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Opinión

¡Zapoi! Un obituario

“Ha muerto Rafael Berrio, ha muerto Luis Eduardo Aute, ha muerto Cristo y ha resucitado… Y ha muerto Limónov”

Foto: Samuel Fonseca.

En las últimas semanas ha muerto mucha gente. Más de la habitual, que ya es decir. Han muerto abuelos, padres, madres, hijos y amados nietos. Han muerto obreros, artistas, santos y pecadores. Ha muerto Rafael Berrio, ha muerto Luis Eduardo Aute, ha muerto Cristo y ha resucitado… Y ha muerto Limónov.

El dolor, como el amor, debe concentrarse en una persona para ser sincero (y por ello, brutal), así que permítanme que concentre mi atención en Eduard Veniaminovich Savenko (Alias Limónov) no sin antes desear una buena muerte a todos los pasados, presentes y futuros; una muerte reveladora, justa y fértil.

Yo conocí a Limónov gracias al libro de Emmanuel Carrère sobre su vida, obra y milagros. Bueno, para ser sincero, conocí a Limónov en un bar, como debe ser. Yo estaba borracho pero me ganaban mis compañeros, unos conocidos habitantes de esa gloriosa noche gijonesa que hace muchos, muchos años, se convirtió en leyenda. Al calor de las copas (qué baratas eran), y de las visitas al escusado, la conversación nos fue llevando más allá del bien y del mal, del vicio y la virtud. Y claro, llegamos a Limónov.

“Yo estaba borracho pero me ganaban mis compañeros, unos conocidos habitantes de esa gloriosa noche gijonesa que hace muchos se convirtió en leyenda”

Juzgar la vida de este hombre no es mi tarea, y tampoco es narrarla, ya lo hizo con maestría Emmanuel Carrère. Yo simplemente diré que la figura de Limònov significó para mí una oportunidad para la valentía, una oportunidad para la libertad, quizás la última. La distancia irónica que mantuvo con sus semejantes fue garantía de un espíritu libre, condición indispensable de toda aventura. La decisión de tirarse al monte cuando fue necesario, aprender a disparar y hacerlo, también. Curar el mal de amores que le produjo su traidora esposa metiéndose a chapero neoyorkino, también es libertad de espíritu. Fundar el Partido Nazional-Bolchevique de Rusia fusionando la bandera Nazi y la soviética, y además crear algo que tiene sentido, también es una inequívoca señal de libérrima galantería.

La conclusión es que todas esas libertades molestarán a unos u otros. Siempre ha sido así y siempre lo será. Sobre todo ahora, que la vida moderna es como una cruz (y revela sus verdaderas fauces). La conclusión es que las molestias hieren, las heridas sangran, y la sangre alimenta. La conclusión es que a las personas se las entierra para que crezcan flores sobre sus tumbas. No para ocultar su molesta putrefacción, sino para darle sentido.

Cuando Limónov era joven y se adentraba en la boca de la poesía, tenía la costumbre de hacerse un zapoi, una especie de borrachera errática en la que uno se tiene que mamar para después ir pillando trenes rusos sin sentido y despejarse de la moña en un lugar desconocido. Esa costumbre le será muy útil en este momento.

El hombre ha muerto.

¡Viva el hombre!

Pablo Und Destruktion
Escrito por

Es cantante y escritor. Su último disco es "Futuros Valores". Su primera novela, "La Bestia Colmena". Tiene una prótesis de titanio, nueve tornillos clavados de lado a lado en su brazo que cuando cambia el tiempo le provocan serias incomodidades.

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