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“Indalecio Prieto debería tener un monumento en Oviedo”

El historiador Benjamín Gutiérrez Huerta dirige la Fundación Juan Muñiz Zapico de CCOO de Asturias, que este mes cumple tres décadas de existencia.

Benjamín Gutiérrez Huerta. Foto: Iván G. Fernández

Este mes la Fundación Juan Muñiz Zapico de CCOO cumple 30 años de vida. Benjamín Gutiérrez Huerta (Noreña, 1973) es su director desde 2003. Licenciado en historia, Gutiérrez proviene de una familia minera de Llaviana. Estudió en el Campus del Milán de Oviedo/Uviéu y en sus años universitarios participó activamente en el movimiento estudiantil y en las juventudes comunistas. Hoy trabaja desde su sindicato y el de su padre, minero jubilado del Pozu María Luisa, para que la memoria histórica del movimiento obrero asturiano no se pierda en tiempos de teletrabajo y digitalización. Su objetivo es unir al rigor académico la preocupación por trascender el ámbito académico y militante, con propuestas y formatos atractivos, que generen debate social. Se define a sí mismo como un “marxista ortodoxo, que no dogmático”, pero considera que la Fundación debe estar abierta a colaborar sin sectarismos con personas e instituciones de todos los colores políticos.

30 años de Fundación Juan Muñiz Zapico: ¿qué balance hace de estas tres décadas?

La Fundación nace impulsada por Emilio Huerta “Triqui” después de la creación de la Fundación 1 de Mayo por parte de CCOO a nivel confederal. La idea es que ese modelo se extendiera a nivel autonómico, aunque no en todas partes pasó. La fundación existió durante un tiempo más en los papeles que en la realidad, pero es con Rubén Vega como director y Francisco Prado Alberdi como presidente con quienes la Fundación empieza a tener actividad y mucho nivel en sus producciones. De ahí salen los libros, la exposición y los actos sobre las Huelgas del 62 o la exposición sobre la Transición en Asturias. Desde entonces hemos tratado de seguir con esa estela de trabajos como el reciente libro de Benigno Delmiro Coto sobre el asociacionismo cultural antifranquista en Asturias. También llevamos 17 años celebrando el concurso de relatos mineros, que lleva el nombre de un histórico dirigente de CCOO, Manuel Nevado, y en el que participa gente de todo el mundo. Creamos en 2014 la Ruta de la Revolución del 34 en Oviedo, que tiene todos los años un éxito enorme en la Noche Blanca de la ciudad, y ahora estamos preparando otra Ruta sobre la Guerra Civil en Oviedo. También estamos trabajando en materiales audiovisuales para institutos sobre lugares de Gijón relacionados con la historia industrial y del movimiento obrero. Es probable que hoy día mucha gente del barrio de Moreda no sepa que el lugar donde vive se llama así porque allí estaba la Fábrica de Moreda.

Benjamín Gutiérrez como guía de la Ruta de la Revolución del 34 en Oviedo.

Una buena noticia es que la Ruta del 34 haya sobrevivido al cambio de gobierno en la capital asturiana

La biografía de Paco Erice sobre José Manuel Nebot, fotógrafo comunista, se presentó con un alcalde del PP, Agustín Iglesias Caunedo. El libro sobre la ruta del 34 lo prologó un alcalde socialista, Wenceslao López, y para la nueva ruta que estamos preparando sobre los escenarios bélicos de 1936-1937 buscaremos la colaboración del Ayuntamiento. No nos da igual quién gobierne, pero más allá de nuestras preferencias cuidamos las relaciones instituciones con independencia del partido que esté en el poder. La Fundación quiere aportar a la sociedad y para eso no se puede ser sectario ni partidista. Invitamos a gente de todo tipo a colaborar con la fundación, y muchas veces se sorprenden por el enfoque tan abierto que manejamos.

También está la parte dedicada a economía y a analizar el presente

Sí, ahora estamos trabajando en proyectos sobre el futuro de las cuencas. Hicimos unas jornadas hace poco con expertos y queremos publicar un resumen. Este otoño también es el 30 aniversario de la ley asturiana del salario social, en la que CCOO tuvo mucho que ver, y queremos hacer balance y propuestas. Somos más conocidos quizá por la parte histórica de la Fundación, pero la memoria es solo una parte de nuestros objetivos.

¿Han faltado más propuestas de futuro en el sindicalismo asturiano? A veces tengo la sensación de que se llega tremendamente tarde a debates como el del ecologismo y a cuestiones como el empleo verde

Para los sindicatos lo más inmediato siempre será defender el empleo que existe. Eso pasa en todas partes del mundo. Luego el sindicato debe buscar la diversificación. En CCOO de Asturias siempre hemos tenido un buen área de medio ambiente y gente haciendo estudios económicos y propuestas interesantes. Otra cosa es que eso sea menos conocido y llegue menos a la opinión pública.

