La bisexualidad en el centro

Ana Amigo presentó en MUSOC su libro “Biciosas. O la necesidad de queeerizar lo queer”.

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Jara Cosculluela
Jara Cosculluela
Licenciada en Humanidades, experta en género y activista feminista.

En el marco de la MUSOC -se dice la MUSOC, piénsenlo- se incluye una sección nueva, La palabra filmada, que propone un diálogo entre el mundo de la literatura y el cinematográfico -un corto o un mediometraje precede a la presentación de un libro relacionado- y por la que, hasta la fecha, han pasado Alberto Vázquez, Fermín Muguruza y Ana Amigo Ventureira. Esta última presentó su libro “Biciosas. O la necesidad de queeerizar lo queer” (Kaótica Libros, 2022) en la veterana librería ovetense Cambalache y tras la proyección de “Desviación típica” (2022), segundo corto del director Paco Ruiz, que relata la primera visita de un joven a la mal llamada “Unidad de Trastornos de la Identidad de Género”. Ana Amigo, en conversación con Eva Martínez, desmenuzó las líneas maestras de su muy personal ensayo queer sobre la bisexualidad ante más de una treintena de personas con una media de edad muy por debajo de los treinta, que desafiaron el temporal y el final de la temporada de exámenes en la universidad para asistir a la cita.

Poner la bisexualidad en el centro

“Biciosas” parte de un trabajo de investigación “que va más allá de lo académico” y que, según la autora, “se nos fue de las manos”. Y es que, una vez terminada su tesis doctoral sobre pedagogías queer, encerrada por la pandemia y tras un fallecimiento familiar, comienza un máster que cuenta entre su profesorado con la investigadora queer y feminista Gracia Trujillo , a quien reconoce como clave para este libro -no en vano es quien prologa la obra-. Como bisexual, investigadora y activista feminista y queer, Amigo se pregunta por qué nunca ha trabajado sobre la bisexualidad y reconoce que, de hecho “poner en el centro la bisexualidad todavía resulta difícil a día de hoy en nuestro país”. Para ello, Amigo dice identificar “dos elementos esenciales: conocer la historia de la bisexualidad en España y generar teoría”, y es en este último donde “se me fue de las manos”.

“Amigo define el libro como un manual de Autodefensa”

Más allá de la propuesta teórica, define el libro como un “manual de autodefensa” y una herramienta valiosa para ella misma y para cualquiera que, por ejemplo, lo vea en una librería y lo coja, como relata que le ocurrió a ella misma con el libro de Ignacio Elpidio Domínguez “Bifobia: Etnografía de la bisexualidad en el activismo LGTB” (Egales, 2017). Y es que, tal y como expone, “a día de hoy todavía existen pocas referencias publicadas en nuestro país”, aunque destaca la obra mencionada, “Más que visibles. Antología de la bisexualidad y otras plurisexualidades” (Egales, 2022) del propio Domínguez y Carlos Castaño, “Resistencia bisexual. Mapas para una disidencia habitable” (Txalaparta, 2021) de Elisa Coll y el cómic “Me cuesta Bivir” (Melusina, 2021) de María Queraltó.

Ana Amigo en Cambalache. Foto: Alisa Guerrero

Por otra parte, reconoce que, en lugar de publicar algunos artículos académicos sobre el tema, una vez presentada la investigación del máster -algo que le habría dado más rédito académico, tomó la decisión de devolver a la divulgación una investigación que podría haberse quedado en la inaccesibilidad académica. Es una apuesta, entonces, porque “es necesario que salga a la calle y que los propios trabajos académicos se rehagan en la calle”, abundando en que este libro es accesible, “se lo ha leído mi madre y lo ha entendido y le ha gustado”.

Investigar el silencio bi. La recuperación de una historia necesaria

A la hora de construir una historia de la bisexualidad en España, Amigo inmediatamente alude a la idea de “investigar el silencio”, que toma de Gracia Trujillo, convencida de que es imprescindible adentrarse “en el lugar en el que piensas que no hay nada” documentado, más allá de algunos materiales de archivo de la FELGTBI+, para poder responder a preguntas que ella misma se hizo, como “¿dónde estaban las personas bisexuales cuando se acabó el franquismo?”.

“Dentro del movimiento LGTBIQ y feminista sigue existiendo la bifobia”

