Todo lo que usted siempre quiso saber sobre Liberbank (y no han querido contarle)

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Luis Feás
Luis Feás
Periodista, crítico de arte y comisario de exposiciones. Ha escrito en La Voz de Asturias y Atlántica XXII entre otros medios. http://luisfeas.com/contacto/

Que la Banca siempre gana lo dejan traslucir dos sucesos que subrayan su condición de trilera: el primero, que en 2008 consiguiera convertir una crisis bancaria en otra económica y social sufragada a costa de la ciudadanía (a la que, tras incitarla a hipotecarse, la acusaron de “vivir por encima de sus posibilidades”). El segundo, que la reconversión en España de las Cajas de Ahorros, corroídas por los partidos políticos, lograra transformar una banca pública modélica, volcada en lo social y cultural, en otra privada que mantiene en sus puestos a los mismos que la malgobernaban y se queda con el patrimonio común. Vamos, una jugada maestra.

Porque hubo un tiempo en que concejales del Ayuntamiento de Gijón como Santiago Martínez Argüelles o del Ayuntamiento de Oviedo como Agustín Iglesias Caunedo cobraban al menos 47.000 euros al año por el sólo hecho de sentarse en el consejo de administración de la Caja de Ahorros de Asturias (el primero mucho más, pues llegó a ser vicepresidente de la entidad y consejero de Liberbank). Pura prebenda. Eso, supuestamente, vinieron a solucionar iniciativas estatales como el real-decreto establecido en julio de 2010 por el Gobierno de Zapatero, que, además de modificar otros aspectos del régimen jurídico de las Cajas de Ahorros, pretendía “la profesionalización de sus órganos de gobierno”.

Si bien la norma reconocía el papel de las Cajas de Ahorros “en beneficio del interés general a través del cumplimiento de su función social”, y que “la dedicación de sus excedentes a la dotación de bienes y servicios sociales en los territorios en los que actúan resulta un complemento indispensable dentro de nuestro Estado de bienestar”, el proceso de concentración al que abocó la reestructuración del sector hizo que, en un solo año, las 45 cajas entonces existentes quedaran reducidas a 15. Eso supuso una enorme pérdida para la unidad básica (y progresista) de nuestro país, la provincia, a la que las Cajas servían fielmente entrelazando la vida de aldea y la vida comarcal, y gracias a las cuales era posible disponer de un patrimonio histórico de una enorme variedad de registros, que hubiera sido impensable si sólo se hubieran seguido los patrones del éxito marcados por los diferentes centros artísticos, culturales y políticos, claramente uniformizadores.

En línea con ese mismo proceso de reestructuración (y concentración) del sector financiero español, en diciembre de 2013 el Gobierno de Rajoy aprobó la Ley de Cajas de Ahorro y Fundaciones Bancarias, en virtud de la cual las Cajas de Ahorros que viniesen ejerciendo actividad financiera debían proceder a su transformación en Fundaciones Bancarias en el plazo de un año. Desde marzo de 2015, en nuestro país solamente quedan dos Cajas de Ahorros, Caixa Ontinyent y Caixa Pollença, las únicas que no se vieron afectadas por la crisis de 2008. El resto de las Cajas que existían antes de dicho proceso desapareció o se transformó en fundaciones de distinto tipo. Y sus activos financieros se concentraron en ocho entidades bancarias, que con la fusión en 2020 de Bankia y CaixaBank por un lado y Liberbank y Unicaja Banco por otro van a quedar en seis, con los efectos que eso tiene sobre el empleo, como vienen denunciando insistentemente los sindicatos.

Calentar el asiento

El 23 de julio de 2014, la Asamblea General de la Caja de Ahorros de Asturias adoptó el acuerdo de conversión, perdiendo su condición de entidad de crédito y centrando su actividad, por mandato legal, en la atención y desarrollo de su obra social, así como en la gestión de su participación en Liberbank. La ley entraba a regular aspectos fundamentales de la organización y funcionamiento de las Fundaciones Bancarias, como eran los relativos al régimen de profesionalidad e incompatibilidad de los miembros que integran los órganos de gobierno, así como las cuestiones de supervisión y de transparencia. Imponía la figura del “consejero independiente”, que “toma sus decisiones en los órganos de gobierno de acuerdo con criterios de objetividad y neutralidad”, y en este sentido impedía que los directivos del banco pudieran entrar a manejar los intereses de las Fundaciones, que tendrán como actividad principal “la atención y desarrollo de la obra social”.

