¿Por qué los montes están plagados de eólicos y en nuestros pueblos y ciudades apenas se ven placas solares?

Lo más racional habría sido fomentar la producción energética local y luego completar la necesidad de energía de otra forma.

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Como persona que vive en el Occidente de Asturias y preocupada por la invasión eólica en nuestro entorno, quiero comentar mi sorpresa al leer una noticia[1], en la que se informa de que decenas de comunidades vecinales de Oviedo han instalado placas solares en sus tejados y llevan esperando hasta nueve meses para ponerlas en funcionamiento por trabas administrativas.

Sin embargo,  las grandes empresas siguen instalando en nuestros montes molinos gigantes, altas torres y postes con cableado. Sabemos que hay en proceso más macroproyectos eólicos, incluso en áreas protegidas cerca de reservas naturales. A pesar de que con ellos se pone en peligro la vida de animales y plantas, el paisaje natural, los bienes arqueológicos y nuestra economía que está basada en el turismo rural, la agricultura, la ganadería y la pesca.

Lo más curioso es que lo prioritario no es suministrar energía a los pueblos y ciudades donde están ubicadas, sino llevarla a otros lugares, incluso fuera de Asturias. Nos convierten en su factoría para ellas seguir obteniendo beneficios desorbitados, mientras nosotros/as les pagamos a su conveniencia el recibo de la electricidad.

Hace años que se aprobó en la UE el autoconsumo individual y colectivo de energías renovables. Por fin podíamos producir y usar nuestra propia electricidad.  Se recomendó a todos los estados miembros potenciar este sistema, dar información y facilitar las gestiones necesarias. Se presupuestaron grandes ayudas para llevarlo a cabo.

Lo lógico era pensar que tanto el Estado como las Comunidades Autónomas y los ayuntamientos apuntarían este tema en su agenda como objetivo principal.

Existían poderosas razones para ello. Por un lado, estaban bien informados de que los combustibles usados hasta ahora – petróleo, gas, carbón – se acercaban a un límite; por otro lado, los científicos alertaban de que su explotación estaba provocando un gran daño al planeta, que llegaría a ser irreparable si no se actuaba de inmediato.

El cambio climático es un hecho incuestionable. Hay inundaciones, ciclones, desertización, olas de calor, aumento del nivel del mar, desaparición de islas y de tierras de las costas, extinción de especies y muchos más fenómenos.

Era hora de abandonar ese camino y fomentar energías renovables: energías que estarían ahí para servirnos siempre, como el sol, el viento u otras.

Cuando se habla de renovables, todo el mundo opina que no van a ser suficientes para cubrir las necesidades energéticas de las grandes empresas ni las nuestras si continuamos con el actual modelo de consumo. Por lo tanto, lo lógico sería que, si va a escasear, no malgastemos energía, antes de producirla sin control.

“No les importa que mueran aves entre las aspas o que desaparezca el hábitat de los animales”

El primer paso dentro del plan de transición energética de las instituciones públicas debería haber sido fomentar y subvencionar el aislamiento de las viviendas, impidiendo que la energía se pierda. Un estudio[2] realizado en Portugal demostraba que, en vez de generar energía con saltos hidráulicos, era diez veces más económico ahorrar la misma cantidad de energía realizando aislamientos en los edificios.

El siguiente paso tenía que haber sido informar y liderar el proceso de obtención de energía a pequeña escala, a nivel local. En cada pueblo o ciudad, animar a la vecindad al autoconsumo individual o colectivo, no ponerle trabas.

La ciudadanía, no obstante, ha tomado la iniciativa. Algunos particulares o comunidades de vecinos/as ya están instalando placas solares en sus tejados. El sol es una buena alternativa ante una crisis energética como la actual.

Al mismo tiempo están empezando a aparecer las llamadas Comunidades Energéticas Locales. Estas tienen una características especiales que las hacen diferentes a otro tipo de autoconsumo colectivo. Los ciudadanos/as son dueños de las placas solares que se instalan y ellos/as deciden como ser más eficientes y gastar menos; a veces los ayuntamientos ceden sus tejados y  cuantos más miembros hay, más barata sale la instalación. De esta forma se acaba la dependencia de las grandes compañías.

Hay empresas que ofrecen el autoconsumo colectivo. Pero lo hacen con las mismas prácticas de siempre: ellas instalan las placas solares y ellas lo controlan todo. Tú solo eres el cliente que cede su número de cuenta para que descuenten lo que quieran y no te dejan margen de decisión en ningún aspecto.