Benjamín Gutiérrez Huerta en el Campus de Humanidades del Milán. Foto: Iván G. Fernández.

¿Falta un centro asturiano de la memoria del movimiento obrero y de la lucha antifranquista que se sume a los museos de la minería y la industria que ya tenemos?

Asturias ha tenido una política de patrimonio no muy afortunada. Desgraciadamente se destruyeron edificios industriales que perfectamente podían haberse reciclado para nuevos usos industriales. En Francia una región con nuestra historia industrial, obrera, revolucionaria, guerrillera, atraería muchísimo turismo y cuidaría muchísimo todo ese legado. Se ha destruido mucho, aunque todavía podemos salvar muchos elementos porque nuestro patrimonio es muy grande. También creo que a esa política de patrimonio industrial le ha faltado esa otra parte de contar la historia humana. Está muy bien que se conserve una chimenea, pero hace falta hablar de quiénes trabajaban en torno a ella, cómo vivían, cómo se organizaban… Se llega tarde pero por fin se están haciendo cosas. Creo que con el nuevo Gobierno de Adrián Barbón y con Begoña Serrano en la dirección general de memoria democrática hay otra actitud y otra sensibilidad.

De momento el PSOE sigue en sus trece con los planes para derribar las baterías de cock de la antigua ENSIDESA Avilés. Por ahí no se ve mucho cambio.

Hay que respetar esas baterías dándoles un futuro, un valor cultural y económico. El Ayuntamiento de Avilés debería ir por ahí.

¿Qué hacemos con La Vega?

Hay una idea muy equivocada sobre el pasado de Oviedo. En los años 30 era una ciudad socialista, con importantes fábricas y barrios obreros. Por eso no se puede entender Oviedo sin La Vega. Ahora estamos trabajando con José García, profesor del IES Aramo, en otra cuestión muy interesante sobre la historia de Oviedo, que fue el turismo nacional e internacional de guerra para conocer las ruinas de la ciudad. El Gobierno de Burgos puso incluso dinero para financiar este turismo que atrajo a fascistas de toda Europa para ver los horrores cometidos por los rojos. Llegó a haber incluso un proyecto de museo que con la derrota de Alemania e Italia en la Segunda Guerra Mundial se paralizó.

El director de la Fundación Muñiz Zapico. Foto: Iván G. Fernández

Canteli sigue sin retirar las placas franquistas, y ahora hasta parece que un juez le da la razón

No tiene sentido esa resistencia a retirar calles de asesinos en Oviedo. Hay un problema de educación gravísimo en este país.

Ahora VOX se viene arriba y quiere quitarle la calle a Indalecio Prieto en su ciudad natal

Es la venganza de las derechas contra el Gobierno por la Ley de Memoria Histórica y por sacar a Franco del Valle de los Caídos. El informe de los historiadores sobre la retirada de las calles a Prieto y Largo Caballero es encomiable. No se puede igualar a gente que luchó por el acceso universal a la sanidad y la educación y por la mejora de las condiciones de vida de las clases populares con fascistas y reaccionarios. Prieto bien mercería una estatua en Oviedo. Sigue siendo poco conocido en su ciudad. Hay que explicar mucho más.

¿Las políticas de memoria democrática no han insistido demasiado en lo negativo, en el borrado?

El borrado no se puede hacer sin una explicación. Hay que dar pasos más allá de la eliminación de los símbolos franquistas. Hace falta más pedagogía, explicar por qué se hace, que por ejemplo cuando se retira un símbolo dedicado a los caídos del bando franquista no es algo que vaya contra ellos como seres humanos concretos, sino contra el régimen. Me parece digno de elogio por ejemplo que el Ayuntamiento de Grao convoque ahora una beca de investigación sobre la memoria histórica del concejo.

¿De quién podemos aprender a nivel internacional en políticas de memoria?

Sudáfrica es un ejemplo interesante y poco conocido. Todo el mundo daba por hecho que con la caída del apartheid habría una guerra civil, y sin embargo se evitó. Hubo un proceso de reconciliación, pero basado en comisiones de la verdad, donde se dieron a conocer y se sentaron todos los responsables de violaciones de los derechos humanos. Luego está el caso de Argentina, que primero importó nuestro modelo de transición, y ahora, después de cambiar radicalmente, nos está dando lecciones en materia de políticas de memoria democrática.

Diego Díaz Alonso
Escrito por

Historiador y activista social. Escribió en La Nueva España, Les Noticies, Diagonal y Atlántica XXII. Colabora en El Salto y forma parte del consejo de redacción de Nortes.

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