Desde marzo de 2015, en nuestro país solamente quedan dos Cajas de Ahorros, Caixa Ontinyent y Caixa Pollença

Pero hecha la ley hecha la trampa: una disposición transitoria permitía sortear, temporalmente, el artículo que establece que la condición de patrono de la fundación es “incompatible” con el desempeño de cargos equivalentes en el grupo bancario. Y eso hizo que Manuel Menéndez se pudiera aferrar a sus cargos y consiguiera su nombramiento como patrono y presidente de la Fundación Bancaria al mismo tiempo, en 2014. Tras apurar al máximo los plazos, no le quedó más remedio que renunciar en junio de 2016, con lo que puso fin a un mandato de 21 años consecutivos (salvo cinco meses de interrupción en los que fue apartado por Vicente Álvarez Areces) al frente de Cajastur y de su sucesora, la Fundación Bancaria, y a un total de 28 años de pertenencia a sus órganos de gestión.

Desde la creación de Liberbank en 2011, Manuel Menéndez se vio obligado a dejar tres de los cuatro cargos que llegó a desempeñar de modo simultáneo en la organización: cesó como presidente de Liberbank, de su filial Banco CCM y de la Fundación Cajastur, principal accionista del grupo. Sigue siendo consejero delegado de Liberbank y presidente no ejecutivo de la compañía asturiana Hidroeléctrica del Cantábrico y vocal del Consejo de Administración de EDP Renováveis, en las que Liberbank tiene participación. El acuerdo entre Unicaja Banco y Liberbank establece que Menéndez sea CEO del banco que resulte de la fusión hasta 2023, momento en el que será sometido a renovación, con posibilidad de mantener el puesto. El presidente ejecutivo de Unicaja Banco continuará siendo el actual, Manuel Azuaga, pero que no caliente demasiado el asiento.

Como consejero delegado de Liberbank, el sueldo de Manuel Menéndez se ha movido siempre por encima de los 400.000 euros

Como consejero delegado de Liberbank, el sueldo de Manuel Menéndez se ha movido siempre por encima de los 400.000 euros, concretamente 409.000 en 2015, 487.000 en 2016, 442.000 en 2017 y 441.000 en 2018 y 2019, de los cuales 373.000 euros son en concepto de retribución fija y 68.000 en variables. Esto supone casi lo mismo que el presupuesto anual con que contó la Fundación Cajastur en 2019, 568.000 euros, provenientes del remanente de la extinta Obra Social y Cultural.

Cargos políticos

Resulta complicado considerar como profesionales y no como políticos a quienes accedieron a sus cargos a través de partidos y sindicatos. Menéndez tenía fama como catedrático de Economía Financiera y Contabilidad de la Universidad de Oviedo, pero estaba muy ligado al PSOE y al SOMA-UGT de José Ángel Fernández Villa, a los que debe su puesto. Fue nombrado en 1995 por el Gobierno del socialista Antonio Trevín.

Otro tanto puede decirse del director general de la Fundación Bancaria Cajastur, Carlos Siñeriz de Paz, que sucedió en diciembre de 2016 a Inmaculada d’Ocón, viuda del diputado socialista Manuel Alfredo Pérez. En su anterior función como secretario de la sección sindical de UGT en Cajastur y miembro del Consejo de Administración de la Caja de Ahorros de Asturias en representación de los trabajadores, Siñeriz fue, como recalcan fuentes sindicales, quien firmó en 1999 el acuerdo por el que se rebajaba drásticamente los salarios de los trabajadores ingresados en Cajastur a partir de esa fecha y al que no quisieron adherirse los empleados de la Obra Cultural.

Menéndez premió al ex representante de UGT con importantes ascensos

Según las mismas fuentes, Menéndez premió a Siñeriz, “en pago a esta traición a los trabajadores y a su apoyo absoluto en el Consejo”, con varios ascensos que no tienen nada que ver con su trayectoria profesional. Entre estos puestos, destacan su etapa como director de seguridad informática, que coincide “con una oleada de anónimos denigrantes difundidos mediante Internet contra sindicalistas de Cajastur” que protestaban contra el cierre del Centro de Procesos de Datos, “que resultó un ruinoso negocio para la entidad pero muy lucrativo para Accenture”, la filial de Arthur Andersen que se hizo con la gestión.

A Siñeriz se le considera también el encargado de “aceitar” las relaciones del consejero delegado de Liberbank con el aparato del PSOE asturiano, ejecutor de las sucesivas reformas de los estatutos que han modificado por ejemplo los límites de las presidencias de Manuel Menéndez de los dos mandatos de cuatro años iniciales hasta su actual posición blindada.

La cultura como “ostentación”

A ninguno de los dos parece interesarle demasiado los asuntos sociales y culturales. Desde su llegada a la Caja de Ahorros asturiana en 1995, Manuel Menéndez se ha caracterizado más bien por todo lo contrario, al ir deshaciéndose poco a poco del importante legado moral de sus predecesores, que durante al menos medio siglo sostuvieron todo el entramado base de la cultura asturiana gracias a que tenían que entregar por ley la totalidad de sus excedentes y dedicarlos a tareas no lucrativas, con fines benéficos y buscando siempre el provecho educativo y divulgador de sus propuestas, repartidas equitativamente por todo el territorio del Principado.

Tras el nombramiento de Menéndez, se empezó a contar con gente de cada vez menor rango, como Siñeriz, procedentes de la misma Caja de Ahorros y sin otra finalidad que hacer cumplir lo que el nuevo presidente les iba marcando, tendente a la desestructuración de una obra que revertía en la sociedad los beneficios de los quería apropiarse.

Así, el principal obstáculo a batir durante esos veinte años fueron los trabajadores de la propia Obra Cultural, que a base de reivindicar derechos y recordarles los fines que marcaban los estatutos a los directivos de Cajastur se convirtieron en un enemigo del que muy pronto quisieron desembarazarse, con métodos de presión que tuvieron que ser frenados en los tribunales.

Durante años la última empleada de la Obra Social y Cultural fue acosada laboralmente

Al mismo tiempo que se producía su precipitada conversión en fundación bancaria, y se nombraba patrono, a propuesta de la Junta General del Principado y con el voto del PP y el PSOE, al entonces presidente de Liberbank, Manuel Menéndez, se despedía a la única trabajadora que quedaba en la Obra Cultural, a la que durante años se acosó laboralmente. Posteriormente, en 2015, fue readmitida por un acuerdo suscrito momentos antes de la vista en un juzgado de lo social en Oviedo, siendo incorporada a los servicios centrales de Liberbank. Todavía queda de ella la imagen de una heroína de cuento, encerrada en una torre del Palacio Revillagigedo de Gijón.

En uno de los juicios, Carlos Siñeriz, siendo aún director de Relaciones Institucionales y Asuntos Sociales de Liberbank, antes de convertirse en director general de la Fundación Bancaria Cajastur, expresó su opinión de que la cultura es un lujo más propio de épocas de vacas gordas, en las que la vuelta de capitales permite que directivos y políticos acometan actos culturales que les sirvan de “ostentación”, puntuales y sin que desvíen un milímetro de los verdaderos fines, que son siempre “los benéficos y asistenciales”.

A Siñeriz se le considera el artífice de la liquidación de la Obra de Cajastur, no sólo la Cultural sino también la Social. El cierre abrupto y sin previo aviso de los centros de mayores que la entidad bancaria tenía en Mieres, Oviedo, Gijón, Avilés y Langreo en 2014 confirmó sus malas maneras, que provocaron malestar y la movilización de vecinos y usuarios.

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