“Antes las diferencias de clase se notaban: hoy ves a un tío vestido como tú y a lo mejor es banquero de inversiones”

José Manuel Prieto Carril lamenta la derrota del movimiento obrero tras toda una vida de militancia anarcosindicalista en la industria siderúrgica asturiana

Recomendados

Bernardo Álvarez
Bernardo Álvarez
Graduado en psicología y ahora periodista entre Asturias y Madrid. Ha publicado artículos en ABC, Atlántica XXII, FronteraD y El Ciervo.

Hijo de Eduardo Prieto Marcos, uno de los imprescindibles del sindicalismo gijonés durante la dictadura, José Manuel Prieto Carril (Gijón, 1950) se crio viendo reuniones clandestinas en casa y sabiendo dónde escondía su padre la propaganda que luego repartía en las fábricas de El Llano, La Calzada y El Natahoyo. Sindicalista él mismo en la industria siderúrgica asturiana, testigo de primera mano de la reconstrucción de la CNT durante la transición y su posterior descalabro, habla con amargura de la liquidación de aquel Gijón industrial y de su clase obrera organizada. Tras su jubilación, Prieto Carril ha dedicado sus esfuerzos a recoger en varios libros –“Talleres de Moreda, desfalco al Estado”, “Senda de rebeldía”, “Eduardo Prieto. Retazos de un sindicalista”- la memoria y la experiencia de una generación de militantes maltratados por la Historia: “Después de la guerra, la clandestinidad y el exilio, volvieron aquí y muriéronse de pena”.

Naciste en el año 50 aquí en Gijón

Sí, nací en El Llano y mi padre era opositor y trabajaba en la fábrica de Moreda en Gijón, en la siderurgia, y yo entré ahí de aprendiz. Los primeros recuerdos que tengo de tener alguna actividad en contra del régimen fue cuando en el 68 se constituyó lo que se llamó Comisión de Solidaridad. La Comisión de Solidaridad la constituyó la UGT, la CNT, CRAS y la USO, y era un fondo de solidaridad para los despedidos por motivos políticos o sindicales, para que las familias no pasasen necesidades. Era un fondo que gestionaban esas organizaciones y hacían aportaciones para que las familias pudiesen comer, para sacar a alguien de la cárcel o para pagar abogados. En la misma época, el PC y CCOO montaron el Comité de Solidaridad. Aquello en las empresas era un despipote, porque la gente no sabía si colaborar con la Comisión o con el Comité. Hubo una reunión y en el 68 ó 69 se constituyó lo que se llamó FUSOA, Fondo Unitario de Solidaridad Asturiana, donde estaban todas las organizaciones. Mi padre era el representante de la CNT asturiana en FUSOA. En el año 70 aproximadamente hubo una serie de reclamaciones por parte de los trabajadores de la siderurgia. Esa fue la primera militancia mía, recogiendo las aportaciones de otros compañeros para el fondo, que me lo daban a mí por ser hijo de mi padre. Tenía yo dieciocho o diecinueve años, y recientemente había acabado la maestría industrial.

¿Te marcaba ser el hijo de Prieto?

Era una persona conocida en los 60, un referente. Hablar de la CNT en Asturias era hablar de Prieto. En los cincuenta la CNT aquí había quedado destartalada. Mi padre, siendo un chaval joven, se fue a trabajar a La Felguera y allí conoció a la vieja militancia libertaria. Mi padre empezó a trabajar en un casino de la calle Corrida a los 11 años. A los 13 años entró a trabajar en una fábrica de vidrio que estaba en la manzana donde está ahora la iglesia de Begoña. Yo creo que ahí fue donde el hombre debió de adquirir el sentido de pertenencia a una clase social. En esa época, durante lo más duro del franquismo, todas las condiciones de seguridad y salubridad eran pésimas, los salarios eran paupérrimos, las jornadas agotadoras a la vera de los hornos y de los crisoles aquellos. Un chavalín de 14 ó 15 años…pues imagínate. Trabajó allí unos cinco años y marchó a trabajar a la mina. Estuvo en el pozu María Luisa y en el Fondón, pero duró poco y empezó a dedicarse a la construcción en la canalización del Piles o en la construcción de la Universidad Laboral. En La Felguera conoció a la vieja militancia felguerina y debieron de ver en él a un hombre valiente y con capacidad. Le dieron mucha información, algunos libros, le contaron lo que era la CNT, la clandestinidad…y acabó entrando de forma oficial en CNT.

