“Todo el mundo sabe que ser de izquierdas no significa ser feminista”

Nuria Varela, natural de Turón (Mieres), retornaba a Asturias el pasado septiembre de 2019 para hacerse cargo de la cartera de Igualdad

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Elena Plaza
Elena Plaza
Es periodista, formadora en cuestiones de género, contadora de historias y enredada entre ruralidades.

Escuchaba decir a Nuria Varela, directora general de Igualdad y del Instituto Asturiano de la Mujer, en una de sus intervenciones sobre el futuro de Asturias y su relación con la mujer, en concreto la mujer rural, la siguiente reflexión: “Por qué ser feliz cuando puedes ser normal”. “Me encanta, el título y el libro, la autobiografía de una de las escritoras que más admiro y disfruto, Jeanette Winterson. De ese libro hice mía una de sus reflexiones: “Me he dado cuenta de que hacer lo más inteligente solo es una buena idea cuando se trata de decisiones pequeñas. Para las cosas que te cambian la vida, hay que arriesgarse”. Pero, de todos sus libros, el que leo y releo es La niña del faro que me deslumbró desde sus primeras líneas: “Vivía en una casa sobre la pendiente del acantilado. Había que clavar las sillas al suelo y jamás podíamos comer espaguetis. Comíamos cosas que se quedaran pegadas al plato: pastel de carne con patatas, gulash, risotto, huevos revueltos. Una vez intentamos comer guisantes. Menudo desastre. Durante mucho tiempo todavía encontramos alguno, verde y cubierto de polvo, en los rincones de la habitación. Hay quien se cría en una colina y hay quien se cría en el valle. La mayoría lo hace en el llano. Yo vine a la vida inclinada, y así es como he vivido desde entonces.”

Varela, natural de Turón (Mieres), retornaba a Asturias el pasado septiembre de 2019 para hacerse cargo de una cartera, la de Igualdad, que pasaba a depender directamente del presidente del Principado, Adrián Barbón, en el nuevo organigrama por él diseñado. En su mochila se traía haber estado al frente del gabinete de la primera ministra de Igualdad del Gobierno de España, Bibiana Ahído, que pergeñó la Ley Integral contra la Violencia de Género. Periodista, escritora con cinco libros en su haber, profesora, experta en igualdad y género, afronta ahora una nueva etapa en su haber vital y profesional.

Año y medio al frente de la Dirección General de Igualdad y del Instituto Asturiano de la Mujer, dependiendo directamente de Presidencia. ¿Cómo se trabaja en materia de género en el Gobierno Barbón? ¿O cómo reciben sus críticas con perspectiva de género en determinados ambientes?

En el gobierno de Barbón se trabaja muy bien. Lo habitual es tejer complicidades y recibir apoyos. Las resistencias al feminismo están en otros sitios.

¿Cuáles son los retos marcados hasta final de legislatura, en qué se ha avanzado hasta ahora?

Hemos marcado cuatro líneas estratégicas. Dos son muy obvias por prioritarias e importantes: la lucha frente a la violencia de género y enfrentar la desigualdad económica que las mujeres tenemos en Asturias. En el primer caso vamos a mantener, reforzar y mejorar todo el sistema de protección frente a la violencia de género pero vamos a ampliarlo tanto a la violencia sexual como a la trata y la prostitución. Y en el segundo caso, hemos transformado la Escuela de Empresarias y Emprendedoras en el Centro de Innovación y Economía en Igualdad para dar un salto cualitativo en el trabajo frente a la desigualdad económica y también, por primera vez en la historia, hemos creado una mesa específica de igualdad en la Concertación. Todo esto se ha puesto en marcha, de hecho, el 25 de noviembre inaugurábamos el Centro de Crisis para víctimas de agresiones sexuales. Respecto a la concertación, en la mesa de igualdad se aprobaron 25 medidas; de ellas ya hemos realizado 13, la mitad, y para 2021, el presupuesto total de la Mesa de Igualdad en la concertación asciende a 2.151.000 euros aunque queda pendiente algo fundamental como es la creación de la figura de Agentes Delegados y Delegadas de Igualdad en las Empresas que, a mi juicio, era la figura más importante que teníamos para enfrentar la brecha salarial pero que aún no se han puesto de acuerdo los agentes sociales para ponerla en marcha. La tercera línea estratégica es Coeducastur, el Plan de Coeducación del Principado de Asturias que ya se está testando en cuatro centros de primaria y la cuarta es quizá la más difícil: construir la arquitectura de igualdad en la administración asturiana que aún no tiene ni Plan de Igualdad, tampoco agentes de igualdad y mucho menos la formación continua de su personal en políticas de igualdad.

