Reconstrucción (El mejor momento)

José Ramón García está tratando de tender puentes entre las tres izquierdas gijonesas, pero también en el seno de su propia organización.

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Víctor Guillot
Víctor Guillot
Víctor Guillot es periodista y dirige el Centro de Interpretación del Cine en Asturias. Ha trabajado en La Nueva España, Asturias 24, El Pueblo de Albacete y el diario digital migijon. Colabora en la Cadena Ser. Su último libro, junto a Rubén Paniceres, se titula "Ceniza a las cenizas. David Bowie y la revolución visual de la cultura pop" (Ed. Rema y vive).

La Agrupación Socialista de Gijón cuenta con nuevo secretario, José Ramón García, “Monchu”, y una nueva ejecutiva dispuesta a dar un nuevo rumbo a la organización, sin ruido ni sectarismos. El partido se había quedado fuera de onda, desconectado de la vida urbana, alejado de los conflictos, ensimismado. La reacción del secretario ha sido enchufarlo a la red eléctrica de nuevo y ventilar. El triunfo de los socialistas apartados durante cuatro años de la formación local tiene su correlato en los avatares de Ana González en los últimos días. En apenas tres semanas, la regidora ha afrontado un cambio de dirección política que no era la suya, una crisis de comunicación que ha tumbado su imagen hasta hacerla caer del ring y un ciberataque que ha demolido el sistema informático de casi toda la administración local sin fecha de solución. Conclusión: hay días en los que es mejor no levantarse de la cama.

Sin embargo, el mundo continúa. Y no todo ha sido una sucesión de catastróficas desdichas. Quiere decirse que todo cambia según la óptica desde la que se observe el desastre. De hecho, podría decirse que han sido necesarios estos tres acontecimientos para verificar un nuevo modelo de acción política que permitirá a Ana González celebrar los aciertos y los fracasos bastante acompañada. Como decía Lolo Rico: solo no puedes, con amigos sí.

Ana González, alcaldesa de Xixón, en el salón de plenos del Ayuntamiento. Foto: Iván G. Fernández

No había pasado una semana del triunfo de José Ramón García y un video de Ana González “disertando” sobre violencia machista en el contexto del congreso de la FSA se hacía viral. El medio es el mensaje decía Marshall McLuhan. Juan Cueto habría dictaminado que las redes sociales son alucinógenas, adictivas, perversas. En esta ocasión, habían servido también para gestar un nuevo escándalo visual. El terremoto político no procedía tanto del contenido del discurso de la alcaldesa, que siempre ha sido beligerante contra el machismo y el heteropatriarcado en sus distintas formas de expresión. Hay que reconocer que su comportamiento ante los medios ha sido en muchas ocasiones bizarro, en otras, condescendiente o cínico, soberbio o sarcástico y, a veces, todo a la vez. Como digo, a nadie podía sorprender su intervención, 16 minutos de artillería pesada, 16 minutos de misiles antiaéreos disparados contra el mansplaining, mortero contra la prostitución, minas antipersona contra la violencia machista y así en este plan. Como digo, auténtica artillería con el sello inconfundible de Ana González en el lomo de cada misil. Sin embargo, lo que sí era verdaderamente desolador eran los gestos, el tono de voz, la virulencia y el lenguaje tabernario con la que la alcaldesa, en un entorno exuberantemente socialista, se expresaba, tan exuberante que lo planteaba ajena a otro contexto que no fuera ese, desinhibida, fuera de sí, embebida de una euforia extraña, ¿sospechosa?, ¿diáfana? En cualquier caso, el video hacía más daño a su imagen que cualquier otra polémica declaración formulada en el pasado.