¿Cuando tú naciste, tu padre ya era un militante activo?

Yo creo que mi padre empezó a militar a principios de los 60. Habrás oído hablar de la academia de la calle Cura Sama, que era la academia de José Luis García Rúa. Ahí fue donde se fundó CRAS, las Comunas Revolucionarias de Acción Socialista, siendo mi padre uno de los cuatro o cinco que estaban en esa célula. Se reunían, discutían asuntos políticos, planificaban actividades y tal. Ahí fue cuando mi padre empezó a moverse.

¿Tú ibas también por la academia?

Yo conocí a mucha gente allí ya siendo un chiquillo. Y acuérdome de ver a Rúa en mi casa, que iba a reunirse con mi padre, o que venía a casa gente de La Felguera a coger propaganda, que mi padre tenía escondida en las cajas de las persianas o debajo del suelo. Levantabas un listón de madera y allí lo guardaba todo, pero había que envolver los papeles porque si no se lo comían los ratones. Yo me acuerdo eso de muy chiquillo pero, ¿qué cojones voy a decir yo de oposición al franquismo si tenía que ir al colegio y cantar el Cara al Sol porque me obligaban los curas?

José Manuel Prieto Carril FOTO: David Aguilar Sánchez

En cualquier caso, sí sentías una especie de rechazo, digamos instintivo, por el tipo de educación, las diferencias de clase…

Claro, y cuando llegas a tener dieciocho o veinte años ya eres consciente de que estás en un sector social determinado y ya te manifiestas de una forma política concreta. Pero para mí la oposición real era la gente de los años cuarenta y cincuenta, que son los que sufrieron de verdad y los que fueron reprimidos de verdad. Y si que te quedabas en la calle, no encontrabas trabajo, porque te ponían en una lista negra. Eras un proscrito, tenías que marchar donde no te conociesen.

¿Tú veías el movimiento en tu casa de sindicalistas, reuniones…?

Yo acuérdome cuando a mi padre lo iban a buscar a casa, por ejemplo, antes del 1 de mayo para deternerlo. Lo cogieron las dos o tres primeras veces, luego ya escapaba porque sabia que iban a por él. Venían a buscarlo antes del 1 de mayo para que no organizase nada, y lo metían 48 ó 72 horas en el cuartelillo de la calle Cabranes, donde estaban la policía social. Sabían que mi padre era un tío que organizaba y que movilizaba, y por eso iban a por él.

¿Fuiste alguna vez a visitar a tu padre a comisaría?