 “Un montón de señores expertos estaban de acuerdo en que en Asturias el éxodo había comenzado por las mujeres. Ninguno seguía a la siguiente pregunta: ¿Por qué?”

Tras tantos años fuera de Asturias, ¿qué realidad te encuentras? ¿Somos tan igualitarios como se supone en una región de izquierdas?

Todo el mundo sabe que ser de izquierdas no significa ser feminista. Bueno, al menos todas las que nacimos en la cuenca a finales de los sesenta lo sabemos. En Asturias tenemos problemas serios respecto a la igualdad especialmente en el ámbito laboral, así lo señalan los indicadores: brecha salarial disparada, bajas tasas de actividad de las mujeres y absoluta falta de corresponsabilidad entre hombres y mujeres en los cuidados –cuatro puntos menos que la media nacional-…

Las cifras arrojan que Asturias es la región con mayor número de viviendas de una sola persona, la mayoría mujeres; el peso de los cuidados sigue recayendo en las mujeres, con una brecha salarial entre los 35-44 años más acuciada respecto al resto del Estado; también es la región con más hogares monomarentales;… y las mujeres asturianas suponen el 64,7% de las personas perceptoras de pensiones no contributivas… Todo esto habla de la feminización de la pobreza y de que aún nos falta mucho camino por recorrer. Y de que igual no somos tanto como pensábamos, dibujando otra realidad diferente.

Los datos no mienten. Venimos de una realidad económica masculina y masculinizada y no hemos sabido hacer la transición al siglo XXI. No hay tiempo que perder.

Introduces conceptos como la ceguera de género y vuelves la mirada hacia lo que denominas, y que es una realidad, la huelga de natalidad de las mujeres.

Como llegué a Asturias a finales de septiembre, los primeros actos públicos a los que acudí fueron los que conmemoraban el Día de las Mujeres Rurales que se celebra en octubre. Durante varios días escuché a un montón de señores expertos que estaban de acuerdo en que en Asturias el éxodo había comenzado por las mujeres. Ninguno seguía a la siguiente pregunta lógica: ¿Por qué? ¿Por qué se fueron –y continúan haciéndolo- las mujeres de Asturias? Eso es ceguera de género, no les parece importante hacerse esa pregunta y dar la respuesta acertada. Y eso que estamos hablando del futuro de nuestra tierra… imagínate en otros aspectos que ellos consideren que no les conciernen. Lo mismo ocurre cuando hablamos de la tasa de natalidad: hablan de ella como si no fuese fundamentalmente una decisión de las mujeres. La huelga de natalidad es una de las reacciones de las mujeres ante la violencia económica y la explotación en el ámbito de los cuidados. 

Nuria Varela FOTO: Armando Álvarez

Se habla de la mujer como pilar del mundo rural, pero el papel de la mujer rural es  diferente al enfoque urbano. Las mujeres están más marcadas por las trayectorias profesionales de su entorno, por las necesidades de los demás…, por lo que su propia trayectoria se ve más quebrada aún que la urbana. Las mujeres lideraron el éxodo rural, pero también el éxodo de la región. ¿Qué razones hay detrás de esto?

Sí, habitualmente el ámbito rural es aún más asfixiante para las mujeres que el urbano, claro. También sabemos que en los casos en los que hay violencia de género es más difícil la ruptura. La salida de la región está provocada por la falta de oportunidades, las expectativas limitantes… pero a mi juicio, lo determinante es el arraigo de la cultura machista que presiona a las mujeres para que vivan de una manera que no quieren. Algunas se quedan y pelean por hacer su propio proyecto de vida pero muchas se van. 

“La huelga de natalidad es una de las reacciones de las mujeres ante la violencia económica y la explotación en el ámbito de los cuidados”

España estrena un nuevo permiso de paternidad con lo que se supone que ahora juegan en la misma liga que las mujeres respecto a las represalias que las empresas puedan llevar a cabo frente a las futuribles madres. Pero las reivindicaciones de las mujeres siguen no siendo atendidas y se puede considerar que este permiso es un poco… ¿torticero?

