Lagartijas en el cielo

La banda granaína inauguró ayer la Semana del Audiovisual Contemporáneo de Oviedo con un espectáculo que aglutinaba cuatro trabajos y un nuevo proyecto.

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Víctor Guillot
Víctor Guillot
Víctor Guillot es periodista y dirige el Centro de Interpretación del Cine en Asturias. Ha trabajado en La Nueva España, Asturias 24, El Pueblo de Albacete y el diario digital migijon. Colabora en la Cadena Ser. Su último libro, junto a Rubén Paniceres, se titula "Ceniza a las cenizas. David Bowie y la revolución visual de la cultura pop" (Ed. Rema y vive).

Jesús Arias de Los Cielos Cabizbajos, A.K.A Arias Lozano, está vivo. La fórmula surrealista sigue vigente a través de su hermano, Antonio Arias. Los dos convirtieron el surrealismo en un sonido, antes que un queío a través de la mecánica cuántica del sonido Lagartija Nick. El surrealismo español (Lorca, Buñuel, Dalí, José Val del Omar) fue un surrealismo tardío en cuanto llega a nuestro país con evidente retraso respecto a su apogeo francés, adaptándose a un realismo de vírgenes y santos, sexos y razas, el pecado y la culpa, la guerra y el dinero, todo expresado con clima de sueño, oración o mantra, bajo una lógica secreta, escondida, perversa, desconocida, que Lagartija Nick logró dotar en los años 90 de materialidad sobre el escenario.

Foto: David Aguilar Sánchez

La banda granaína inauguró ayer la Semana del Audiovisual Contemporáneo de Oviedo con un espectáculo que aglutinaba cuatro trabajos y un nuevo proyecto. Omega, Val del Omar, Crimen, sabotaje y creación, Los Cielos cabizbajos y su próximo disco: El perro Andaluz.  Durante una hora y media se vio a una banda en plena forma que puso en marcha una tetralogía política que aborda un mundo, una civilización, rotos por la guerra, retornados con pureza telúrica de ángeles oscuros, capaz de exorcizar la miseria de la condición humana a través de la música y la palabra. Todo señala el verdadero y paradójico sentido del hombre como drama.

Foto: David Aguilar Sánchez

Como decíamos arriba, el surrealismo está vigente. Permite conjurar la guerra de Ucrania el tiempo que dura una canción, desbordando el Campoamor con un panorama de insectos que van a la guerra o regresan de la muerte como un misterio y permanecen en la memoria como permanecieron Gernika o Sarajevo.  Jesús Arias de los Cielos Cabizbajos sigue vivo. Antonio habla de él en presente, como un poeta maldito, siguiendo la estela de Lorca al igual que un astronauta orbitando sobre la tierra, proyectando su mirada sobre nosotros, vomitando versos veterotestamentarios que se clavan en la conciencia. La energía de Eric Jiménez (Los Planetas) logró dibujar en el concierto un paisaje apocalíptico, petado de redobles que sonaron como un ejército de golpes disparados sobre el público. J.J Machuca (Lori Meyers) y Juan Codorniu (Multiverso) fueron dibujando el grito, el lamento, el quejío, que es, ya digo, un eco constante de guerra punk y noise materializados en tiempo presente.

Foto: David Aguilar Sánchez

Jesús Arias de los Cielos Cabizbajos fue un poeta nocturno y luminoso, que evocaba la imagen de un creador noble y triste, un alucinado de soledad y fascinación por el vértigo de la vida. Acarició un triunfo que, entonces, difícilmente podría adivinarse. Granada es surrealista por esotérica. La metáfora siempre se maneja en la ilógica del erotismo, el crimen y la fe bajo una placenta política. Lo verificamos ayer en temas como Agonía agonía, Yo día y orden, Celeste o Ciudad sin sueño. Por eso, Lagartija Nick, tronco de todas las músicas españolas desde finales del pasado siglo, logró desvelar que el rock y el punk, el flamenco y el noise conforman un cuenco perfecto sobre el que volcar la metáfora del Romancero gitano, la pulsión sexual de Un perro andaluz, la lógica del inconsciente desatada por Freud o los átomos de tristeza que flotan cuando estalla el milagro de Wall Street o un desastre nuclear en Nagasaki. Ayer Jesús Arias de los Cielos Cabizbajos y su hermano Antonio nos recordaron que Lagartija Nick son una banda noble y antigua, fabulosa y mística, presentísima, terriblemente viva.

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