Mirar a Asturias para salir del agujero

En Asturias tenemos una vacuna para esta crisis socio ambiental: cambiar la mirada urbanocéntrica e industrial, que se basa en el desarrollismo extractivista

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Faustino Loy
Faustino Loy
Es profesor de filosofía en el IES Galileo Galilei, de Navia, Asturies, e integrante del colectivo la Casa Azul.

Tras casi un año de pandemia, la crisis ambiental y social presenta unas dimensiones inimaginables que hacen urgente tomar decisiones para superarla. Es la crisis de un modelo económico que pone en el centro de las decisiones y proyectos únicamente indicadores que se refieren a lo que genera dinero, que puede ser tanto bombas como alimentos. Mientras se traduzca en dinero, es bueno para este modelo, genera economía, riqueza…

Pero este sistema no es sostenible. Lo comprobamos al principio de la pandemia: No había mascarillas en Europa, ni equipos de protección para el personal sanitario. Y eso no fue debido a la plaga en sí misma, sino al proceso económico industrial mundial que convirtió al sudeste asiático, y de manera especial a China, en la fábrica del mundo. Si esa situación era perfectamente asumible a nivel mundial en condiciones “normales” (toda la ropa del mundo se hace en Asia) el colapso de la pandemia dejó en evidencia que lo que es bueno para el mercado, es insostenible para la vida.

Si echamos la vista atrás podemos ver que la conmoción inicial de los primeros días de confinamiento mundial pusieron de relieve la importancia de dos cuestiones que se nos pasaban por alto: la necesidad de cuidar la relación de la humanidad con la naturaleza y la necesidad de cuidarnos y cuidar de los demás, sin dejar a nadie atrás. Los aplausos de las ocho, los mensajes de solidaridad, de ánimo… sirvieron para expresar esas necesidades,  como si antes de eso tales cosas, los cuidados y el respeto a todas  las vidas, no fueran igualmente necesarios.

El colapso de la pandemia dejó en evidencia que lo que es bueno para el mercado es insostenible para la vida

Ahora hay que tomar decisiones que nos permitan encarar el futuro. Para ello es necesario hacer un análisis de lo que ha sucedido para poder plantear soluciones. Y sinceramente, estamos bastante lejos de poder establecer unos mínimos que social, económica y ambientalmente permitan planteamientos alternativos a lo que se viene haciendo. Quienes defienden la economía de mercado, que creció ignorando los límites ambientales y sociales, siguen ignorándolos. Ignoran incluso los límites éticos. Todo se sacrifica a la economía privada, a la economía de mercado: los recursos, la naturaleza, el clima, las personas… Y un año de medidas de confinamiento no han servido para un análisis de las causas y por tanto de las soluciones, más allá de exigir provisiones de fondos para beneficio privado. Eso sí, el dogma de bajar los impuestos sigue siendo agitado por las y los liberales mientras exigen que el gobierno dé ayudas a los empresarios.

Podemos estar seguros que hacer lo mismo que se hacía nos llevará a los mismos problemas: grandes obras con grandes presupuestos, exclusión social, pobreza, desertización del medio rural, abandono de iniciativas para esperar a que llegue el maná de las subvenciones y las ayudas europeas… Algo así como pretender combatir el virus sin reconocer que hay un virus…

Veamos lo que ocurre en Asturias. Se pretende hacer lo imposible para que la gran industria no nos deje. Por eso  incluso quienes defienden contra toda evidencia que la economía de mercado es la única forma de desarrollo, plantean abaratar la energía eléctrica o exenciones fiscales a las grandes industrias a las que ahora se denomina “electro intensivas”. Dado que la globalización económica permite la deslocalización de empresas, hay que hacer que las grandes empresas vean compensados los “sobrecostes”…

Y en esas estamos: hablando de deshacer una situación que se nos vino encima como una ola que te lleva por delante, haciendo planes para salir del hoyo. Un reto mundial, pero que cada país, cada sociedad debe plantearse desde sus propios recursos.

En Asturias se pretende hacer lo imposible para que la gran industria no nos deje

Pues bien, en Asturias tenemos una vacuna para esta crisis socio ambiental: cambiar la mirada urbanocéntrica e industrial, que se basa en el desarrollismo extractivista. Cambiar la mirada, fijarnos en lo común, en lo que tenemos en abundancia en Asturias, que no es otra cosa que Asturias. Tenemos la oportunidad, como dicen muchas de las personas que están escribiendo en este y en otros medios, de pensar cómo queremos que sea el mundo, nuestra vida, tras esta crisis.

