Así es Ginkgo, el fondo suizo detrás del derribo y remodelación de la Fábrica de Gas

El proyecto presentado prevé destinar 20.225 metros cuadrados a usos residenciales y solo 500 a equipamientos cedidos al consistorio

Recomendados

Bernardo Álvarez
Bernardo Álvarez
Graduado en psicología y ahora periodista entre Asturias y Madrid. Ha publicado artículos en ABC, Atlántica XXII, FronteraD y El Ciervo.

Estos días se cumple un año desde que se hizo público que Ginkgo Advisor, un fondo de inversión con sede en Suiza, le había comprado a EDP la Fábrica de Gas de Oviedo. En el comunicado que informaba de la noticia, la empresa anunciaba que su inversión en las instalaciones superaría los 52 millones de euros, siendo el objetivo del proyecto “recuperar la fábrica de gas para la ciudad”. Para ello, se planteaban la “descontaminación del terreno, la recuperación de diversos elementos arquitectónicos en desuso, el respeto a la preservación de los valores culturales del recinto y la construcción de espacios públicos, zonas ajardinadas, viviendas y comercios”, y aseguraban no tener intención de aumentar la edificabilidad de los terrenos del complejo.

Del proyecto para la transformación del espacio se encargó el arquitecto navarro Patxi Mangado, y desde el pasado mes de enero hasta ahora han ido conociéndose los detalles del mismo. Ya a comienzos del presente año los promotores anunciaron que sus planes no se limitaban a los 12.000 metros cuadrados de la Fábrica de Gas, sino que pretendían hacerse con otros 3.300 metros cuadrados de parcelas aledañas. De ese modo, Ginkgo Advisor ha ido adquiriendo sucesivamente varios solares hasta hacerse con los números 12, 13, 15, 16 y 17 de la calle Paraíso por un precio de 1,5 millones de euros.

Tras varios meses de negociación con el Ayuntamiento, finalmente el consistorio autorizó en septiembre la ejecución de los derribos previstos por Ginkgo. El proyecto supone la destrucción de una buena parte del complejo industrial, que incluye así la Nave de Almacén y garajes de 1942 de Francisco de Casariego, el edificio de laboratorios del arquitecto García Lomas, el último tramo existente del Ferrocarril Vasco Asturiano, así como el puente y las construcciones anexas al mismo, la nave del economato, los edificios de almacenes, condensadores y depuradores de gas. Estos elementos, que no estaban explícitamente protegidos, están según la empresa en tal estado de degradación que solo cabe derribarlos.

Puerta de la Fábrica de Gas. Foto: Patrimoniu Industrial.

Una vez ejecutados estos derribos, y según ha asegurado el concejal de Planteamiento y Gestión urbanística, Nacho Cuesta, Ginkgo emprenderá “inmediatamente” la descontaminación de los suelos. En la propuesta presentada por Ginkgo al Ayuntamiento de Oviedo para el nuevo diseño de la Fábrica de Gas, la empresa ha propuesto incrementar de 11.371 a 20.225 los metros para usos residenciales, y que el número de viviendas sea de 158 en lugar de las 95 propuestas inicialmente. Además, los equipamientos en cesión al consistorio ocuparían solamente 400 metros cuadrados, cuando en el plan anterior se fijaban en 2300. El diseño del plan actual contempla la creación de dos plazas, edificios de oficinas y un aparcamiento.

Ginkgo se define como un “fondo de inversión cuya misión es comprar terrenos industriales contaminados, remediarlos, reintroducirlos en el proceso de planificación urbana y desarrollarlos en asociación con destacados promotores inmobiliarios”. El fondo se precia de ser “uno de los grandes actores en Europa que se especializa en proyectos ambientalmente complicados”. En palabras de Antonio Truan, director de Ginkgo en España y Portugal, el fondo fue “el primer vehículo de inversión europeo dedicado a la revitalización sostenible del suelo urbano”. Truan forma parte del fondo de inversión desde 2016, habiendo trabajado con anterioridad para el sector financiero e inmobiliario.

El fondo de inversión fue fundado en Ginebra en el año 2010 por iniciativa de sus tres socios directores (Bruno Farber, Guillaume Ribet, Pascal Roudier) y del grupo Edmond de Rothschild Private Equity. Según ha explicado Truan en una entrevista, “es un fondo de inversión que se crea auspiciado por la Unión Europea hace diez años para regenerar suelos muy contaminados por desarrollos industriales ya obsoletos. Se pretendía transformarlos para generar una nueva vida ambiental y social. Ahí participan la propia UE, los ministerios de economía francés y belga y fondos de inversión y de pensiones alemanes, franceses, belgas… Se empezó a actuar en París y en Bélgica, y posteriormente se expandió a países del sur de Europa como Italia y España. Lo primero que compramos fue el suelo de La Térmica en Málaga en 2017, pero ya estamos en Madrid, Barcelona, Bilbao, Palma de Mallorca…”. Desde su fundación, el fondo asegura haber gestionado más de un millón de metros cuadrados en diferentes situaciones y con distintos grados de contaminación.

Vista aérea de la antigua fábrica térmica de Málaga adquirida por Ginkgo Advisor

El director del fondo en España presume de que sus operaciones carecen de “un sentido especulativo”, y que prima en ellos “el interés social, económico y sobre todo medioambiental”: “Somos un fondo de inversión con una seguridad y una sanidad financiera absoluta. No tenemos una deuda asociada a los proyectos. No somos un promotor al uso”.

Su primera operación en España fue la adquisición a Endesa de su antigua central térmica en Málaga a finales de 2017. Se trata de uno de los mayores proyectos de reconversión en marcha en España. El fondo de inversión, en colaboración con la empresa promotora Espacio Medina (Grupo Villar Mir), está transformando el antiguo terreno industrial en un complejo de uso mixto de casi 70.000 metros cuadrados a pocos metros de la costa que incluirá viviendas, restaurantes y tiendas, oficinas y un hotel.

El fondo ha desarrollado también un proyecto para la reconversión de un espacio logístico en el Puerto de Bilbao; y en 2021 adquirió una central eléctrica en desuso en la ciudad de Oporto.

Actualidad