de ver la conexión que existe entre ese rigor, esa dedicación y esa afabilidad, por una parte, y la ausencia de derrotismo en el terreno político, la paciencia con los balbuceos experimentales de la razón, por muy ridículos que parezcan, el seguir dado oportunidades a la política, el dejar de pensar que está todo perdido; en una palabra, la esperanza de que se pueden modificar muchas cosas, de que el camino de la libertad aún nos está haciendo señas para que lo transitemos.

César Rendueles. Foto: David Aguilar Sánchez

Las charlas de César Rendueles eran el plato fuerte de la EVA de este año; pero no el único. Desde el comienzo se vienen incluyendo en este encuentro otros formatos: conferencias, presentaciones de libros, talleres, cinefórums, diálogos. En estos últimos se trata de plantear un tema y dejar que el público lo desarrolle por su cuenta. Por ejemplo, Iván Tobalina y Jon Ander moderaron un diálogo sobre Verdad y Realidad con reminiscencias de Agustín García Calvo y Rafael Sánchez Ferlosio; Jorge Mola condujo otro sobre Zascas, barbarie y postverdad, en el que el público debatía sobre lo que caracteriza a un diálogo en contra de un zasca o un debate de esos a los que nos tienen acostumbradas los medios de comunicación. En estos diálogos se trata de que la persona o personas que los conducen hablen lo menos posible y se limiten a ordenar el desarrollo del diálogo y a dar alguna referencia para que este avance. En otras palabras, se trata de dejar ser al logos, cosa muy difícil de hacer y que requiere una destreza y una paciencia infinitas. En este tipo de actividad el público tiene la palabra e inevitablemente afloran cuestiones que han aparecido en otros momentos y que se han quedado sin pensar suficientemente. Casi emociona ver cómo los asistentes estamos llevando a cabo el esfuerzo del concepto, aunque no se llegue a ninguna conclusión ni mucho menos estemos todas de acuerdo; o precisamente por eso.

“No son tiempos muertos, son huecos pletóricos de vida”

Una sale de estos diálogos con la sensación de haber encontrado algo y queriendo dialogar más. Pero para eso están pensados los amplios huecos en el programa de la EVA, huecos de horas en los que solemos ir a la playa, a comer por grupos, a conversar y conocer gente nueva. Y entre los que no falta el intento, alguna vez conseguido, de divisar desde el quiosco de la playa de Frexulfe la puesta de sol sobre el mar y el legendario rayo verde. No son tiempos muertos, son huecos pletóricos de vida. Son ni más ni menos que lo que diferencia a estas jornadas de vivencia filosófica de Villapedre de un congreso académico. En ellas no se obtiene ninguna ganancia, ningún capital, ningún crédito; solo la satisfacción de estar juntos y de conocer gente a la que le gusta lo mismo que a una misma.

Público de la EVA. Foto: David Aguilar Sánchez

Llama la atención la diversidad de gente que acude a estos encuentros de la EVA, sus diferentes edades y formación —desde estudiantes a profesionales de distintas ramas—, el hecho de que algunos se desplacen desde fuera de Asturias. Pero lo que más se nota es la presencia de un cierto número de personas que no falla y que ya se conocen porque son vecinos del occidente asturiano que asistían a las charlas de Roberto Menéndez desde antes de que comenzara la EVA. Una tiene siempre la impresión de que, más que acudir ellos a un curso de filosofía, somos los demás los que los visitamos a ellos, como si nos hubieran invitado a una cita que tiene lugar todos los años por las mismas fechas y nos estuvieran esperando desde el verano anterior para recibirnos con el mismo cariño y la misma amabilidad. Y una se encuentra de nuevo con la dueña de la pensión, con el alcalde de Navia, con los camareros del restaurante al que solemos ir y con ese grupo de incondicionales; pero también con el espacio de las escuelas, con sus amplios ventanales y su patio de recreo, con los maizales que lo rodean, con los paisajes y con las playas, como si no hubiera pasado un año entero, con todos sus trabajos y sus días, desde que los vimos a todos por última vez. 

Escuelas de Villapedre (Navia). Foto: David Aguilar Sánchez

Creo que lo más interesante de la EVA no es el programa, que siempre lo es, sino el hecho de que cada vez haya más personas a las que les apetezca pasar juntas esos días. Ese hecho demuestra, no solo la atracción que ejerce sobre el público la reflexión filosófica orientada desde un punto de vista no académico, sino la necesidad que muchas sentimos de compartir nuestro esfuerzo y nuestro tiempo cuando podemos disponer de ellos, es decir, cuando tenemos tiempo libre, sin pensar en obtener de ellos un rendimiento o una ganancia de ningún tipo, sino solamente por el placer de desarrollar libremente y en común el pensamiento.

Actualidad

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí