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“En clase no me explicaban por qué tenía vecinos que habían estado presos”

‘Vicente García Riestra, Guardián de Memoria’ es el último documental del mierense Alberto Vázquez García.

El documentalista y dibujante Alberto Vázquez.

Alberto Vázquez García se ha convertido en un especialista en el mundo del crowdfunding. Sin respaldo de la industria cultural, este ilustrador y documentalista de la cuenca minera del Caudal ha ido logrando así financiar sus diferentes proyectos destinados a la recuperación de la memoria obrera y antifascista asturiana. Viene de producir de este modo “Minas de Figareo 1978-1980”, un documental sobre una de las huelgas más salvajes de la Transición asturiana, en la que los mineros llegaron a secuestrar al patrón, abuelo del actual diputado de VOX por Asturias, y está ahora embarcado en el Verkami para terminar otro documental, este sobre la vida de Vicente García Riestra, uno de los asturianos que sobrevivió al holocausto nazi, y en el que Vázquez se abre a nuevas técnicas, como mezclar imágenes reales y animación de sus propios dibujos.

Vicente García en el la fosa común del cementerio de Uviéu, donde está enterrado su padre. Foto Pablo Lorenzana.

Nacido en algún momento indeterminado del siglo XX que no quiere revelar – “Juego a la confusión como Bob Dylan” – el polifacético artista mierense se interesó por la memoria histórica siendo todavía un crío, cuando aún ni siquiera el término “memoria histórica”, hoy tan de uso corriente, era de dominio público. Cuenta Vázquez que en la escuela y en el instituto le contaban una historia de España “en la que no me explicaban porqué algunos de mis vecinos habían estado presos”.

Trailer de “Mines de Figareo”

Cuando ya siendo un joven activista del colectivo Griesca y estudiante de la Escuela de Artes y Oficios de Uviéu se hizo insumiso al servicio militar, el tema de la represión aún le interesó más. Con 24 años, antes del boom de la memoria histórica, pero ya consciente de que aquella generación de luchadores a la que tanto admiraba no viviría eternamente, se compra una grabadora y comienza a hacer por su cuenta entrevistas en un casete. Se mete en sus casas y en sus recuerdos. Muchos se terminan convirtiendo en sus amigos. Casi no quedó viejo luchador o luchadora en Asturies al que Alberto no entrevistara. Su Facebook , lleno de fotos con veteranos antifascistas, da cuenta de ello.

Alberto con Ángeles Florez “Maricuela”, última miliciana asturiana viva.

El abaratamiento de los equipos audiovisuales con la revolución digital le permitirá ya en 2008 comprarse una cámara de vídeo e iniciar una carrera como cineasta independiente autoproduciendo sus propios documentales. Una carrera que arranca por lo más cercano, con “Poca Ropa“, un homenaje a sus paisanos de la cuenca del Caudal, en el que repasa la historia de la lucha antifranquista en su concejo, Mieres, y que llega hasta hoy con este “Vicente García Riestra, Guardián de Memoria”. Su primer contacto con el republicano poleso fue en 2009, en una visita de este a su tierra natal para asistir a unas jornadas sobre el exilio español. Se iniciaba así una relación de amistad que llevaría a Vázquez a ir grabándole en varias ocasiones a lo largo de los años, tanto en viajes a su casa en Francia, como en las visitas de Riestra a Asturies en busca de sus orígenes familiares, la fosa de su hermano o para asistir a homenajes, como los que le rindieron los ayuntamientos de Uviéu, Siero y Noreña en 2018.

Alberto Vázquez en la actualidad en Mieres, donde reside.

Riestra, nacido en Pola de Siero en 1925, fue este año Medalla de Oro de Asturies a título postumo. Su vida, marcada por la Guerra Civil y la Segunda Guerra Mundial, el asesinato de su padre y de su hermano, y un largo exilio, también inspiró el libro de Xuan Santori 42.553: Después de Buchenwald” . Con 11 años fue evacuado con su madre y hermanos en 1937 desde el puerto gijonés de El Musel rumbo a Burdeos. De Budeos pasaría como otros muchos refugiados asturianos a Catalunya, aún en la España republicana. Tras la caída de Catalunya, él y su familia huirían a Francia, donde serían internados por las autoridades francesas. Cuando logra salir del campo de refugiados empieza a trabajar como leñador. La invasión nazi de Francia, en la primavera de 1940, le llevará con 15 años a buscar contacto con la Resistencia para unirse a ella. A pesar de su juventud colabora como informador de los guerrilleros hasta que un chivatazo le delata y le obliga a buscar refugio en el monte con los resistentes armados. Capturados él y sus compañeros del maquis, los alemanes le deportan en 1944 al campo de concentración de Buchenwald, cerca de Weimar. Allí la lucha sigue, participando con otros presos en la organización de la resistencia dentro del campo hasta el final de la guerra. Cuando las tropas norteamericanas llegan en abril de 1945 a Buchenwald descubren un campo en el que los prisioneros se han armado, han ejecutado a sus últimos carceleros y han tomado el control del presidio. Tras la liberación Riestra regresa a Francia, se asienta en Périgueux, se casa y forma una familia.