No, yo nunca fui. Pero tengo las referencias de la gente que luchaba con él y que venía a avisar a mi madre y tal. Recuerdo una vez que mi padre fue a Madrid, cuando era delegado del sindicato vertical, porque no había otra cosa, como único representante de la siderometalurgia asturiana. Pues me acuerdo que fue a Madrid y vino para casa con una paliza de la puta su madre por defender allí a unos compañeros en una asamblea sindical. Él defendió su postura en contra de las jerarquías y fueron a por él para meterle una paliza. Ver llegar a tu padre con la cara morada también te forma. Pues en la fábrica lo mismo, porque empiezas ya muy jovencín. Ahora la gente estudia y está formada, pero en los cincuenta ser un simple maestro industrial era la de Dios entre la clase trabajadora. Yo fui representante de los trabajadores de Talleres de Moreda y de trefilerías. Hicimos una vez una asamblea conjunta, y ahí los que dominaban mucho eran el Partido Comunista en la clandestinidad. El PC estaba muy implantado, sobre todo en asociaciones de vecinos y culturales. La UGT ni existía y la CNT apenas. Pero hubo entonces una serie de gente que yo recuerdo con simpatía y cariño, gente joven con capacidad para montar secciones sindicales potentes de CNT. En Talleres de Moreda éramos casi 500 trabajadores. CCOO tenía ciento y pico afiliados y en CNT estábamos en ochenta y pico, mientras que UGT tenía catorce o quince. La CNT en los años 70 tenía una implantación muy buena aquí en Gijón. Hubo una manifestación el 1 de mayo del 78, solo de la CNT, que estaba abarrotada de banderas y secciones sindicales. Vaya ilusión pero, ¿en qué quedó? En nada. Porque no era solo la gente afiliada y que cotizaba, sino también la enorme simpatía social. La verdad, fue algo muy ilusionante. Éramos gente joven, formada, muy batalladora…y éramos diferentes.

“Aquello ilusión por el resurgir de la CNT en la transición quedó en nada”

¿Y qué sucedió?

El problema ye que en la CNT eso de la libertad entiéndese mal. Eso era algo folclórico: todo era anti no sé qué o anti no sé cuánto. Pero resulta que organización no se hacía. Organizarse en las fábricas con compañeros de trabajo, dar charlas, educar a la gente…así se hace organización. Y siendo responsable con las decisiones que se tomen en las asambleas y no hacer yo lo que me salga de los cojones porque soy anarquista. No, tú yes un mamón.

¿Había una corriente más cultural, hippie, sesenta y ochista, que chocaba con un planteamiento más obrero?

Exactamente. Eso es lo que le faltó a la CNT.

¿Y eso se notaba aquí en Asturias?

Notábase muchísimo. Había gente con un pasotismo terrible. Mira, cuando hicimos el primer mitin que se hizo en Gijón, que fue un homenaje a Eleuterio Quintanilla, hubo gente que dedicóse a robar las bombillas que poníamos en las fiestas o a colarse en el cementerio para cagar encima de les tumbes. Pero, chaval, ¿tú sabes lo que estás haciendo, y en nombre de qué? Esto es una organización que se llama CNT, y tú aquí vienes a desprestigiar a la CNT. Pero eso no era la militancia de la CNT, era incluso gente a la que le interesaba que desapareciese la CNT. La CNT, cuando era una organización seria, solía tener cuadros con la suficiente capacidad y conocimiento para saber lo que tenía que hacer. Aquí estaban Avelino González Mallada o el propio Quintanilla, gente con peso y no estos mamones de los años setenta.

¿Esa gente sabía quién era Eleuterio Quintanilla o Aquilino Moral?

La mayoría no sabía nada. Se habían acercado al anarcosindicalismo o al anarquismo porque sonaba muy bien y ellos creían ser revolucionarios porque se decían anarquistas. El anarquismo es organización y es responsabilidad, no hacer lo que te salga de los cojones.

¿Crees que era una cuestión de brecha generacional?

Siempre se dice eso, pero yo tenía veintitantos años y nunca choqué con la gente mayor. Todo lo contrario. Yo escuchaba a la gente mayor porque eran los que sabían de verdad. ¿Cómo vas a explicar tú nada de una organización a un tío que llevaba cuarenta años en la organización, como Ramón Álvarez Palomo? Aprende de ellos, sé humilde. Oye, tú puedes discrepar y se lo dices. Aquí había mucha gente mayor venida del exilio de la que incluso se despreciaba un poco su experiencia. Gente que había una guerra, que había vivido la clandestinidad, que había marchado al exilio. Yo siempre tuve mucho respeto por esa gente y por eso aprendí de ellos.

José Manuel Prieto Carril FOTO: David Aguilar Sánchez

¿Estuviste en el mitin de CNT de San Sebastián de los Reyes?

