Creando una red de vida para niñas y niños: los caminos y entornos escolares seguros

El rol de “padre/madre taxi” es un error porque se educa a los menores para ser pasivos y no poder valerse por sí mismos.

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Carlos Rodríguez
Carlos Rodríguez
Fundador y coordinador de 30 Días en Bici. Consultor de movilidad. Biciudadano, juntaletras y cuentafrijoles.

Es en la escuela y su entorno (junto con el hogar) donde más tiempo pasan los niños y niñas. Los entornos escolares son espacios urbanos cruciales para asegurar su salud, bienestar, desarrollo físico, el desarrollo de su cerebro y la maduración de habilidades psicológicas y de aprendizaje básicas. Por tanto, nos urge como sociedad considerar y convertir los entornos escolares en áreas de protección de la salud de la infancia.

Nuestro modelo de planificación urbana, centrado en una densa edificación, y el obsoleto modelo de movilidad, que ha generado un espacio público de ínfima calidad entregado al tráfico rodado y al aparcamiento, determinan que el entorno físico de la mayoría de los centros educativos urbanos sea poco habitable (y menos aún seguro y saludable) “asediados” por los edificios circundantes y amenazados por el tráfico rodado.

“Nos urge como sociedad considerar y convertir los entornos escolares en áreas de protección de la salud de la infancia”

Así, los proyectos de Caminos y Entornos Escolares Seguros apuntan a una ineludible transformación urbana para mejorar la salud, la autonomía y el desarrollo evolutivo de los niños y las niñas, además de la seguridad vial y la calidad del aire en el entorno escolar para el beneficio de toda la comunidad educativa.

Los expertos nos alertan ya de una generación de niños que tienen el síndrome del “asiento de atrás”. Ir caminando, en bici o en transporte colectivo al colegio obliga a tomar decisiones propias e interactuar con otras personas. Los niños y niñas que llegan en el coche de su padre a clase, permanecen más pasivos durante la jornada escolar y acaban teniendo menos confianza en sí mismos.

El estudio de la Universidad de Karlstad (Alemania) también afirma que cuando los progenitores creen que su criatura no podrá ir sólo a clase porque el trayecto es complicado, está en realidad proyectando sus propios miedos y no los del menor. Eso transmite mucha inseguridad a los menores e incluso baja sus niveles de alerta en situaciones de riesgo porque están menos capacitados para detectar las señales de peligro que hay en el entorno. Así, en lugar de protegerles, se les hace más vulnerables. El rol de “padre/madre taxi” es un error porque se educa a los menores para ser pasivos y no poder valerse por sí mismos.

Foto: Alisa Guerrero

Pero, al mismo tiempo, la implantación de estos Caminos y Entornos Escolares Seguros genera innumerables beneficios que se trasladan a toda la ciudadanía y la salud pública. Para empezar, mejora la caminabilidad y ciclabilidad de los barrios para todos y todas las vecinas: la ampliación de aceras, la mejora de las vías ciclistas, las señalizaciones o la creación de pasos de peatones más seguros, son beneficiosas no solo para los estudiantes que se desplazan al colegio, sino para toda la comunidad. Estas medidas también contribuyen a reducir los atropellos y otros incidentes de tráfico.

Además, facilitan sustantivamente la accesibilidad universal para personas mayores o con dificultades de movilidad. La creación de pasos de peatones seguros, la eliminación de barreras arquitectónicas (como aceras en mal estado, bordillos insalvables, etc.) o la eliminación de obstáculos a la visibilidad, facilitan la movilidad de estas personas y les permiten desplazarse con mayor autonomía mejorando sus condiciones de desenvolvimiento social, salud y bienestar personal.

Finalmente, pero no lo último, la implantación de Caminos y Entornos Escolares Seguros se traduce directamente en una fuerte reducción de la contaminación acústica y ambiental en el entorno escolar y zonas circundantes por la reducción del tráfico vehicular irracional, con su consecuente ahorro energético.

¿Cómo creamos Caminos y Entornos Escolares Seguros?

