Objetivo: destruir a Adriana Lastra

"Hay que destruir políticamente a Adriana Lastra", esta es la consigna dictada desde Ferraz, Madrid.

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Víctor Guillot
Víctor Guillot
Víctor Guillot es periodista y dirige el Centro de Interpretación del Cine en Asturias. Ha trabajado en La Nueva España, Asturias 24, El Pueblo de Albacete y el diario digital migijon. Colabora en la Cadena Ser. Su último libro, junto a Rubén Paniceres, se titula "Ceniza a las cenizas. David Bowie y la revolución visual de la cultura pop" (Ed. Rema y vive).

“Hay que destruir políticamente a Adriana Lastra”. Esa es la consigna dictada desde Madrid según fuentes socialistas. La que fuera número dos del PSOE, mano derecha de Pedro Sánchez en su resurgimiento, apartada de la dirección nacional desde hace unos meses, está vetada en Ferraz después de que el Secretario de Organización, Santos Cerdán, y otros miembros del aparato, “detectaran una red de contactos diseñada para tomar el partido” en cuanto Sánchez renunciara a la Secretaría del partido. Desde la Ejecutiva Federal, Lastra es considerada “culpable de un delito de lesa majestad”.

A partir de ahí, la política orgánica de la Federación Socialista Asturiana se ha vuelto compleja, difícil y áspera con la dirección federal, en cuanto el nombre de Adriana se interpone. Tanto es así que este lunes Santos Cerdán le marcaba el paso al Secretario de la FSA, Adrián Barbón, tachando de “extemporáneo” el anuncio que este domingo hacía el Presidente del Principado celebrando a Lastra como cabeza de lista por Asturias al Congreso de los Diputados. ¿Significa esto que Adrián Barbón está fuera del juego? Tampoco. En Ferraz, Adrián es visto como un presidente homologable a Revilla, el presidente cántabro, pero cualquier intento por su parte de rescatar a Adriana Lastra del ostracismo supondrá desde la dirección nacional un lastre para la FSA

Mientras el aparato del SOMA busca acomodo en las estructuras del poder, su influencia en los municipios se diluye. La hegemonía en las cuencas ya no es la que era. La agrupación de Langreo está orgánicamente desertizada. Lo mismo sucede en Mieres, donde IU es una fuerza invulnerable con un alcalde que no sufre erosión política alguna. Llanes resurge con Antonio Trevín trabajando a destajo por recuperar la alcaldía y en Gijón José Ramón García “Monchu” ha levantado una trinchera más ancha y profunda de lo que ya era hace seis meses, después del asedio que sufrió este domingo en Piedras Blancas. Siero con “Cepi” puede ser en los próximos meses la gran sorpresa politica en los exangües equilibrios que trata de conservar la secretaria de Organización, Gimena Llamedo. Pequeñas agrupaciones también comienzan a sentirse incómodas con la nueva ejecutiva y aún queda por saber cómo se revolverán las agrupaciones del Occidente si en los próximos meses las líneas políticas no se aclaran. Luarca, Tineo y Cangas de Narcea pueden terminar por demoler el socialismo barbonista.

“La hegemonía en las cuencas ya no es la que era”

Adriana Lastra ha sido en los últimos años, desde que fuera nombrada vice-secretaria del PSOE, el último eslabón que conectaba al sindicato con la cúpula del partido. Lejos en el tiempo queda la figura de José Ángel Fernández Villa, el relieve poderoso de un líder sindical más cercano a un capo de la mafia calabresa que a un dirigente social que el tiempo ha destruido colocándolo a las puertas de la cárcel y cuyo nombre hoy persigue y se olvida entre los responsables del sindicato. La década de los 80 y 90 otorgaron al SOMA un poder insólito, con los gobiernos de Felipe González y José María Aznar de fondo, pero la influencia del socialismo asturiano hoy es la décima parte de la que tuvo en aquellas décadas. Sin Villa y sin Lastra, está obligado a cambiar de paradigma y encontrar otros elementos que le permitan conservar su influencia.

Después de la caída de Villa, el SOMA sigue viviendo en una fotografía revelada en los laboratorios del 39º congreso de Madrid y que hoy se ha quedado antigua y solapada por la del 40º. En el último de Valencia, el PSOE ofreció hasta hoy una imagen radicalmente distinta y triunfal, adornada de fuegos artificiales y en la que Pedro Sánchez está más cerca de los planteamientos políticos de Javier Fernández que de aquel joven y apuesto diputado dimitido y renacido tras la constitución y disolución de la gestora. Quizá ese es el otro gran error del SOMA que, más allá de su concepción patriomonialista de la FSA, ha convertido a Adrián Barbón y Gimena Llamedo en títeres de una estructura sindical obsoleta.

Javier Fernández (al fondo), atento a la sesión de investidura de Barbón. Foto: Iván G. Fernández

Sin Adriana Lastra, Adrián Barbón tiene todo el camino libre para seguir siendo un Secretario de la FSA obligado a hacer política desde otros parámetros más objetivos. La guerra de la energía sitúa a Asturias en un lugar estratégicamente ventajoso con una regasificadora que consolida a España como el almacén gasístico del centro de Europa. El modelo territorial y mayormente la política fiscal y de financiación de las comunidades autónomas también pueden ponderar a la FSA dentro del partido y de las instituciones en un lugar de referencia, si pone en valor los criterios de reparto que Vicente Álvarez Areces primero, y Javier Fernandez después, lideraron en las sucesivas conferencias de presidentes que colocaron políticamente al Principado como un territorio vertebrador, a la manera en la que lo había pensado Ortega con su España invertebrada. ¿Son los últimos días de Adriana Lastra? Si Barbón quiere contar algo en el PSOE de Pedro Sánchez y Santos Cerdan, no hay mucho margen para la duda: sí.

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