Los arrozales que defendieron las obreras italianas

Mi pequeña aportación al Primero de Mayo lleva el recuerdo de las viejas y dignas trabajadoras del arroz de los campos de Piamonte

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Paco Álvarez
Paco Álvarez
Periodista, escritor y traductor lliterariu d'italianu. Ye autor de les noveles "Lluvia d'agostu" (Hoja de Lata, 2016) y "Los xardinos de la lluna" (Trabe, 2020), coles que ganó en dos ocasiones el Premiu Xosefa Xovellanos.

Las llamaban mondine, eran las limpiadoras que arrancaban las malas hierbas de los campos de arroz en el norte de Italia. Trabajaban catorce o dieciséis horas diarias como jornaleras en las llanuras de Piamonte. Hundían en tierras sin horizontes sus manos y sus pies, sus brazos y sus piernas, para hacer fértiles unos arrozales que nunca fueron de ellas, que siempre pertenecieron al patrón. Faenaban bajo el tormento del calor, los mosquitos, las víboras, la malaria, la humedad y las dolencias de espalda por las jornadas interminables de catorce o dieciséis horas doblando el espinazo sobre las hierbas y las aguas, recibiendo a cambio una mierda de salario. Poco a poco se fueron organizando, entre la clandestinidad y el silencio, hasta que con todo su silencio reunieron el caudal de lucha necesario para alzar su voz, para reventar el mundo, porque en eso consisten las revueltas y las revoluciones obreras.

En 1927, cuando el régimen de Benito Mussolini ya intentaba que nadie levantara la cabeza en Italia, cuando el movimiento obrero y las mujeres con conciencia sobraban en un país aplastado por el fascismo, a las obreras del arroz les dio por levantar la espalda, la cabeza y el puño. Las mondine, muchas de ellas militantes de organizaciones comunistas o anarquistas, se fueron organizando en asambleas y ante el intento de la patronal de bajarles el sueldo en un 30% respondieron con una consigna: ¡Defender los salarios! Imprimieron clandestinamente un periódico, La Risaia (El Arrozal), en el que pequeños agricultores y jornaleras del arroz unieron sus voces y sus recursos para defender la causa común de la tierra y la libertad. Miles de trabajadoras arroceras fueron a la huelga, el régimen fascista encarceló a un centenar de ellas, una parte fueron torturadas. Aquella lucha la ganaron, la perdieron y la volvieron a ganar, porque la tierra sigue en manos de los de siempre. Pero en la Italia libre y subversiva sigue soplando esa corriente fresca que honra la memoria de aquellas obreras del arroz.

¡Viva el Primero de Mayo!

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