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Opinión

Fondos europeos para una transición muy poco justa

Alemania, Polonia y las compañías gasísticas ganan en un acuerdo con mucho de ‘marketing verde’ y poco de mejoras reales para las comarcas mineras asturianas.

Movilización de trabajadores de una subcontrata de la térmica de Lada. Foto: Iván G. Fernández.

El miércoles de la semana pasada una amplia mayoría de eurodiputados y eurodiputadas aprobaron en el Parlamento Europeo un informe sobre el Fondo de Transición Justa (FTJ que enmienda la plana al Pacto Verde Europeo, la gran “apuesta verde” de la que la Comisión Europea ha hecho su bandera para los próximos años.

Dentro de esa amplia mayoría que votó a favor del FTJ no se encontraba, sin embargo, la representación europea de Unidas Podemos, ni muchas eurodiputadas del Grupo de la Izquierda Europea, ni tampoco el Grupo Verde Europeo. ¿Cómo es posible que dos de los grupos que más han valorado, trabajado y apostado por la transición justa votaran en contra? Muy fácil: en la tramitación, el reglamento ha quedado desdibujado, vaciado de objetivos y asume los intereses nacionales de unos pocos frente a las necesidades de una mayoría social.

Las claves del Reglamento

El Reglamento de Fondos de Transición Justa llegaba en un momento complejo, pero respondía a un reto inaplazable y a una presión de la sociedad civil que hacía que la Comisión Europea tuviera que ser ambiciosa y presentara un proyecto que recogiera ese guante. Una transición que llegaba marcada por los procesos de descarbonización en Europa, por una profunda crisis industrial y con el recelo de las comarcas mineras, que veían esta iniciativa como la puntilla a un proceso demasiado traumático.

El reglamento ha quedado desdibujado, vaciado de objetivos y asume los intereses nacionales de unos pocos

La propuesta de la Comisión apostaba por no financiar combustibles fósiles, avanzar hacia la neutralidad climática en 2050, vincular las ayudas al respeto al Estado de Derecho, en clara referencia al eje de Visegrado (Hungría, Polonia, República Checa y Eslovaquia) y endurecer las reglas del proceso de descarbonización.

El paso por la tramitación parlamentaria del Reglamento ha sido el campo de batalla de la geopolítica, de cómo ha desplegado sus tentáculos el poderoso lobby gasístico y la contradicción de muchos eurodiputados y eurodiputadas de votar en perspectiva nacional. Resulta además ya de por sí curioso que puede ser de las primeras ocasiones que el Parlamento Europeo empeora y rebaja una iniciativa de la Comisión.

Movilización de Asturies por el Clima. Foto: Alberto Cruz.

Un Reglamento injusto, poco ambicioso y que no protege a los trabajadores

A pesar del merchandising verde con el que han intentado vender el texto y los fondos del Pacto Verde, la realidad es bien diferente. Los mayores beneficiados del texto son Alemania -que en esto de la UE, como la banca, siempre gana- y países como Polonia, que no han asumido a día de hoy ningún tipo de compromiso con la descarbonización. Se permite financiar el gas y a las compañías gasísticas, haciendo aún más contradictorio un texto que en su origen prohibía financiar los combustibles fósiles y que la Eurocámara ha desdibujado.

Es un reglamento injusto para las comarcas mineras o industriales españolas, pues sumado al recorte de un 66% anunciado hace semanas por el Consejo Europeo (de 30.000 a 10.000 millones de euros), el informe que sale de Bruselas no contempla compromisos ni exigencias en la protección de los y las trabajadoras afectadas por cierres, ni participación democrática en los planes de transición y no permite a las empresas públicas ser receptoras de fondos para la reactivación de regiones afectadas fiándolo todo a la iniciativa privada.

Adrián Arias
Escrito por

Adrián Arias (Xixón, 1988). Abogado. Activista vecinal. Ha sido Presidente de la Federación de Asociaciones Vecinales en Xixón (2016-2020) y en la actualidad es asesor de la Delegación de IU-GUE/NGL en el Parlamento Europeo.

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