Las Comunidades Energéticas además posibilitan ayudarse unos a otros. Cuando uno no está en casa y no consume la energía que está produciendo, la puede ceder a otro y después recuperarla. Otra ventaja es que pueden decidir qué hacer con los excedentes:  abaratar el recibo de la luz u otros proyectos que interesen a la comunidad.

Cuando colabora el ayuntamiento en la Comunidad Energética, se crea una estructura interesante, que puede servirnos en un futuro para afrontar en colectividad otras crisis que se avecinan, como escasez de agua, alimentos, etc. De esta manera, nadie se sentirá aislado.

Pero estas iniciativas son escasas. En la actualidad la mayoría de los tejados de nuestras ciudades siguen sin placas solares. ¿A qué esperan nuestros representantes? ¿Cuándo van a proponer un plan de transición energética que favorezca a la ciudadanía?

Paneles solares. Foto: David Aguilar Sánchez

Las grandes empresas, al contrario, no pierden el tiempo. Desde su aprobación en la Comunidad Europea sabían que, si el autoconsumo de energía renovable se generalizaba, perderían un trozo importante del pastel del mercado, que antes era al completo de ellas. Acostumbradas a ganar cifras astronómicas, no pueden permitirse bajar sus ganancias.  

Dispuestas a ganar la cuota de mercado que les corresponde a los ciudadanos/as, se han lanzado a producir electricidad a gran escala, ocupando grandes superficies con gigantescos molinos eólicos y campos enormes de placas solares.

El modelo que siguen es el mismo de antes: obtener el máximo beneficio. No les importa que mueran aves entre las aspas o que desaparezca el hábitat de los animales; y tampoco les importa dejar a gente fuera sufriendo pobreza energética ni destruir la economía local.

En Asturias se promocionó el turismo rural. ¿Quién va a venir de vacaciones a lugares cercanos a molinos con los ruidos y destellos de luz de sus aspas? Los habitantes ya lo sufren todos los días, y ven con preocupación como el aceite que pierden las aspas de los molinos se filtra en la tierra y en los acuíferos.

Lo más racional habría sido instalar placas solares y luego completar la necesidad de energía de otra forma, como utilizar algún molino en nuestros montes, pero unos pocos. En la actualidad existen nuevas propuestas en el mercado, por ejemplo, pequeños molinos sin aspas a la vista.

Si hubiera sido así, nuestras ciudades estarían con los tejados repletos de placas solares, y habría unos pocos molinos en nuestros montes.

Pero se empezó al revés. Los gobiernos se dedicaron a apoyar a las grandes empresas y les dieron facilidades económicas.  Ahora, en la próxima ley de Calidad Ambiental de Asturias, pretenden agilizar los trámites saltándose normas necesarias y dejando de supervisar correctamente los impactos ambientales. 

¿Por qué? ¿Es ignorancia? ¿Es que nuestros representantes no conocen las normativas y recomendaciones europeas?  

La respuesta es no. Ya había experiencias en el mundo que se podían haber trasladado a nuestro país. La cuestión es que las grandes empresas han conseguido que sus miembros aparezcan en la lista de los partidos y ocupen cargos en los gobiernos para que les abran el camino.  Aparte, ofrecen altos puestos en sus empresas a los representantes políticos cuando acaban su mandato. Asimismo, suben los precios y provocan crisis desestabilizando el país.

La ciudadanía tiene que usar su poder, no dejarlo solo a las instituciones. Lo más urgente es parar los macroproyectos eólicos que amenazan nuestro entorno. Esto se hace a través de alegaciones, firmas y otras acciones que proponen las plataformas del Occidente.

A la vez, los ciudadanos/as pueden ir construyendo otras alternativas: ser promotores de Comunidades Energéticas Locales de energía renovable, unirse a alguna ya creada o invertir en ello. También, en colaboración con los ayuntamientos, pueden extender este sistema lo más posible, sin dejar a nadie fuera, haciendo realidad el derecho al acceso a la energía de todos los ciudadanos/as del mundo.[3]

Si dejamos de lado la desmotivación, juntos podemos devolver el poder y la energía a la gente.[4]


[1] “Colapso del autoconsumo solar en Asturias: esperas de hasta nueve meses para conectar paneles ya instalados”. Firmado por E. G. Bandera, 24 de agosto de 2022. https://www.lavozdeasturias.es/noticia/asturias/2022/08/23/colapso-autoconsumosolar-asturias-esperas-9-meses-conectar-paneles-instalados/00031661255899193669273.htm.

[2] https://rioslivresgeota.org/wp-content/uploads/2016/09/2012IAIA_DamsNotSustainable.pdf

[3] Vídeo titulado “ We the Power”: https://www.youtube.com/watch?v=75A9WGxoUn8&t=1273s

[4] idem

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