La equiparación de los permisos por nacimiento que hemos estrenado este año sin duda coloca a España en una situación pionera, al ser el único país con plena equiparación de permisos intransferibles y plenamente remunerados. Iremos viendo sus efectos, aunque con los antecedentes que tenemos del uso del permiso de paternidad en nuestro país es esperable que se diluya la penalización de la maternidad sobre el empleo de las mujeres y que vaya aumentando el tiempo que dedican los hombres al cuidado infantil. Según algunos estudios, ésta es la vía de entrada de los hombres a las responsabilidades de cuidado; bienvenida sea. No obstante, esta pieza de política pública necesita complementarse con otras medidas, especialmente para las familias monoparentales y monomarentales.

Comentabas en cierta ocasión, y basado en datos, que los países más ricos son los que más han sabido desarrollar la igualdad entre hombres y mujeres.

No, lo que sostengo es justo lo contrario, que los países con menos desigualdad entre mujeres y hombres son países ricos. Es decir, la igualdad genera riqueza en todos los sentidos: riqueza económica pero también social; enriquece la democracia, profundiza el concepto de justicia y multiplica las oportunidades. Ahí están Noruega, Suecia, Islandia o Australia los países más igualitarios según el último Gender Inequality Index de Naciones Unidas.

¿Cómo anda la escuela de coeducación? Porque que sea mixta no quiere decir que sea coeducativa.

Ése es uno de los objetivos de esta legislatura, poner en marcha Coeducastur, el Plan de Coeducación del Principado de Asturias. Coeducastur ya está está en proceso de contraste en cuatro centros de primaria, (CP Regino Menéndez Antuña de Tuilla, CP Marcelo Gago de Avilés, CRA Lena de Campomanes y CP Montevil de Gijón) una vez que se ha validado su redacción por parte de la Consejería de Educación. Se eligieron centros diversos que incluyen tanto el contexto urbano como el rural. Ya se han realizado también sesiones informativas y formativas con todos los claustros y todos los centros están en el proceso de llevar al aula las propuestas didácticas concretas para cada ciclo de primaria, ciclo para el que ya hemos desarrollado también los materiales didácticos. Paralelamente se está trabajando en la adaptación de Coeducastur para la Educación Infantil y hemos puesto en marcha un grupo de trabajo con el Colegio de Educación Especial de San Cristóbal de Avilés para la adaptación de Coeducastur a la educación especial. Ningún programa de coeducación en España ha sido adaptado para la educación especial, por lo que Asturias será pionera en este área.

“Ningún programa de coeducación en España ha sido adaptado para la educación especial, por lo que Asturias será pionera en esta área”

El confinamiento por la COVID también ha dado lugar a una realidad muy dura de mujeres conviviendo sí o sí con sus maltratadores. ¿Cómo se ha traducido en la realidad?

En situaciones muy complejas. Durante este año, pero especialmente durante el confinamiento, hemos vivido como en una montaña rusa: semanas en las que estábamos preocupadas porque parecía que la violencia había desaparecido, es decir, semanas de silencio total, y fines de semana de explosión de salidas, llegando a ingresar en la Red de Casas de Acogida hasta 9 mujeres en dos días. Ha sido muy difícil para las víctimas de violencia a pesar de que reforzamos y adaptamos todos los servicios. 

Haces también hincapié en que esta sociedad va hacia un desarrollo insostenible con la desaparición, o la no asumisión, de los cuidados (lo que da lugar, por otro lado, a la profesionalización precarizada).

Y es uno de los aprendizajes de la crisis sanitaria que estamos viviendo: o enfrentamos la crisis de los cuidados o probablemente tengamos poco futuro como sociedad. Es obvia la necesidad de reubicar la importancia de los cuidados como prioridad y eje de cambio transformacional, no solo en cuanto a atención directa y asistencial a personas, sino también en cuanto al cuidado de las condiciones facilitadoras. No nos queda otra, como diría Nancy Fraser, que profundizar en el sentido de la justicia entendiendo que requiere, al mismo tiempo, de redistribución y de reconocimiento.

FOTO: Armando Álvarez

Igual este tipo de realidades demuestran que siguen haciendo falta lo que los detractores denominan “chiringuitos” de la igualdad.

Las políticas de igualdad son el conjunto de leyes y medidas que desarrollan los artículos 9 y 14 de la Constitución que consagran el derecho a la igualdad y a la no discriminación por razón de sexo, así como la obligación de los poderes públicos de promover las condiciones para que la igualdad sea real y efectiva. Una obligación reforzada por el mandato de la Unión Europea que considera la igualdad un principio fundamental y por tanto, exige a todos los estados miembros el desarrollo de la igualdad en todas sus políticas y acciones. Políticas que tienen ya una larga historia. Desde 1946, momento en que se creó la Comisión de las Naciones Unidas de la Condición Jurídica y Social de la Mujer, no se ha dejado de actuar para defender los derechos de las mujeres y para asegurar la igualdad de oportunidades entre sexos. Eso es lo que Vox llama chiringuitos.