Sí, en el año 77. Aquello fue acojonante. Fue una demostración de fuerza, y la gente respondió a esa llamada. Era una cosa que ilusionaba. Decías “joder, pues somos algo, ¿no?”. No como ahora, que no somos nada.

¿Cuánto tardas en desilusionarte?

Yo fui vicesecretario nacional en Asturias, con Ramón Álvarez Palomo como secretario general. Tenía experiencia laboral, porque llevaba desde muy jovencín trabajando, y vivía la realidad de las fábricas. Yo conocía a estudiantes que, madre mía, parecían Bakunin. Pero en cuanto acabaron la carrera, desaparecieron. Resulta que eran los más revolucionarios y no respetaban a los mayores, que llevaban décadas en la organización. Esos del sindicato de estudiantes eran cuatro manzanillos que no tenían ni puta idea.

Aparte de los problemas internos, ¿influyó en todo eso el ambiente de presión policial, ataques mediáticos, el caso Scala…?

Sí, sí, el caso Scala fue un palo terrible. A la militancia real, la que conoce la organización, quizás le afectó menos, pero a nivel popular sí se notó mucho. Yo acuérdome que en la fábrica, por ejemplo, en la sección mía, éramos ochenta y pico tíos, y con lo de Scala bajó. Claro, la gente coge miedo si andan diciendo que esos son terroristas y tal. Está archidemostrado que el caso Scala fue un complot de la policía.

¿Eran corrientes las infiltraciones policiales?

Sí, sí, eso de siempre. Pero mira, por eso digo yo que los verdaderos opositores son los de los 40 y 50, porque ahí sí que había infiltración política en las empresas. Había gente que se estaba chivando continuamente y el que se movía un poco, como mi padre, estaba señalado. En esa época, hasta en las empresas pequeñas podía haber un chivato de Falange, y en las grandes había directamente policías trabajando.

Tu padre figuró en una de esas listas negras y fue despedido por su actividad sindical

Mi padre fue desposeído de todos sus cargos como representante sindical durante la dictadura, pero él seguía representando a la gente. Mi padre tenía un concepto de ser representante que implica que, cuando acabas de discutir y analizar, tienes que incorporarte a tu puesto de trabajo con el resto de compañeros. Mi padre no estaba de acuerdo con que se fuese al comité de empresa por la mañana a fumar, a tomar café y a hablar del Sporting, y luego marchar para casa. Mi padre era la mosca cojonera con ese tema, y eso tenía buena aceptación entre los trabajadores, pero a los compañeros del comité les estás jodiendo la marrana. Mi padre hizo un escrito pidiendo la renuncia del comité de empresa de la fábrica de Moreda, y tenían sobre 1800 firmas de 2000 y poco que había en la empresa. En ese momento, llega una carta de despido para mi padre y otro compañero. Se inicia un proceso de huelgas y manifestaciones que se extendió durante más de dos meses por todo Asturias. Hubo paros de solidaridad, de entre una y ocho horas, en muchas empresas. La fábrica de Moreda, evidentemente, para totalmente. Hubo ocho nuevos despidos y cartas de suspensión y sueldo para la mayoría de los trabajadores. Fueron 72 días de manifestaciones prácticamente diarias. Al final, después de todo eso, la empresa readmitió a todos…menos a Prieto.

¿Y cómo se llevaban esos tiempos en la familia sin empleo y sin salario?

Mi padre, lógicamente, cuando quedó en la calle tuvo que buscarse la vida y se dedicó a pintar y así fue tirando. Luego, en el año 79, los sindicatos empezaron a hacer la reclamación de los despedidos por motivos políticos y en todas las empresas hubo una campaña muy fuerte, y mi padre tuvo la suerte de que lo volviesen a admitir en ENSIDESA, de donde había sido injustamente despedido. Le readmitieron pero sin reconocerle todas las categorías que tenía y tuvo que entrar como peón otra vez, pero con la cabeza bien alta.

“El movimiento obrero ha sido totalmente derrotado”

¿Recuerdas la huelga de la construcción asturiana, en el 77?