En primer lugar, empecemos por pensar en la infancia. Adoptemos una nueva mirada a la ciudad desde una altura de 100 a 150 centímetros, la altura a la que viven los niños y niñas en edad escolar. Nuestra perspectiva desde la estatura de una persona adulta no nos habla de la seguridad de un alumno de primaria. La eliminación de barreras visuales en los cruces es uno de los elementos básicos de mejora. Contenedores en las esquinas y vehículos aparcados de forma muy próxima a los pasos de cebra, reducen la visibilidad de los alumnos a la hora de cruzar un paso de cebra. Los conductores no les ven tras estas barreras y ellos y ellas se tienen que exponer fuera de la acera para hacerse visibles y poder cruzar.

“Adoptemos una nueva mirada a la ciudad desde una altura de 100 a 150 centímetros”

Ampliando las zonas de entrada y salida de los pasos y reduciendo el tiempo de paso por la calzada en los pasos de peatones se aumenta la visibilidad y la seguridad objetiva. La solución: quitar espacio a los coches para dárselo a los niños y las niñas.

Pero además de espacio hay que darles tiempo. Es necesario ampliar los tiempos en los pasos de peatones con regulación semafórica para adaptar el espacio urbano al paso infantil y así se evitar las carreras y cruces impudentes que provocan las prisas y la actitud juguetona propia de la edad.

Además de mejorar la caminabilidad los proyectos de Caminos y Entornos Escolares Seguros favorecen la movilidad ciclista a los centros. En muchos casos es necesario para dar continuidad a sus propios programas curriculares de uso de la bicicleta, para favorecer la actividad física en el exterior y el conocimiento del medio urbano con la bicicleta como vehículo. Se crean nuevos carriles bici directos con conexiones seguras a la red integrada de itinerarios ciclistas, se implementan mejoras en los trazados de las vías ciclistas existentes y se dota a los centros de amplías instalaciones de aparcamiento seguro de bicicletas.

Ahora, volvamos a los propios centros: hay que dignificar los espacios de entrada y salida con espacios amplios y verdes, con zonas de juego, encuentro y relación social para  progenitores y alumnado. En 2020, como consecuencia del COVID19, conocimos tímidas intervenciones tácticas (con pilones o bolardos, principalmente) ganando espacio a costa de plazas de aparcamiento para facilitar la distancia interpersonal. Unas actuaciones urgentes y necesarias pero que no alcanzaron a generar espacios con los niveles de confort y seguridad óptimos.

Actividad de Un Muro para las Personas en el Muro de Xixón.

Uno de los problemas recurrentes en todos los centros, es el tráfico elevado a la puerta  en horarios de entrada y salida, con velocidades inadecuadas, estacionamiento ilegal y desordenado y conflicto entre peatones y motorizados. En muchos casos, son los propios padres y madres los que generan las situaciones de peligro e incidentes con víctimas, en su afán por dejar a sus hijos en la mismísima puerta del centro. En dobles y hasta triples filas. Los Entornos Escolares Seguros desincentivan que los vehículos lleguen hasta la propia puerta, impidiendo atascos de circulación y situaciones de inseguridad, pero aseguran las necesidades especiales de desplazamiento del alumnado más lejano al centro creando otros espacios (zonas Kiss&Go) más alejados, donde se puedan apear del coche familiar con seguridad y hacer el desplazamiento final al centro a pie.

Todo junto es bien poca cosa para logar una reducción drástica de los incidentes con víctimas infantiles provocadas por la indisciplina en el aparcamiento, la acumulación excesiva de vehículos y las prisas. Para evitar esos picos de contaminación inaceptables que se respiran a la puerta de los centros y en los momentos de máxima afluencia de niños y niñas. Para desatar el potencial de aumentar los desplazamientos a pie o en bicicleta frente a los pasivos en coche.

Quizás la protección de la infancia sea considerada como uno de los bienes más elevados de esta sociedad. Pero el bienestar y la seguridad de nuestras niñas y niños flaquea y palidece cuando se enfrenta al privilegio exorbitante del coche en la ciudad. Gritemos ¡Basta ya! a las resistencias del “esto siempre ha sido así”, a los intereses comerciales particulares y egoístas, a la defensa a ultranza de los privilegios inicuos del automóvil y el inexistente derecho humano a aparcar debajo de casa. Abracemos el inaplazable cambio de paradigma urbano sin dejarnos arrastrar por los cantos de sirena de la carcundia y el falso liberalismo neorrancio. Es el momento de superar nuestra fieramente humana resistencia al cambio en nombre de un bien superior para nuestras comunidades.

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