Los sidros también caleyan por les Parees de Uviéu

La barcelonesa Alba Fabré Sacristán es una de las cuatro muralistas invitadas a participar en el Parees Fest de este año con un mural sobre las mascaradas de invierno

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Elena Plaza
Elena Plaza
Es periodista, formadora en cuestiones de género, contadora de historias y enredada entre ruralidades.

Los murales participativos son aquellos en los que el o la artista se sumerge en alguna capa de la realidad social o del territorio con la guía de las mediadoras. De este proceso, a través de dinámicas participativas con agentes clave, nace un boceto in situ de manera que se establece una relación directa con el territorio y sus habitantes. Así definen desde el colectivo Raposu Roxu qué es un mural participativo dentro del contexto del Parees Fest, que acaba de lavar brochas y retirar plataformas elevadoras para lucir, un año más, nuevas paredes espectaculares en la ciudad de Uviéu.

La barcelonesa Alba Fabré Sacristán es una de las cuatro muralistas invitadas a participar en la edición de este año y a ella le encomendaron el mural participativo. La temática eran las mascaradas de invierno, que en Asturies cuentan con unas cuantas representaciones, y en este caso su agente clave fue la Asociación para la Recuperación de los Sidros y les Comedies El Cencerro, de Valdesoto (Siero).

Alba Fabré Sacristán, en el centro, acompañada de los sidros y el equipo facilitador. Foto: David Aguilar

Era la primera vez que la catalana tenía que realizar una búsqueda antes de empezar a trabajar sobre la medianera. “A veces me han propuesto un encargo que no requería tanto conocimiento, sino trabajar a partir de una foto determinada. En este caso se trataba de que yo, como artista, también aportara mi visión y me mandaron fotos, pero no me sentía muy identificada porque nunca había vivido la experiencia. Sí que hablé con Pablo Canal Rodríguez, director de El Cencerro, pero necesitaba verlo y sacar mis propias fotografías para aportar mi propio punto de vista para mezclar mi mundo que yo como artista tengo que representar y el mundo de los sidros”, explica Fabré.

“Me cuesta hacerme idea del tema si no vives el momento, si no eres del sitio, conoces la cultura… a veces es difícil llegar a entender la narrativa solo viendo fotos”, así que hizo falta poco para que los sidros de Valdesoto se convirtieran en una mini mascarada de verano para que la muralista los viera en acción entre saltos, cencerros y guiadas, portando sus características caretas elaboradas a partir de fibra de oveja y cara roja, culminada en una cola de raposu.

Una jornada recorriendo diferentes lugares de Valdesoto, como la casona de Leceñes, del 1716, donde se celebraba no hace mucho el Mercau d’Antaño, o la Fuente Bernabé. Por allí brincaron e hicieron gala de manejo del palo Pablo Cueto Pérez, Roberto Neila Vega y la única mujer sidra por el momento, Cristina García Taboada. Junto a ellos Manuel Pergentino de Martínez Argüelles, presidente de la Asociación, más lo que Canal ya le había contado, fueron ilustrándola acerca de la tradición, de las mascaradas en general y de la recuperación llevada a cabo años atrás.

Cristina García Taboada y Roberto Neila posan con las indumentarias. Foto: David Aguilar

Cuenta Fabré que “hay un factor que a mí me interesa mucho, que es la luz y cómo afecta a los colores, a las imágenes, y depende de dónde sea el sitio que tenga que hacer el mural o cómo sea la tradición, me importa mucho captar la luz de ese sitio porque es muy característico para mí como artista visual”.

Como especializada en pintura figurativa, “que es básicamente representación frente al realismo que se asocia más al hiperrealismo, a que la imagen parece una fotografía”, su técnica es más clásica, similar a la pintura de los pintores más clásicos, “más de impresión, de manchas, más basada en los colores, la luz, la forma y no tanto en el detalle al milímetro. Por eso, precisamente, los colores, las manchas, la luz… son muy importantes para mí”. Por eso lo de verlo in situ, para captar todos esos aspectos y no tanto el detalle.

La muralista Alba Fabré Sacristán. Foto: David Aguilar

Y así rodillazo a rodillazo y brochazo a brochazo, aupada a lomos de una plataforma aérea rodeada de cubos de pintura acrílica de fachada, ha ido trabajando este enorme lienzo a lo largo de una semana, a pesar de las trombas de agua caídas durante estos días que le han complicado un tanto el avance. Como si fuera un trabajo al óleo, ha ido encajando la imagen captada en su cabeza después del trabajo fotográfico previo de documentación en unas cuadrículas imaginarias en las que “mancho todo, como en un lienzo. Los primeros días se ven manchas más abstractas y poco a poco va definiéndose más. No es un estilo tipo impresora, por decirlo así, que empiezo en un sitio y voy detallando, sino que voy haciendo de una mancha más abstracta a una mancha más definida”.