Claro, fue una huelga muy importante en Asturias y la CNT tuvo un papel preponderante. El sindicato de la construcción en la CNT de Oviedo llegó a tener más de 400 afiliados. Dos años después, en el 79, no llegaba a veinte. ¿Eso qué demuestra? Que la CNT estaba integrada por gente que no tenía ni puta idea de lo que era el anarcosindicalismo. Mira, no sé si tú habrás oído hablar de una violación a una chavala que era deficiente mental…

Ni idea, no

Bueno, pues eso lo hicieron unos militantes de la CNT de Oviedo cuando la huelga de la construcción. Si eso pasa en una organización, lo primero que tiene que hacer la representación máxima del sindicato es poner a esos tíos en la puta calle de inmediato. Bueno, pues lo que hizo el comité de Oviedo fue decir que bueno, que estos eran gente del lumpenproletariado y que había que entenderlos, porque son gente represaliada por el sistema…La coletilla de siempre. Todos somos represaliados por el sistema, pero a nadie se nos ocurre coger a una deficiente mental y violarla. Y todos somos represaliados por el sistema, pero a nadie se nos ocurre venir a esta cafetería por la noche, romper la luna y entrar a robar. Eso no ye ser un opositor de nada, eso ye ser un hijo de puta, y punto. Pues todo eso que pasó y que salió en las teles y en la prensa lo ve la gente de las fábricas y los afiliados bajan continuamente. Eso ye lo que pasaba en la CNT.

¿Tu barrio, El Llano, estaba muy marcado por la cultura sindical y el movimiento obrero?

Claro, ten en cuenta que El Llano, La Calzada y El Natahoyo son barrios eminentemente obreros, y era donde estaba el núcleo de las empresas de Gijón. Si te metías aquí por el centro sí había administrativos y tal. Antiguamente esas diferencias entre obreros y trabajadores de cuello blanco se notaban. Hoy, no. Hoy ves en el autobús a un tío vestido así como vamos nosotros y a lo mejor es banquero de inversiones.

¿Cómo eran las condiciones de vida de la clase trabajadora en esos años finales del franquismo?

Joder, pues en ciertos aspectos ye cierto que con Franco vivíamos mejor. Hoy un trabajador con 30 años tiene dificultades para encontrar un piso. Cuando yo decidí comprar un piso porque tenía un pequeño remanente como entrada, y pagando hasta un 17% de interés, pude tenerlo pagado en diez años. Tener una vivienda es fundamental para una familia. El único trabajo que hay por ahí ahora es precario, y en aquella época tampoco pasaba eso. Cierto ye que las circunstancias sociales son diferentes, pero tú trabajabes en una empresa y tenías un salario curioso.

¿La vida era más segura, con más certidumbres, para el trabajador?

Mucho más, sí. El trabajador podía hacer un proyecto de vida que hoy no puede. Yo voy al gimnasio todos los días y hablo con los chavales y veo con treinta y pico años no tienen trabajo todavía. Eso ye descorazonador. En aquella época, y obviamente no era gracias a Franco, sino por la situación económica general o lo que fuese, tuvimos suerte y nos aprovechamos de ella. No teníamos los problemas que tienen hoy

¿Tiene algo que ver en eso la pérdida de peso y protagonismo de los sindicatos?

Y la prueba inequívoca la tienes en que el fascismo está subiendo en todo el mundo. La extrema derecha lo está ganando todo. En los años 70 era impensable ver a una extrema derecha como la que temenos ahora. Ahora estamos de puta pena, y yo no sé de quién es la culpa. Para mí, parte de la culpa es de la propia izquierda. La izquierda tiene que saber poner los resortes para que esto no ocurra. ¿Cómo es posible que el fascismo esté por la calle con esa valentía?

En esos años había muchos trabajadores inmigrantes en la industria asturiana, ¿verdad?

