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Opinión

La vuelta a las aulas y la táctica del avestruz.

Debemos evitar una guerra entre profesorado y familias trabajadoras sobre la reapertura de los centros de enseñanza.

Foto: Pablo Lorenzana.

Durante las últimas semanas se ha polarizado el debate educativo sobre la vuelta o no a las aulas el próximo día 25 de mayo o en septiembre. Esta polarización responde a los intereses de una Administración que pretende una salida a coste cero de la crisis sanitaria en el ámbito educativo y, a la vez, dar una solución ante la creciente presión social para que abran las escuelas.
De otro lado, operan las organizaciones sindicales corporativas y afines al Gobierno Autonómico, siempre dispuestas a sacar las castañas del fuego a cambio de soluciones a su particular qué hay de lo mío. Estas organizaciones han intensificado la ofensiva: no, no y no y mil veces no, no queremos volver a las aulas. Volvemos en septiembre. Pero de medidas concretas, de cómo articular una vuelta segura a las aulas, aún no han realizado ni una sola propuesta.
Las demandas sindicales corporativistas se complementan con la posición del Ministerio y de las Comunidades Autónomas que plantean una enseñanza semipresencial con clases telemáticas para el próximo curso. Es decir, una solución que no precisa grandes desembolsos en el ámbito educativo. O lo que es lo mismo, mantener la pírrica inversión en educación, en términos de gasto público, heredada del gobierno de Mariano Rajoy.
Pero esta estrategia es muy peligrosa. La solución no es plantear quedarnos en casa sin más mientras se reactiva el conjunto de la economía. Eso es la táctica del avestruz y no suele dar buenos resultados.
En cambio, tenemos mucho que hacer para preparar la vuelta a las aulas y es fundamental tomar en serio la prevención de riesgos y la seguridad en el trabajo, porque esa vuelta se va a producir antes o después.

La vuelta a las aulas ha de producirse teniendo en cuenta criterios epidemiológicos y sanitarios que avalen tal decisión y no apresuradamente fruto de la presión social. Hasta entonces debemos demandar, exigir, proponer y conseguir que se aprueben protocolos de seguridad eficaces porque, de lo contrario, en cualquier momento que surja un rebrote, volverán los problemas. Una vez aprobados, si un centro incumple tales protocolos, los Comités de Seguridad y Prevención pueden poner en marcha las medidas que recoge la Ley de Prevención de Riesgos Laborales para hacer cumplir los procedimientos establecidos.
Lógicamente, el sector de la educación infantil y la educación especial, deben ser tratados de modo diferenciado atendiendo a sus dificultades específicas y no ha de procederse a reiniciar la actividad docente en estas etapas, al menos por el momento y, mucho menos, cuando el único aval con el que cuenta tal propuesta es una extraña concepción de la conciliación de la vida familiar y laboral que no pasa por aumentar el tiempo que las familias pasan con sus hijos e hijas, que es en lo que debería consistir, sino en lo contrario. Una conciliación que, en todo caso, deberían asegurar y ha de exigirse a las empresas y no a la escuela.
Algunos ejemplos de medidas que CCOO ha propuesto y que deberían ser incluidas en los planes de prevención y seguridad con carácter previo a una hipotética vuelta a las aulas son grupos reducidos, protocolos de llegada al centro, recreo y salida escalonadas, medidas y equipos de protección individual, protocolos de desinfección de los espacios y equipos de uso compartido, intensificación de las medidas de higiene (más personal de limpieza), jabón, papel de manos e hidrogel desinfectante en
cantidades adecuadas y en todos los espacios que se requiera desde la perspectiva preventiva, división del centro en varios circuitos de profesorado y alumnado que no se encuentran en toda la jornada, no comparten espacios y entran y salen en horarios diferentes (como hace el personal sanitario en los hospitales).
Se puede entender la negativa a volver a las aulas, porque la reacción inicial es pensar que vamos a volver como si fuera 16 de marzo: con masificación, sin jabón en los baños, sin mascarillas y guantes, sin formación en prevención del contagio, sin instrucciones y protocolos de seguridad… pero negarse sin más no es la solución, entre otras cosas porque un día, quien tiene la competencia para decidirlo, va a firmar una orden y todas y todos tendremos que presentarnos en nuestros puestos de trabajo en el momento que determinen. No se debe utilizar el miedo que todas y todos sentimos, no sólo cuando pensamos en la vuelta a las aulas, sino también al salir a la calle, al entrar en el supermercado o pensando en el fortuito estornudo que podría afectarnos mientras hacemos cola o nos cruzamos con gente por la calle.
Pero a nosotros y nosotras, que nadie nos espere tratando de construir una posición colectiva contra la vuelta a las aulas camuflando una posición individual, que esconde ese miedo que todas y todos sentimos. Quienes asumen esa postura fácil, acaban intentando vestir de posición de clase lo que en realidad es -en el mejor de los casos- una posición corporativa y, a la vez, ponen a los trabajadores y trabajadoras de la enseñanza a los pies de los caballos, dado que si no logramos que las reivindicaciones por la seguridad en el puesto de trabajo prosperen y cojan fuerza, el futuro no será nada halagüeño.
Contribuye más a la lucha social que se avecina poner sobre la mesa medidas concretas que garanticen la salud y la vuelta al trabajo que tarde o temprano se va a producir. Los técnicos de prevención de riesgos laborales pueden elaborar protocolos adecuados para que trabajemos de manera segura, pero si las propias personas interesadas no nos preocupamos de que sean elaborados y recojan las medidas más adecuadas para garantizar que los centros educativos sean espacios seguros, nadie lo hará.
En síntesis, a pesar de la sensibilidad que demostró el Gobierno con algunas de las medidas que se tomaron tras el inicio de esta crisis, podría tener la tentación de enfrentar esta situación sin aumentar un solo euro el gasto en educación.
Nada nos vendría peor que una guerra entre el personal docente y las familias trabajadoras, porque el profesorado saldría derrotado de inicio a pelear en esa batalla y la opinión pública nos vestiría de privilegiados utilizando todo su arsenal demagógico sobre lo poco que según ellos trabajamos, lo mucho que según ellos cobramos y nuestras, siempre según ellos, eternas vacaciones.
CCOO es el mayor sindicato del Estado y representa a los trabajadores y trabajadoras de todos los sectores. Somos conscientes de la complejidad de la situación a la que se va a enfrentar la clase trabajadora. Por ello, no vamos a caer en esa trampa, porque sabemos que los intereses del profesorado no son contrarios ni distintos a los del resto de la clase trabajadora. El antagonismo es con quiénes pretenden salir de esta crisis mediante las mismas recetas con las que empobrecieron a las clases populares y degradaron los servicios públicos tras el inicio de la crisis de 2008.

Borja Llorente
Escrito por

Borja Llorente. Licenciado en Pedagogía. Profesor Técnico de Servicios a la Comunidad en el IES Llanes. S. Gral Sindicato de Enseñanza de CCOO Asturias.

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