Pertrechada con su cámara digital Alba ha captado cada salto, la indumentaria, la esencia de la mascarada mientras los sidros sudaban lo suyo bajo las antiguas caretas de fibra de oveja y rabo de raposu los calores de septiembre que precedieron a las trombas de la siguiente semana. Un buen número de fotos sobre las que trabajar y decidir y componer un mural para el que tan sólo tenía un día para decidir. En su proceso suele tomar una foto del muro sobre el que va a intervenir y prepara varias ideas con diferentes imágenes a ver cuál es la que mejor le encaja. “Me entra un poco de conflicto tras la sesión de fotos porque las hay muy bonitas, muy interesantes que me gustaría mucho plasmar pero que quizás no representan tan bien lo que es la tradición. Y luego hay imágenes que pienso que explican mejor lo que es la tradición, pero visualmente no son tan atractivas, a mí no me producen tanto interés porque es todo plano, con sombra”, explica sobre su trabajo.

La artista durante su trabajo de documentación. Foto: David Aguilar

Pero lo interesante de este tipo de intervenciones participativas es integrar al informante, a ese agente clave del que hablábamos, y que luego todo ese trabajo realizado revierta en el resto de la población. Que no sea un muro pintado sin más. “Lo bueno de los murales es que te los encuentras cuando vas caminando por la calle y suponen un impacto visual muy fuerte porque las imágenes visuales son muy potentes y creo que, aunque no sepan de qué va lo que están viendo, sí que crean una curiosidad”. Eso puede llevar a buscar más información, a preguntar, a asociar ideas: “Creo que crea un espectro muy grande de gente que lo ve y se pregunta el por qué”.

Aupada en una plataforma aérea, Alba Fabré da forma al mural. Foto: David Aguilar

Y eso da lugar a que haya una narrativa de fondo, una forma de transmitir la tradición, la historia (como ocurría cuando la transmisión era más oral que escrita para llegar a la población, en su mayoría analfabeta o no existía el código escrito, como ocurría en épocas más remotas en el tiempo, incluso prehistóricas). “Creo que, aunque lo hayamos visto mil veces y en el momento no hayamos entendido por qué, quizás en otro momento alguno de los símbolos grabados o escultura o lo que sea, lo asocias y vas atando cabos. Igual no es muy directo, no es que lo veas y puedas entender, a lo largo del tiempo vas haciendo conexiones. Los murales son mucho más directos, más fáciles de leer y fácilmente puedes encontrar la información. Y también esa parte más oculta de averiguar qué es y de preguntarse crea conversaciones muy interesantes entre la gente que lo ve, establecen un diálogo, se preguntan qué simboliza para ellos o ellas… Igual comentas algo por la calle y alguien te contesta… El resultado es un diálogo muy interesante”, expone la muralista.

Trabajo sobre lienzo en blanco. Foto: David Aguilar

Y luego queda también ese orgullo de tradición, de identidad, de pertenencia. “Al final es ver plasmada la tradición en algo que vas a ver cada día o que miles de personas van a ver. Y eso a Pablo (Canal) le hacía mucha ilusión. Me contó que en un festival de mascaradas en Portugal había un mural sobre ellas y pensó ‘a ver qué día hacen aquí un mural de los sidros’”. Y este año se hizo realidad sobre la medianera entre las calles Joaquín Costa con Ángel Cañedo, en el barrio de Teatinos.

Alba Fabré se muestra encantada con esta experiencia, con iniciativas como el Parees Fest que procuran un trabajo con los muralistas en el que “no sólo les das un muro, sino que les haces partícipe de la historia, de las tradiciones… No conozco más festivales de este tipo y es la primera vez que hago una intervención en Asturias. Estoy muy contenta de hacerlo, del equipo: han sido muy cercanos, muy amables y sobre todo han respetado mucho la parte de artista y no han intentando nunca convertirlo en un cargo. Siempre han respetado mi punto de vista y si necesitaba cualquier cosa me la han facilitado”.

El mural va tomando forma sobre la medianera. Foto: David Aguilar

Hay una diferencia entre una intervención muralista de este tipo de trabajo de fondo con llegar y pintar sin más. Hay una diferencia también con los grafitis, “que te pueden hacer un muro y alegrar el día. Los grafitis están más relacionados con la cultura urbana y el muralismo con la pintura más tradicional, no tan extremo, al que yo veo más cercano a un cuadro. Pero creo que si a los grafiteros se les diera un muro, podrían hacer unas cosas impresionantes. Aunque pintar un muro es difícil, poco accesible, que requiere unos permisos, acuerdos de los vecinos si es privado…”.

La satisfacción del trabajo terminado. Foto: David Aguilar

También habla del respeto, del acuerdo tácito, de no pintar sobre lo pintado. “No hay una rivalidad, no hay una competencia. Es decir, si alguien quiere poner un tag (la típica firma grafitera), lo pone en una persiana que no hay nada, pero no lo van a hacer encima de tu mural”, señala.

Y se muestra agradecida a la colaboración, al trabajo conjunto con la gente del El Cencerro, a Cristina, Roberto, Pablo Cueto y Pablo Canal, y a Pergentino, sin olvidar al colectivo que hace posible el Parees Fest.

Una mujer contempla los saltos de los sidros en la particular interpretación de Alba Fabré de las mascaradas de invierno Foto: David Aguilar

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