Es necesario un nuevo orden mundial

Con la perspectiva histórica y con la sombra de la guerra reapareciendo en Europa, podríamos pensar que hay varias cuestiones que se deben tener en cuenta

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Nuria Saavedra
Nuria Saavedra
Activista feminista y LGTBI+, trabajadora social y profesora en un instituto de Xixón.

Es importante conocer la Historia para entender el desarrollo de los acontecimientos y las posibilidades reales de acción en un momento determinado, con unas legislaciones e instituciones que necesitan revisarse. La mayoría de las personas de mi generación, y no solo la mía, no hemos estudiado la Historia del siglo XX. Quizá por eso nos llama la atención la fuerte implicación de la ciudadanía europea ante esta acción bélica de Rusia. Así que intentaré dar unas pinceladas que nos faciliten un análisis inicial.

En 1919, el Tratado de Paz de Versalles fue firmado por más de 50 países. En la redacción de su Parte I se llega al acuerdo de fundar la Sociedad de Naciones como organismo internacional, cuyo objetivo sería superar los efectos devastadores, establecer las bases para la paz y la reorganización de las relaciones internacionales tras finalizar la Primera Guerra Mundial. Pero se le vetó el ingreso a Alemania. Este Tratado fue resquebrajado por acontecimientos posteriores a 1922 y ampliamente violado en los años 30 con la llegada al poder de Adolf Hitler, cuyo objetivo era establecer un nuevo orden basado en la absoluta hegemonía de la Alemania nazi en el continente europeo. La Sociedad de Naciones fue disuelta, el 18 de abril de 1946, por su ineficacia para evitar la Segunda Guerra Mundial. La propuesta de Roosevelt apuntaba a que las Cuatro Potencias (EE. UU., Reino Unido, China y la Unión Soviética, a las que posteriormente se uniría Francia) debían mantener el orden en sus áreas de influencia para evitar nuevas guerras, vigilando y desarmando a los países agresores.

En 1945, estas grandes potencias y sus aliados firmaron la Carta de las Naciones Unidas. En la actualidad son 193 los países miembros de la ONU. Su objetivo es intentar prevenir los conflictos y poner de acuerdo a las partes implicadas, brindar asistencia humanitaria a quienes la necesitan, proteger los Derechos Humanos y defender el derecho internacional. El Consejo de Seguridad de la ONU es el máximo responsable de la paz y la seguridad internacional. Las cinco grandes potencias son miembros permanentes con derecho a veto. Los cascos azules tienen como objetivo principal la protección de los civiles frente a amenazas y facilitar el surgimiento de un entorno seguro.

En 1949 se creó la Organización del Tratado del Atlántico Norte, como alianza política y militar que “comprometía a cada miembro a compartir el riesgo, las responsabilidades y los beneficios de la defensa colectiva… con los principios de la libertad individual, la democracia, los Derechos Humanos y el estado de derecho… y cuyo objetivo principal era crear un pacto de asistencia mutua para contrarrestar el riesgo de que la Unión Soviética tratara de extender su control de Europa del Este a otras partes del continente”. La división este-oeste, los conflictos de intereses y las ideologías políticas han estado presentes en relación con la existencia y duración del Tratado, que inicialmente se fijó en 20 años. Además, los miembros de la OTAN (actualmente 30) no podrían asumir ningún compromiso internacional que entrara en conflicto con el Tratado y les comprometiera con los principios de la ONU. Así, el veto de Rusia en el Consejo de Seguridad de la ONU impide cualquier acción de apoyo militar de la OTAN en territorio ucraniano.

En 1951, Alemania, Bélgica, Francia, Italia, Luxemburgo y los Países Bajos iniciaron un proyecto económico, político y social que denominarían Comunidad Europea del Carbón y del Acero. Actualmente, 28 países integran a lo que hoy se denomina la Unión Europea. El Tratado de Lisboa potenció la política europea de defensa y seguridad con la creación del cargo de Alto Representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, que se apoya en el Servicio Europeo de Acción Exterior. Josep Borrell, como Alto Representante, dirige también la Agencia Europa de Defensa y fomenta la ayuda y colaboración de los Estados Miembros de la UE en materia de defensa. Pero no existe ninguna fuerza militar bajo las directrices y financiada por los estados miembros de la UE. Se sigue debatiendo si es necesario un cuerpo de seguridad propio cuando los estados miembros tienen su propio ejército y existen otros organismos internacionales como la OTAN. De momento, Ucrania ha solicitado la adhesión inmediata a la Unión Europea.