Si miramos los grandes proyectos en los que se pretendió basar el desarrollo de Asturias de las últimas décadas, vemos el absurdo que constituye pretender seguir en esa línea: la variante ferroviaria de Pajares, la ampliación de El Musel y la Zalia, construcciones como el Calatrava (cerrado a día de hoy), el Centro Niemeyer, en el Occidente la Planta de Tratamiento de purines y el Trasvase de Arbón, y actualmente la proliferación de parques eólicos…, Proyectos que se han encontrado con enormes dificultades, acumulando paralizaciones de años, aplazamientos y sobrecostes. El caso de la variante de Pajares es por sí sólo un ejemplo de ese modelo de desarrollo que dilapida recursos económicos y naturales para beneficio  de unas pocas empresas. Sólo un detalle: el sobrecoste acumulado por la Variante de Pajares es superior al que hizo que el gobierno panameño paralizara la obra de ampliación del Canal de Panamá llevada a cabo por empresas constructoras españolas que, por supuesto, nunca se enfrentaron en nuestro país a ese tipo de fiscalizaciones del poder político. En Asturias no hubo ninguna presión, ni política ni social sobre los promotores de tal desatino.

Parque eólico en el Alto de La Degollada (Candamo) FOTO: Iván G. Fernández

Y esto encaja con las conclusiones  del último informe del Tribunal de Cuentas sobre los fondos mineros de febrero de 2020, que decía  que los 1871 Millones de euros recibidos en Asturias, se gastaron sin planes concretos, sin coordinación de las diferentes entidades y sin una adecuado control.

Estas son las características comunes a todos esos proyectos,  todo un ejemplo de manual de lo que no se debe hacer. Es decir, hay que pensar objetivos, planificar acciones, coordinar las distintas instancias que pueden intervenir y establecer mecanismos de control.

Todos esos proyectos tienen otra cosa en común: ignorar completamente el entorno natural, el medio rural asturiano. Son de tipo industrial, urbano y además implican la artificialización del territorio. Sin embargo, no nos cansamos de hablar de Asturias como Paraíso Natural. Aunque esté desierto, abandonado a su suerte, como sus habitantes. Ni los Fondos Mineros ni las grandes obras sirvieron para activar el desarrollo de la Asturias rural o para paliar la pérdida de población, tan importante para encarar el futuro de Asturias

El medio rural no es una carga, sino una posibilidad de desarrollo, de construir un futuro que ayude a las generaciones jóvenes a asentarse en todo el territorio y a regresar a quienes se fueron para vivir una vida digna, soberana y no dependiente de fuerzas que se escapan a nuestro control.

Ni los Fondos Mineros ni las grandes obras sirvieron para activar el desarrollo de la Asturias rural o para paliar la pérdida de población

Y esta es la cuestión central: el medio rural es un recurso que ofrece bienes de primera importancia que constituyen posibilidades que están sin explorar, desde el aprovechamiento de la masa forestal, el cuidado del territorio, la producción de alimentos de calidad, la conservación de un medio natural privilegiado en el que debería ser deseable vivir.  Y no heroico, como ocurre ahora…

Cada una de estas cuestiones y todas ellas combinadas ofrecen la posibilidad de generar empleo de calidad, estabilidad para las familias,  asentamiento de población en el medio rural. Y de establecer por lo tanto servicios para que los habitantes del medio rural tengan igualdad de condiciones con la población asturiana urbana.

No es un deseo bucólico. Es aprovechar las riquezas de nuestra tierra y los conocimientos acumulados, en esta época en la que el cambio climático está haciendo que año a año aumente el número de personas que busca las condiciones de temperatura, entorno natural y cultural que tiene Asturias. Y eso no va a hacer más que crecer. A medida que el cambio climático se acentúa y los veranos traen más calor a la meseta y el sur de España, cada año aumenta el número de personas que busca pasar algún tiempo en Asturias. Por eso el verano de 2020 los alojamientos rurales y los campings estuvieron llenos. Y cada año que pase de esta crisis social y ambiental atraerá a más gente. Esa es la primera idea que debemos activar en nuestra población, desde las personas que a través de la política toman decisiones a los habitantes de los aislados y envejecidos pueblos y aldeas de este paraíso natural.