“O enfrentamos la crisis de los cuidados o probablemente tengamos poco futuro como sociedad”

¿A veces no sientes eso de “ahí viene la feminista”? ¿No cansa en ocasiones cuestionarlo todo, tener que repetirlo todo otra vez, hacer pedagogía continua, siempre empezando…?

Tanto como que en 2017 publiqué un libro que se titulaba exactamente así: Cansadas. Pero fíjate que llevaba por subtítulo Una reacción feminista frente a la nueva misoginia. En aquel momento –y no ha pasado tanto tiempo-, lo que sostenía en ese libro es que estábamos cansadas sí, de las medias verdades y de las mentiras a medias; de la política del simulacro, de la cultura de la violación, del mansplaining, del silencio y el menosprecio; de la violencia, de todas las violencias y de todas las trincheras; del desdén y de la vieja y de la nueva misoginia; del hombre económico, de no tener –ni tiempo ni dinero ni empleo-, de las trampas en los procedimientos administrativos y hasta de la RAE pero… que la reacción feminista había comenzado. Vamos, que sobre todo, estábamos cansadas de estar cansadas y construimos la cuarta ola feminista. Sostengo el mismo análisis. Las fechas según en qué lugar del mundo miremos varían pero en España, sin duda, se escenifica con el Tren de la Libertad, fue el pistoletazo de salida. 

“El feminismo no ha sucumbido ante la pretensión neoliberal de convertirnos en mercancías”

El feminismo es una filosofía en permanente revisión y de ahí que el debate esté a la orden del día. A veces las posturas son muy enfrentadas, con temas polémicos y de difícil ¿resolución?, como la prostitución o los vientres subrogados.

No tanto. El feminismo es una teoría política y un movimiento social con una genealogía, una historia -que tiene ya tres siglos-, una impresionante producción intelectual y un corpus teórico. Lo digo porque precisamente eso es lo que el patriarcado –hetero y homo; antiguo y posmoderno- está poniendo últimamente en cuestión. En ese cuerpo teórico hay cuestiones insoslayables: el feminismo es un proyecto colectivo y emancipador. No hay nada difícil de resolver para el feminismo en los vientres de alquiler: las mujeres ni se compran, ni se venden, ni se alquilan. Es muy fácil. El feminismo dice no a la explotación tanto sexual como reproductiva de las mujeres. El feminismo no ha sucumbido ante la pretensión neoliberal de convertirnos en mercancías. La prostitución fue un tema de mayor discusión en el feminismo español, un debate que creo que está cerrado desde que la trata se convirtió en la tercera economía criminal del mundo, las fronteras entre trata y prostitución desaparecieron y La Manada y las generaciones feministas más jóvenes pusieron encima de la mesa la insoportable violencia sexual que estaban sufriendo y la relación de ésta con la prostitución y la pornografía. Ellas, las jóvenes, cerraron el debate al enfrentarse a lo que denominaron el sistema prostitucional en el que vivimos.

Sobre la mesa de la actualidad está la polémica creada en torno a la Ley de Identidad de Género, con posturas encontradas dentro del Gobierno del Estado, del PSOE  o del feminismo y con el movimiento LGTBIQ. Aquí han surgido plataformas como la de Contra el Borrado de las Mujeres. Si se trata de reconocer derechos, ¿cómo se borra a las mujeres?

Hay muchos intentos de dividir al feminismo, de enfrentarle, de desarticular esa potentísima cuarta ola que se evidenció el 8 de marzo de 2018. Yo creo que hay mucha menos división de la que se pretende. En los últimos tiempos se están haciendo tres o cuatro relatos falsos y tenemos un montón de caballos de Troya. Se están confundiendo, adrede, cuestiones importantes. Se confunden las políticas de igualdad con las políticas de derechos sociales. Se confunde el sexo con el género. Se confunden derechos con deseos. Se confunde una teoría política que gravita sobre el principio de igualdad con teorías de identidad. Y quienes hacen todo esto dicen que lo hacen desde el feminismo –los caballos de Troya-. Creo que el borrador de Ley Trans es muy malo y estoy convencida de que se puede hacer una buena Ley de Igualdad de Trato para todas las personas sin destruir las políticas de igualdad y, sobre todo, sin destruir el sistema de protección frente a la violencia de género que tanto nos está costando poner en pie.

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