A principios de la década de 1970, se estableció la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) como foro político multilateral para el diálogo y la negociación entre este y oeste, con 57 Estados participantes de América del Norte, Europa y Asia.

Con la perspectiva histórica y con la sombra de la guerra reapareciendo en Europa, podríamos pensar que hay varias cuestiones que se deben tener en cuenta. Como cuestión principal y urgente, hay que dar una respuesta pacífica a la situación que está sufriendo directamente Ucrania como uno de los puntos de conflicto internacional con posibles derivas que ya nos están afectando.

La guerra se está dando en varios frentes: la guerra tradicional, con armas tradicionales (tierra y aire, con apoyo en el mar) y la activación de las fuerzas de disuasión nuclear por parte de Rusia y con el apoyo armamentístico a Ucrania de EE. UU., la UE y Reino Unido; la guerra económica, que está haciendo que el rublo de desplome casi un 30%, la desconexión del Swift, el cierre del espacio áereo, etcétera; la guerra propagandística, con sanciones tecnológicas que impiden relatos falsos y facilitan ubicaciones en tiempo real, entre ellos Russian Today y Sputnik (a todo ello se le está dando respuestas para impedir que Rusia pueda seguir avanzando); la guerra cultural y deportiva, con la expulsión del Mobile World Congress, la final de la Champions, la Euroliga, la Fórmula 1, los sponsors… Cada día aumenta el número de actos que se clausuran en Rusia.

En los últimos meses, la UE ha ido perdiendo su capacidad liderazgo ante su pasividad en el conflicto, además de manifestar su incapacidad e ineficacia para gestionar una solución consensuada por los estados miembros. Veremos si es capaz de retomar su indudable y requerido protagonismo. Históricamente, hemos visto que las organizaciones, cuando resultan ser ineficaces, tienen que modificarse o disolverse. Es el momento de buscar una solución a la guerra de Rusia en Ucrania y de ir generando, al mismo tiempo, un nuevo orden mundial que unánimemente garantice la paz de todos los territorios y evite todo tipo de guerras, incluyendo los procesos de desarme nuclear.

Vivimos momentos duros (muertes, separación de familias y desplazamientos como personas refugiadas, pérdida de la vida cotidiana, colapsos socioeconómicos y alimentarios…), con amenazas a otros países y a un posible efecto dominó. Pero estoy convencida de que tras esta gran desgracia humana mundial vendrán tiempos mejores. Las respuestas que estamos viendo en todas las partes del mundo nos dan esperanza.

Nos encontramos en momentos de crisis que algunos líderes totalitarios están utilizando para su propio interés. De quienes gobiernan nuestras instituciones y de la expresión manifiesta de la ciudadanía en las calles dependerá hacia dónde se encamine nuestro futuro. De esto tenemos que seguir aprendiendo, porque los derechos se pueden perder, los relatos se pueden manipular y la participación es esencial para la democracia, porque, si no lo hacemos, el poder queda en manos de unos pocos oligarcas que deciden por toda la ciudadanía, a la que consideran masa insignificante e ignorante que no sabe lo que le conviene. Porque en el fondo solo buscan el interés de sus propios negocios y su ego personal. Sería interesante conocer hacia dónde va el dinero de los oligarcas rusos, qué acciones financian con el apoyo de Putin y el Kremlin, y dónde se va a situar China.

Así que levantemos nuestras voces, salgamos a la calle, pongamos algo blanco en nuestras ventanas. Nuestro silencio es su fuerza. Solidaricémonos con el pueblo ucraniano que permanece en su país y con las personas refugiadas. Nuestra participación es fundamental para parar la guerra y construir la paz. La ciudadanía española y quienes la representan políticamente no pueden dejar sola a Ucrania.

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