Aquí vinieron muchos andaluces, gallegos y tal. Pero bueno, es que había necesidad de ello. La industrialización de los años 60 exigía que viniese gente de afuera, y así se formó ENSIDESA. Luego pasó lo contrario. De los veintipico mil mineros, no quedó ninguno. En Gijón había cerca de 25.000 siderometalúrgicos, y ahora no debe haber más de 3.000 entre Gijón y Avilés. Lo mismo con los astilleros y el sector naval. Pasabas por allí a las 8 de la mañana y estaba lleno. Ahora no hay nada. Pasamos de ser una sociedad industrial a una sociedad de servicios y todo son cafeterías, comercios y pijaes, pero industria no hay.

Aquilino Moral, segundo por la izquierda, en el homenaje a Eleuterio Quintanilla Prieto en el cine San Pedro, Xixón, junio de 1978.

¿Cómo valoras la evolución del anarcosindicalismo desde la transición?

Ya desde la escisión la organización entera se echó a perder. Ahora la CNT son cuatro mataos. Hace poco fui a La Felguera, que me invitaron a dar una charla, y aquello da pena. Y te hablo de la CGT también, que en Asturias es un desastre. A nivel nacional sí que hay ciertos sectores en los que tiene cierta implantación, pero no somos nada. Contra el sindicalismo del sistema es muy difícil luchar porque estamos muy divididos y atomizados. No hay una fuerza común que vaya contra Comisiones y UGT por ser unos vendidos. Solo hacemos gilipolleces.

¿Crees que el movimiento obrero ha sido derrotado?

Sí, totalmente. Mira la fuerza que tenía antes el movimiento obrero, que imponía a los políticos. Y no te hablo de los años 30, sino de cuando yo era joven. La prueba la tienes en el sindicato minero, que imponía a los políticos a nivel nacional. Y eso que era el sindicato de UGT apoyado por el PSOE. Imagínate lo que podría hacer un sindicato alternativo con fuerza. Es la única forma de obligar a hacer leyes, con la fuerza en la calle. Ahora no hay ni manifestaciones, es todo folclorismo.

Veo que eres pesimista

Muy pesimista. Mira, yo cuando me jubilé dediquéme a escribir sobre gente que yo conocí y a la que considero muy valiosa. Esa gente que sufrió la guerra, la clandestinidad y el exilio, y que luego vinieron aquí y vieron todo esto y muriéronse en la pena. Tuve la fortuna de tener acceso a la documentación, y tengo una biblioteca enorme, con más de 2.500 títulos en mi casa. Junté mis libros con los que heredé de mi padre, pero no sé qué haré con esa biblioteca porque los mis fíos no quieren nada, son unos pasotas, pero allá ellos. Ye lo que hay, para que veas lo que cambian las generaciones.

Supongo que tu padre, pese a ser de una familia pobre, hizo un esfuerzo muy grande para culturizarse y formar una biblioteca, que era algo muy importante para el movimiento obrero de su época

Mi padre no había a la escuela nunca, pero yo siempre vi a mi padre comprando librinos, ávido de lecturas, escuchando Radio Pirenaica en casa en la clandestinidad, que había que tener mucho cuidado porque podía traerte problemas. Todas esas vivencias que tuve yo mis fíos no las tienen. Mis fíos vivieron de puta madre, lo tuvieron todo. Yo acuérdome que cada poco íbamos a Gesto y ahí venía gente muy importante a dar conferencias. Yo allí aprendí de Platón, de Aristóteles, de Epicuro y la virgen. Con Rúa, por ejemplo, con quien yo tuve discrepancias, pero fue un opositor, estuvo represaliado y tenía una gran formación. Pero luego muy pronto empezó a dominar el sindicalismo apoyado por el sistema. Comisiones y UGT eran entonces la correa de transmisión del sistema, y así sigue siendo.

Este contenido cuenta con el patrocinio de la Dirección General de Memoria Democrática de la Consejería de Ordenación del Territorio, Vivienda y Derechos Ciudadanos del Gobierno de Asturias.

Actualidad

spot_img