Es solo fútbol pero nos gusta

Cuando uno lee La Nueva España, Oviedo está precioso y el Sporting ya ascendió en diciembre, pero la realidad es bien distinta,.

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Javier Martínez
Javier Martínez
Es licenciado en historia, acupuntor y participa en Radio Qk desde los años 90.

Los niños que crecimos en el Oviedo de los 80 nos íbamos cada día a la cama imaginando cómo seria el mundo si no existiera nada. La amenaza de un ataque preventivo de la URRS planeaba sobre nuestras cabezas. Los periódicos locales, siempre alerta, titulaban que había una pareja de cabezas nucleares apuntando hacia Gijón, y nos daba igual.

En aquel Oviedo todavía era posible recorrer la ciudad sin bajarse de las vías del tren y los veranos eran eternos. Siempre había algún inadaptado que quería ser Iván Drago haciendo sombra por el patio, pero a la mayoría el ascenso del Oviedo nos pilló sin clase por la huelga de la limpieza y haciendo colas interminables en el cine Principado para ver Rambo III

Tuvimos la suerte de vivir los años del mítico Oviedo con la cara empotrada en la valla de tetracero del antiguo Carlos Tartiere, sobrevivimos a las avalanchas y aquí estamos vivitos y coleando. Nuestro equipo nunca destacó demasiado siendo uno más del montón que se hacía fuerte en casa con su estilo aguerrido y conservador y un once con toques yugoslavos, rozamos la gloria en una eliminatoria de UEFA y los años siguientes fueron un quiero y no puedo con algún momento de brillo sin llegar a concretar y clara tendencia descendente. La cosa acabó como el rosario de la aurora estrenando nuevo campo y directos a segunda, los entresijos los explica muy bien Nacho Azparren en su libro de Hoja de Lata.

Conocimos la ruina económica antes de que arruinarse se pusiera de moda, la entrada el euro nos sentó mal y el equipo se fue directo a tercera por impagos: el Real Oviedo estaba en la ruina. Pero la ruina de nuestro equipo no era mayor que la que tenían todos los bancos y cajas de ahorros, que en aquel momento estaban ya en quiebra técnica  prestando un dinero que en realidad no tenían. Todo sabemos cómo acabaron los bancos  y todos sabemos como acabamos nosotros: jugando un 31 de Agosto de 2003 contra el Mosconia en un Tartiere con 5000 espectadores, -6 puntos y gol de Kily.

La historia es como Bilbao, una puta de la que no podemos escapar, como cantaban MCD inspirados en la película de Bigas Luna. Historia la tiene cualquiera y algún día alguien escribirá la  de los años del barro del Real Oviedo haciendo justicia con sus protagonistas. En esas profundidades se gestó esa sensación vibrante, ese pálpito que recorre cada conversación en la ciudad en la ultimas semanas. Pero ese cosquilleo que sentimos apunta alto, pide una canción o mejor dicho un canto, la de Babylon Chat nos vale, pero yo voy mas allá, mas al estilo del camarada Walt en el “Canto a mi mismo”. Si tuviéramos que elegir un intérprete yo me decantaría por Fabio McNamara, Nos va como anillo al dedo, vivió con intensidad los 80 , aunque siempre estuvo en segundo plano, en los 90 dio lo mejor de sí y cuando todo apuntaba a que debería de estar muerto está mejor que nunca con el baile de san vito y sus muletas. Fabio no tiene nada que perder y nosotros tampoco. Si tuviéramos que elegir un estilo, sería el punk, A estas alturas todo el mundo en Asturias sabe que vale mas ser punki que un maricón de playa atormentado.

El Tartiere en los 80.

Si algo llama la atención en el ambiente que se vive en Pedro Miñor y alrededores en las ultimas jornadas es la cantidad de gente joven que sigue al Oviedo. No se sabe de donde salen si tenemos en cuenta que Oviedo es una ciudad envejecida y agonizante. Tampoco es fácil explicarse el por qué. En estos años del barro fue calando poco a poco un espíritu inquebrantable en la afición azul. Su articulación teórica para mi la definió Javier Neira en su columna diaria titulada “cien líneas” en LNE. Con él no solo descubrimos todos los entresijos de la trama asturiana del 11M , también el “pacto del duernu” o lo que es lo mismo la división del pastel político por parte las elites extractivas que gobiernan Asturias.

No hace falta ser de aquí para darse cuenta. Alvaro Cervera entrenador que en caso de ascenso pasará a la historia por su necedad, en su primer derby como entrenador en el Tartiere se dio cuenta que lo que estaba aquí en juego y que lo que movilizaba a la gente era algo mas que futbol. En estos 20 años de lluvias torrenciales y huracanes la afición  tiene calado muy dentro que es el Oviedo contra todos, desde los primeros años en guerra contra el Ayuntamiento y Principado, a los terceristas, los medios de comunicación, Tebas, el VAR, los reptilianos o la Agenda 2030. Estos días cuando circulaban los rumores de que el arbitro del partido del Eibar era socio del equipo local la afición carbayona se ponía cachonda.