Podemos seguir haciendo cabriolas para que la gran industria no nos abandone, mientras nosotras abandonamos nuestra tierra. O podemos ponernos en serio a diseñar proyectos que nos permitan vivir en el Paraíso Natural y que quien quiera acercarse a conocerlo y disfrutarlo no venga a un parque temático que funciona estacionalmente y que cuando el turismo se va es abandonado por los extras.

De no hacerlo Asturias sufrirá una avalancha turística que se llevará por delante lo que es su riqueza, como ocurrió en el Mediterráneo o en las islas.

Avenida de Galicia, en Oviedo, durante las semanas del confinamiento FOTO: David Aguilar

Hay suficientes ideas en marcha y suficiente inteligencia colectiva para generar proyectos de vida y de empleo de calidad en nuestra tierra sin sacrificar lo que la caracteriza.

Garantizar la vida digna de todas las personas es un objetivo que nadie en su sano juicio niega abiertamente, que cualquiera puede entender y aceptar. Lograrlo en el Paraíso Natural no debería ser imposible, pero va a exigir cambios de planteamiento que pongan el interés común por encima del beneficio económico privado.

Si no tener mascarillas y otros elementos de protección fue problemático, podemos imaginar lo que significa no tener capacidad de producir alimentos. Esto es estúpido, especialmente en una tierra en la que nos enorgullecemos de tener alimentos de calidad. Ese es un sector, el de la producción y transformación alimentaria que debería ocupar a miles de personas, más que una plataforma logística.

Crear empleo en las zonas rurales en la producción primaria, teniendo en cuenta el gran reconocimiento de los productos y la cocina asturiana no es una ilusión. Más bien es una insensatez no volcarse en ello, ya que hace posible que más gente pueda vivir allí. Apoyar a quienes ponen en marcha  iniciativas productivas, y especialmente colectivas,  de Desarrollo Rural. Y no ponerles trabas burocráticas y técnicas.

No hacerlo nos aboca a continuar sufriendo el abandono y el éxodo de nuestra juventud que no ve futuro en un paraíso que no se mira a sí mismo y espera continuamente que le vengan a salvar con subvenciones, fondos mineros o de rescate del COVID… o manteniendo industrias insostenibles que envenenan la tierra, el agua y el aire.

Potenciar las alternativas que están en nuestra mano, en este país privilegiado. Desarrollar iniciativas para mejorar la situación de quienes habitan ese paraíso pasa por ejemplo, por instaurar una renta básica rural. Además del refuerzo de las economías de la población rural, sería una política innovadora que resaltaría el valor de lo rural. Gracias a quienes viven en los pueblos, mucha otra gente puede pasar unos días de vacaciones en esas zonas. Vivir en los pueblos no puede ser un acto de heroicidad.

Tras la pandemia, encontrar territorios en los que disfrutar de la naturaleza es encontrar salud

Todo esto crea empleo en los pueblos, ya que si hay población, ésta debe tener escuelas, atención sanitaria y otro tipo de servicios como atención domiciliaria a mayores… es decir, como en los núcleos urbanos.

Diversificar la oferta turística rural, no solo grandes casas, sino también las pequeñas casas de aldea dónde también se produce alimentos o los campings que generan empleo y tienen un bajo impacto ambiental a la vez que atraen a cada vez más personas convirtiendo nuestro territorio en un inmenso entorno seguro de disfrute en una naturaleza que reúne alta montaña y la costa mejor conservada del Estado Español.

Hay muchos ámbitos en los que encontrar posibilidades de generar bienestar, empleo e incluso riqueza vinculada al desarrollo rural. Tras la pandemia, encontrar territorios en los que disfrutar de la naturaleza es encontrar salud. Poner la vida en el centro, y la vida en todo el territorio asturiano.

Poner en acción ese orgullo del que tanto alarde hacemos cuando se nos llena la boca de Paraíso, y construir el futuro de Asturias desde lo que es Asturias.

Cuidar lo nuestro como medio para tener un futuro digno. Cuidar la Asturias rural para salir del agujero.

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1 Comentario

  1. De nosotras va a depender generar y apoyar modos de producción y economías sostenibles a largo plazo. Es la única solución que veo, eso y el apoyo mutuo.

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