Fotograma de la última película de Alberto Vázquez.

Vázquez destaca de Riestra que no solo fue una víctima y un superviviente, sino también un hombre comprometido con su tiempo y un luchador antifascista hasta el final de sus días. “Iba a los institutos en Francia a dar charlas contando su experiencia y a advertir a la gente joven del peligro del racismo y la ultraderecha. Las últimas veces que hablamos me contó que estaba muy preocupado por el auge de VOX en España” recuerda Vázquez, que explica que a pesar de pasar la mayor parte de su vida en Francia, siguió conservando algunas palabras asturianas cuando hablaba en castellano, eso sí, con un marcado acento francés.

Fotograma de la última película de Alberto Vázquez.

En “Vicente García Riestra, Guardián de Memoria”, Váquez combina imagen real con animación a partir de sus propios dibujos. Y es que Alberto siempre ha sido ante todo un dibujante e ilustrador. Pocas organizaciones de la izquierda asturiana no han tirado alguna vez de sus servicios para carteles y campañas de todo tipo. Desde CCOO e IU, pasando por Lliberación, la CSI o Soldepaz-Pachakuti. Vázquez empezó dibujar en el colegio: “a pesar de estar en Mieres, tan minero y tan rojo, era el único guaje del colegio que no iba a religión, y como no había profesor de ética poníanme en un rincón a dibujar”. Le cogió tanto placer a dibujar que terminó queriendo hacer de eso su profesión y estudiando para ello en la Escuela de Artes y Oficios. También hizo un taller de cómic, y sobre todo se dejó aconsejar por compañeros y amigos como el músico y dibujante Ruma Barbero, con el que aprendió algunos trucos del oficio que le serían muy útiles. Los trabajos como ilustrador infantil le enseñaron “a simplificar y hacer coses más amables”. Descubrió que lo naif no estaba reñido con lo político. De ahí salió el personaje de Carla, una especie de Mafalda a la asturiana, que inventó para que fuera la mascota de las jornadas Las otras caras del planeta, que durante varios años se celebraron en Xixón promovidas por varias organizaciones sociales.

Portada de “Los Llazos Coloraos”.

Su último trabajo en el ámbito del cómic, este mismo año, es “El sol na escombrera”, una adaptación del libro de José Fernández Sánchez “Cuando el mundo era Ablaña”. Se trata de una colección de estampas de la vida cotidiana en un pequeño pueblo de la cuenca minera de los años 30, con la República, la Revolución del 34 y la Guerra Civil como telón de fondo. Con esta obra costumbrista ha ganado por segunda vez el Premio Alfonso Iglesias de Cómic, galardón que ya logró en 2019 con “Los Llazos Coloraos”, un album que recopila los momentos más destacados de la lucha minera entre 1957 y 1965, cuando el movimiento obrero comienza a reconstruirse aún bajo la clandestinidad. Considera que la historia de las cuencas mineras asturianas es una fuente casi inagotable de inspiración y ha consagrado su producción como dibujante y documentalista a darla a conocer.

Tras vivir algún tiempo en Xixón, cerca del mar, hace años que Alberto vuelve a residir en Mieres. Es un habitante orgulloso de la cuenca y saca pecho de su historia de lucha y de sus ayuntamientos de izquierdas, concretamente del suyo, con mayoría absoluta de IU. Le gusta la política cultural del gobierno local, que es una referencia a nivel asturiano, pero echa de menos el bullicio nocturno de aquel Mieres de los 80 y 90, menos cultureta pero más noctámbulo y folixero: “falta gente joven y un poco más de vidilla. Cuando salgo los fines de semana a las doce abúrrome y quiero tirar pa casa“. Hay algo de crepuscular y melancólico en la mirada de Alberto a su entorno. Como si hubiera en sus amadas cuencas más pasado que futuro. Y es que como su biografiado, Vicente García Riestra, también él ha decidido consagrar su vida a ser un “guardián de memoria”.

Diego Díaz Alonso
Escrito por

Historiador y activista social. Escribió en La Nueva España, Les Noticies, Diagonal y Atlántica XXII. Colabora en El Salto y forma parte del consejo de redacción de Nortes.

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