Para ello, valiéndose de la metodología queer, reelabora una propia, en la que entremezcla fuentes tan diversas como la prensa, las entrevistas a personas clave y el diario personal, eso sí, reconociéndose como una “historiadora infiltrada” que, al final, acaba abarcando documentación de 1974 al 2021. Para las entrevistas, Amigo escogió a personas clave “bisexuales y no bisexuales”, en la medida en la que entiende que “las bolleras y el feminismo han sido nuestros espacios, donde siempre estuvimos”, sosteniendo una apuesta clara de mantener hermanamientos y generar alianzas que todavía son necesarias, “a pesar de que dentro del movimiento LGTBIQ y feminista sigue existiendo la bifobia”. El recurso del diario personal, quizá uno de los elementos más bastardos en un ámbito de investigación académica, fue la fórmula de la autora para introducir la forma en la que el proceso investigador le afectaba como persona bisexual -siendo sujeto de estudio y estudiosa- pero, sobre todo, por el deseo de “citar a sus amigas” y aquellas ideas desarrolladas en los círculos de amistades y activismo que no suelen caber en las bibliografías académicas ni en los sacrosantos pies de página de las tesis o trabajos de final de máster. En todo caso, antes la publicación del libro, revisó concienzudamente las páginas dedicadas al diario, poniendo como ejemplo de ello el fragmento sobre la agresión verbal que sufrió un día en la calle y que quedó relatado pormenorizadamente en su diario. En la revisión decidió “dejarlo en una frase: hoy me agredieron en la calle; porque no me sentía cómoda y porque no quería hacer una pornografía de la violencia”. El libro, en todo caso, incluye un apartado “sobre la violencia bifóbica, como no puede ser de otra manera”, pero Amigo reconoce estar más interesada en la euforia y trabajar desde ahí.

Ana Amigo. Foto: Alisa Guerrero

En cuanto a la investigación de la prensa, el libro recoge el análisis exhaustivo sobre esta historia bisexual del silencio de dos revistas contraculturales, Ajoblanco y Bicicleta, y de El País, mezclándolo con referencias a fanzines, twitter, textos en gallego, las crónicas de la denuncia de Isabel Pantoja a Karmele Marchante en los principios dosmiles, una investigación pseudocientífica de la que se hace eco El País en 2005 sobre la inexistencia de la bisexualidad masculina, hasta la figura de Chelo García Cortés. Esta miscelánea, propia de los estudios culturales, le hace referirse a sí misma como “muy mala académica, porque uso todas las fuentes”. Esta mixtura, en todo caso, le ha permitido llegar a hallazgos que para ella son auténticas joyas “para enmarcar”, que rompen con la construcción silenciada de la bisexualidad, como por ejemplo los anuncios de contactos de las dos revistas citadas, o el artículo “protoqueer” de Toni Puig, titulado “Yo también soy travesti” y publicado en Ajoblanco en febrero del 77, donde vincula travestismo y bisexualidad “porque ambos quieren ser todo a través de lo múltiple”. Y es que, para Amigo “hay referencias muy potentes a la bisexualidad en los años 70, que nos habían pasado inadvertidas”, y que pueden rellenar los huecos para “conocer nuestra historia y referentes”, pero también para abrir la vía a las formas en las que la bisexualidad puede ser entendida y encarnada a día de hoy. La explicación última de esta historia silenciada, ese “problema con la bisexualidad”, es que “ha sido históricamente invisibilizada porque el propio sistema se beneficia de ello: si la totalidad de la sociedad asumiese la posibilidad de la bisexualidad, la presunción de heterosexualidad se iría a la mierda”. Pero, sobre todo, para Amigo, rescatar la memoria bisexual es imprescindible porque “posibilita las maneras en las que nos pensamos ahora como bisexuales”.

La Biciosa: la teoría que “se fue de las manos”

 En la construcción de teoría, aquello que “se le fue de las manos”, la autora reconoce “una base absolutamente feminista”, en la que construye a modo de propuesta estratégica La biciosa, partiendo del texto “Borderlands/La Frontera” (1987), de la autora feminista chicana Gloria Anzaldúa. En esta apuesta teórica, decide “plantear la bisexualidad desde este presupuesto y hacer una crítica a la bisexualidad desde lo queer y una crítica a lo queer desde la bisexualidad”, llegando a La biciosa, entendida no como una esencia, sino como “un punto de fuga teórico del sistema sexo-género”. La biciosa también está hermanada con otros “sujetos descentrados, excéntricos” aportados por otras autoras feministas como Audre Lorde, Monique Wittig e incluso Donna Haraway. El fin último de este proyecto teórico, para la autora, sería “queerizar lo queer” – ese “subtítulo casi imposible”-, es decir, “llevar a cabo una crítica a las teorías queer”, en las que ella misma se enmarca, con el objetivo de ampliarlas, pero también para hacer “alianzas inesperadas”.

Dos grandes preocupaciones que parecen ocupar parte del trabajo de Amigo son el hecho de que “lo bi sigue estando en la periferia de lo queer”, en el margen, de ahí que entre en problematizar cuestiones como los espacios no mixtos o la propia fórmula con la que establecemos las alianzas, pero también el papel de las etiquetas en el campo queer. Si bien explica que “estamos en un mundo en el que las etiquetas siguen siendo necesarias”, estas “no deben ser esencialistas”, proponiendo la bisexualidad como herramienta de desestabilización y como identidad política que tiene que establecer “alianzas con el resto del movimiento para salir de margen”. Esto es, para Amigo “las etiquetas tienen una función política, organizativa y de articulación” aunque reconoce que no resisten al debate de fondo sobre “si lo queer escapa de alguna manera al esencialismo”. Defiende la autora que “lo intentamos, hacemos lo que podemos, pero en este mundo es complicado” y que “todo el rato volvemos a las etiquetas que nos hacen sentir cómodas porque sabemos de lo que estamos hablando; yo, con La biciosa intento dar un paso más allá”.

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