Julio Fernández Tagarro: un buen paisano

Julio nos deja a todos y a todas quienes tuvimos el inmenso placer de conocerle una huella indeleble

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Rafa Velasco
Rafa Velasco
Abogado y Licenciado en Ciencias Políticas. Activista sociopolítico, Presidente de la Federación Asturiana Memoria y Republica y miembro de COESPE.

Cuando aún era estudiante en la Facultad de Derecho de Oviedo, en el caserón de San Francisco, por los años ochenta del siglo pasado, estando sentados a la sombra del Inquisidor, nos llego un señor, de aquellas personas peculiares que pululaban por el Oviedo universitario de aquellos años, y nos dejo atónitos con sus comentarios. Afirmaba que él era un hombre bueno y que venía a la Universidad a ver si encontraba a otro hombre bueno, según él, en el sentido filosófico del término. Para aquella juventud estudiantil aquel planteamiento nos sonó un tanto a friki, algún otro, más culto, lo relacionó con Diógenes, para mi con el paso del tiempo, cuando conocí a Julio Fernández Tagarro, entendí que si aquel señor hubiera dado con Julio hubiera encontrado el prototipo de ser humano que estaba buscando.

Algunos y algunas diréis que me pierde la amistad, que a la muerte todo suelen ser piropos, y que todo relato en estado de duelo suele ser poco objetivo. Y probablemente no os falte razón en ninguna de esas apreciaciones, pero cuando no has oído a ninguna persona decir nada en contra de quien se va, algo de verdad deben tener esas consideraciones tan generalizadas.

“Siempre defendió un Podemos quincemayista, y por eso firmó aquel manifiesto de militantes ingenuos/as que se llamó “Más Podemos”

Lo conocí en 2014 en la primera reunión del grupo de laboral y empleo de Podemos Xixón en la Sociedad Cultural Gijonesa. Llegó con su libreta y tomó nota de todo, siempre concienzudo, siempre riguroso A partir de ahí compartimos cientos de momentos. Él era el que daba el último golpe de estilo a todos los escritos que salían de aquel grupo, que otros y otras escribíamos a pedradas, y el ponía el punto de corrección lingüística y política. También luego me tocó compartir con él la representación de Xixón Sí Puede en el Consejo Social del Ayuntamiento de Xixón. Él fue, junto con Rafa Cuartas, el alma de nuestra alternativa al Plan Estratégico de la ciudad, consensuando siempre, modificando lo que hubiera que modificar, en fin de cuentas trabajando con sentido unitario. Siempre defendió un Podemos quincemayista, y por eso firmó aquel manifiesto de militantes ingenuos/as que se llamó “Más Podemos”, y que algunos y algunas despectivamente calificaron como el manifiesto de “los locos”. Y es que en un mundo de tan falsa cordura, la locura de Julio era expresión de ese horizonte utópico de democracia plena por el que llevamos peleando millones de personas desde la Revolución Francesa.

Fue trabajador de telefónica y sindicalista en dicha empresa, y siempre intentaba aportar su experiencia en ese ámbito a su militancia en Podemos. Sobre todo siempre planteaba propuestas tendentes a dar participación a la gente y a evitar la formación de estructuras burocráticas. Era un defensor a ultranza de la limitación de mandatos, de la rotatividad en los cargos, de la coralidad en las portavocías, etc. Y sobre todo en su trabajo siempre buscaba fundamentar las opiniones y las conclusiones. Respetaba a todo el mundo, pero pedía razones y argumentos para que se le convenciera. También trabajo en el área de prensa de aquel inicial Podemos, que no era aún partido, y su pluma siempre fue útil para transmitir las ideas que otras personas verbalizaban pero no podían redactar.

Julio no tenía miedo a expresar sus opiniones, y las defendía siempre en tono cordial, como cuando elaboró en los últimos meses una propuesta de modificación en profundidad del sistema público de pensiones, que nadie de quienes compartíamos con el actividad coincidíamos, pero el erre que erre, intentaba convencernos de sus ventajas. Se podía discrepar de el, y yo lo hacía mucho, pero siempre terminaba todo con una sonrisa y si era posible físicamente con un buen vino.

“Dice una canción que algo se muere en el alma cuando un amigo se va, y solo cuando eso ocurre te das cuenta de que además se muere algo de ti también con esa partida”

Dice una canción que algo se muere en el alma cuando un amigo se va, y solo cuando eso ocurre te das cuenta de que además se muere algo de ti también con esa partida. Seremos muchos y muchas quienes le echemos de menos, sobre todo en esos momentos en que no nos salga la palabra adecuada para expresar una idea, o cuando sea necesario que alguien ponga cordura en un debate o litigio. Lo necesitaremos también cuando haga falta alguien para buscar una estadística o una publicación que no encontramos, o cuando haga falta una palabra de ánimo para evitar desfallecer. Julio era una persona que sin ser de los que hacía por figurar nunca pasaba desapercibido, y que reflejaba perfectamente, como diría Melendi, que no es lo mismo pisar que dejar huella. Y Julio nos deja a todos y a todas quienes tuvimos el inmenso placer de conocerle una huella indeleble.

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