Oviedo es como Detroit pero sin Michael Jackson ni Manolín el Gitano

Cuando uno lee La Nueva España Oviedo está precioso y el Sporting ya ascendió en diciembre, pero la realidad es bien distinta. Si uno se da un paseo por Oviedo dejándose caer desde el Buenavista, la ciudad mete miedo, desde el antiguo hospital en ruinas, al centro comercial de Calatrava abandonado, pasando por la plaza de toros. Oviedo es como Detroit pero sin Michael Jackson ni Manolín el Gitano. En Oviedo todo está muerto o a punto de morir. Por eso todos los debates políticos giran entorno a espacios abandonados o en ruinas. Solo el Real Oviedo pudo sobrevivir a la quema y todo parece indicar que el próximo objetivo será cargarse el Oviedo Balonceto, un auténtico oasis en el deporte asturiano. La operación del palacio de los deportes dará que hablar.

Antiguo HUCA. Foto: Alisa Guerrero

Esa capacidad de supervivencia y de renacer de sus cenizas es la única explicación coherente para comprender el atractivo que tiene el Real Oviedo para muchas personas en la actualidad. No hace falta ser de Oviedo ni que te guste el futbol. Si alguna vez tocaste fondo, si conoces el abismo, si te dieron por muerto, si alguna vez tuviste que enfrentarte a todos, o como decía Junger “si experimentaste en ti el increíble poder de la Nada y no sucumbiste en la tentación”  tu color es el azul. Las puertas para la conversión siempre están abiertas, incluso para Juanele. La posibilidad de jugar la final de play-off contra el equipón a la afición azul también la ponía cachonda, porque el Sporting representa para nosotros todo lo contrario. Para nosotros es el equipo del régimen, como el Dynamo de Berlin y la Stasi en la RDA o el Barcelona en la república imaginada catalana.

Aquí hacemos una distinción clara, nadie tiene nada en contra de la afición del Sporting son nuestros vecinos, primos, compañeros de trabajo etc.. unos infelices como nosotros al fin y al cabo, que llevan su ilusión hasta el límite. Seguiremos jugando entre nosotros a las guerras y más ahora que el fútbol asturiano se parece cada día más a las Ozark y quizá seamos el último baluarte de identificación colectiva y popular en un mundo en el que el triunfo de la técnica nos separa definitivamente a los unos de los otros.

Pero lo cortés no quita lo valiente. Hay una parte de esa afición que vive todavía en el “Volver a empezar” de Garci y que son un poco como la abuela de “Good Bye Lenin” y siguen pensando que Tini Areces vive y les va a sacar eternamente las castañas del fuego. Ya puede desplegar el hospital de campaña en Cabueñes: esta gente lo va pasar muy mal si el Oviedo asciende. Un derby en la final del play-off hubiera sido apoteósico y con consecuencias impredecibles. Viendo que las huelgas de la minería se acabaron y viendo que la última no quedó claro si se hizo un documental sobre ella o se hizo ella para hacer el documental, es posible que en el futuro gijonudos y carbayones nos partamos la cara para entretener a los turistas, pues ese es el reparto del trabajo que nos toca a los asturianos.

Volveremos sí, pero a dónde. Yo todavía no sé qué significa exactamente, quizás sea uno de esos significantes vacíos. A lo mejor vuelve a abrir el Chanel o volveremos a ser capaces de esperar sin mirar compulsivamente el móvil o hay que patearles el culo otra vez al Frente Atlético: no lo sabe nadie. No sabemos el destino del camino. Quizás sea un precipicio o un acantilado. Lo que está claro es que el día que el Oviedo pise primera división se cierra un círculo. Es una resurrección culminada, el fin de un ciclo y el nacimiento de otro. Y este puede parecer un tema banal o estúpido, pero no para una ciudad como la nuestra. A Oviedo la conocemos como una capital de provincia con sus funcionarios grises, donde todas las madres educan a sus hijos para ser como Nacho Cuesta, el Delfín de Don Alfredo. Pero si esta ciudad está aquí es por tener bajo custodia durante siglos una prueba material de la la resurrección de Cristo. Hubo un tiempo no muy lejano donde la gente se mataba por este tipo de cosas. No hay resurrección sin que Jesús se presente a sus discípulos y sin pruebas materiales, así pues no hay resurrección hasta que no estemos en primera Ese es nuestro sino y nuestro destino. Quizás dentro de unas generaciones en la Cámara Santa descanse la última camiseta de Cazorla.

Los carbayones somos muy de seguir señales, leer los posos del café o fracasar explicando el mundo en un vaso de leche. Hay otro dato que nos anima a pensar que es posible, la coincidencia del último partido con la hoguera de San Juan, la fiesta pagana del brotar y la regenarión incesante, quizás el tifo de la hinchada debería de ser por sincretismo un  I.N.R.I ( Igne Natura Renovatur Integra )en el fondo de animación. La naturaleza se renueva íntegramente por el fuego: imagino al Carlos Tartiere por fin con alma, teñido en el rojo de las bengalas como en los viejos tiempos. Nos veo a todos cantando el himno eventual del Real Oviedo de Ramón, conscientes de que eso es a lo mejor lo más real que hemos hecho nunca. Noos veo celebrando juntos y poniendo patas arriba la ciudad, el domingo en el Tartiere no estaremos solos. Como en los congresos del partido comunista local, votarán también los muertos.

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