20 años de la muerte de Carlo Giuliani, cuando el periodismo se rindió al poder

El periodista Fernando Romero recuerda el tratamiento mediático del asesinato del joven italiano en las protestas de Génova en julio de 2001.

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Fernando Romero
Fernando Romero
Es periodista.

Hace 20 años hoy, el 20 de julio de 2001, el joven antifascista Carlo Giuliani era asesinado por la policía italiana en una manifestación contra la reunión en Génova del G-8, en un incipiente y cada vez más fuerte movimiento antiglobalización.

Por aquel entonces yo llevaba ya once años ejerciendo profesionalmente como periodista. Me llamó mucho la atención la manera en que los medios de comunicación enfocaron esta noticia y en general todas las relacionadas con éstas y otras movilizaciones similares, abandonando los criterios mínimos de la ética profesional: veracidad y honestidad .

La muerte de Carlo Giuliani me afectó y me sonrojó como periodista y decidí entonces publicar un opúsculo de 64 páginas titulado ‘Génova, última hora… La crónica que no contaron los medios de comunicación de masas sobre las movilizaciones contra el G-8’. Salvo en el prólogo, yo no escribí ni una palabra. Me dediqué a trasladar al papel el relato de los hechos contado por protagonistas y por medios alternativos e implicados en la propia lucha, entre ellos ‘Palabras de Guerra’, Serpal (Servicio de Prensa Alternativa), Nodo-50, Indymedia, Aragón Info, Radio Ritmo, Stranonetwork o testimonios personales de jóvenes como el del entonces estudiante de economía Guillermo Massó de 24 años, presente en las movilizaciones y que fue detenido por la policía italiana.

En el prólogo escribí lo siguiente:

Durante las manifestaciones contra los Señores de la Tierra’ del G-8 en Génova ocurrieron muchas cosas que espantarían a los defensores de las democracias y los estados de derecho. Italia, país europeo, democrático, de derecho, etc, etc, mostró esos días su verdadera cara: la de la represión, la de la policía que tortura y que tiene carta blanca para amedrentar a los que se oponen al capitalismo o, simplemente, piden un capitalismo de “rostro humano”. Y es que en Génova, al igual que antes en Barcelona, en Gotemburgo en Praga, el Estado, harto del cada vez más amplio movimiento anticapitalista que aparece por todas partes, utiliza a la policía para su función primordial: acabar con la contestación al sistema. En Génova, la violencia de las fuerzas de seguridad del estado se expresó de forma descarnada. Sin embargo, la información y las noticias transmitidas por las agencias de prensa y -salvo raras excepciones- por los corresponsales y enviados especiales de los medios de comunicación de masas, se centró en el sensacionalismo y en los aspectos negativos de la protesta, obviando su razón de ser como periodistas; informar veraz y honestamente. Solo al cabo de varias semanas después de ocurridos los hechos empiezan a verse testimonios comprometedores que dibujan otra realidad distinta a la que crearon mientras transcurrió la reunión del G-8. Y ello ha sido posible porque muchos periodistas fueron también víctimas de las salvajes agresiones de la policía y porque se han presentado miles de denuncias en los juzgados italianos. A pesar de la ocultación de la realidad y de la habitual “colaboración” entre los mass media (los propietarios y sus secuaces, que no los trabajadores) y el estado italiano, la crónica de los hechos, la ‘otra’ crónica se difundió por el mundo y la verdad se supo. Los antiglobalización pudieron organizar sus agencias de información y su red de corresponsales. Además, decenas de activistas, a través de Internet y del teléfono móvil fueron retransmitiendo noticias sobre los acontecimientos de forma casi instantánea. En esta publicación se recoge una síntesis de esa otra crónica, que nos acerca y nos adentra en los hechos y que, en consecuencia, nos hace reflexionar sobre la hipocresía del capitalismo y de sus poderes mediáticos.”

Dejo estas palabras como un pequeño homenaje a los que, a lo largo de la historia, han luchado por la justicia y por mejorar las sociedad, entre ellos Carlo Giulani, que dejó su vida por llevar un mundo nuevo en su corazón

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