“Su mano derecha, Miguel Barrero, respondía con un simple tuit ante el ataque”

Que la alcaldesa de Gijón vive su momento más bajo de popularidad desde que comenzara su mandato es un hecho que sólo las buenas noticias podrán matizar. Su ayuntamiento afrontaba una campaña que algunos atribuimos a “fuego amigo”, quiere decirse exactamente a eso, fuego de “los suyos”, o sea, de los que hace tres años la situaron como candidata a ser alcaldesa. La treta era sucia, rancia, maquiavélica, pero sólo alguien que la hubiera visto in situ, en aquel Congreso, recordaría después que su intervención estaba grabada y colgada en la red. Sea como fuere, en aquellos días, la alcaldesa afrontaba una crisis de popularidad en la más absoluta soledad. Su jefa de comunicación, Leticia Quintanar, estaba de vacaciones en Islandia, deslumbrada por los paisajes nórdicos y deshumanizados de Papa Noel, mientras la ola de mofa e indignación hacia su jefa en Gijón y el resto de España crecían hasta ocupar la escaleta de los magazines de las televisiones y las radios nacionales. Mientras en Islandia todo era blanco y frio, en Gijón todo era candente y negro como el mismo infierno. Esos mismos días, su mano derecha, Miguel Barrero, respondía con un simple tuit ante el ataque. Cumplida la tarea, lo importante era pasearse por Madrid y disfrutar de los libros.

En estas circunstancias, tuvo que ser el nuevo secretario local quien saliera a defender a Ana González a través de los medios y las redes sociales para intentar paliar los daños causados. Iván Ardura, el anterior secretario local, lo haría 24 horas después. Demasiado tarde. El gesto de Monchu no pasó desapercibido a nadie. Como una profecía autocumplida, lejos de permitir que Ana González se hundiera en el fango, decidió seguir el guion de su discurso en la asamblea en la que fue elegido. Todos suman.

Iván Fernádez Ardura, ex secretario de los socialistas gijoneses. Foto: C.Noval.

A lo largo de esta semana, José Ramón se ha reunido con IU y Podemos. Ha afrontado estas reuniones con el ánimo de fraguar y consolidar alianzas, sin prejuicios, con el horizonte de construir una ciudad y también, por qué no, marcar pautas que intenten contener el ascenso de la ultraderecha, en la línea de lo que Aurelio Martín señalaba en una entrevista a Nortes hace unos meses: «Yo tengo muchísimas diferencias con el PSOE pero las intento gestionar de otra manera, de modo que no signifique un desgaste ni para el PSOE ni para IU, consciente de que el PSOE es una apuesta diferente que va a jugar por un espacio político y que ese espacio, además es, y lo seguirá siendo, un espacio histórico muy reconocido socialmente».

“La izquierda es como el indie, ese indie que no renuncia al sentido de clase y puede levantar otras banderas”

Monchu se ha lanzado a la tarea de reconstrucción y rescate del gobierno de la izquierda y el clima es propicio para que las tres organizaciones de izquierdas se pongan a la tarea en el año escaso que queda hasta que se celebren las próximas elecciones municipales. Lo suyo será tejer lazos, conexiones políticas que beneficien a las mayorías de la ciudad. Dicho de otra manera. Ha conseguido convencer a los suyos y a los demás de la necesidad de rescatar y reconstruir el diálogo y la acción política común en Gijón, antes de que esto se parezca a Detroit.

Aurelio Martín, concejal de IU. Foto: Luis Sevilla.

Me gusta Xoel López, eses indie pop que no renuncia al rock, ni al tropicalismo ni a ningún género. Quizá el indie sea eso, cualquier cosa. La izquierda es como el indie, ese indie que no renuncia al sentido de clase y puede levantar otras banderas. Xoel mola porque sus canciones nos resitúan en un horizonte cotidiano, afable, habitable, que diría Ana González, en esta, nuestra ciudad amiga, sin grandes pretensiones pero sin restar ambición. Cuando Deluxe, Xoel López escribió Reconstrucción (El mejor momento) y dice cosas como que sentir cambiar de nombre, tantas cosas y olvidar algunas caras, en el cementerio del pasado, pueden ser el mejor momento. También dice que el mejor momento es asumir que toda sabiduría y experiencia no resisten a veces la fuerza de algunas corrientes, que no se puede ganar todas las veces, y es verdad, para bien y para mal, todos pierden. Xoel siempre dice cosas interesantes, sencillas y líricas, ya digo, sin excesivas ambiciones, sin la rotundidad de Ana González, pero con paso firme. Y en esas está el socialismo gijonés, como en un canción de Xoel López, dispuesto a la reconstrucción, en el mejor momento, que a veces, curiosamente, también parece ser el peor.

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