Francesca Albanese ha publicado este 2025 dos libros: Inside. Dentro de la violencia de Israel. Palestina en los informes-denuncia de la relatora especial de la ONU (publicado originalmente en inglés y traducido ahora al italiano), y Cuando el mundo duerme. Historias, palabras y heridas de Palestina (publicado originalmente en italiano). Creo que ninguno de los dos está traducido al castellano todavía, pero espero que pronto lo estén a todos los idiomas del mundo. De momento sólo he podido leer el primero y pienso que deberían recitarlo en voz alta, por turnos, en todos los parlamentos a lo largo y ancho de esta Europa cobarde y cómplice.
En cada capítulo Albanese cuenta la historia palestina a través de un personaje, normalmente algún amigo, alguien muy próximo a ella. Menos el primer texto, del que es protagonista Hind Rajab, de seis años, asesinada a finales de enero del 2024 por el ejército de Israel. Todos conocemos su historia, pero en este capítulo se nos recuerda que la asesinaron cuando los genocidas ya habían matado, desde el 7 de octubre del 2023, a unos diez mil niños. Y que si en enero del 2025 un soldado de Israel disparó en la nuca de una niña de dos años, Laila Mohammed Ayman Khatib, mientras estaba en su casa, cenando con su familia, ya meses antes del 7 de octubre las fuerzas de ocupación israelíes habían asesinado de un disparo en la cabeza a un niño de dos años, Mohammed Tamimi, cuando iba en el coche con su padre en la Cisjordania ocupada. Y que ella, Albanese, que había decidido dedicar su tercer informe como relatora de la ONU a la infancia en Palestina y lo había terminado poco antes del 7 de octubre, ya había documentado más de mil cuatrocientos niños asesinados entre el año 2008 y septiembre del 2023. Después el genocidio se aceleró, pero nada empezó el 7 de octubre. Los crímenes contra la infancia son abominables y el estado de Israel tiene especial querencia por ellos.
Otra imagen que atraviesa el libro es la de las casas robadas a los palestinos ininterrumpida e impunemente desde el año 1948. Describe Albanese casas hermosísimas, construidas entre los años 20 y 30 del siglo pasado, de gusto árabe con influencias otomanas y europeas, describe los colores de la piedra con la que se construyeron, una piedra color crema que con la puesta de sol se enciende con reflejos dorados, sus jardines, el pavimento de azulejos… Las milicias sionistas expulsaron a sus propietarios y, casi 80 años después, ni los supervivientes de la Nakba ni sus descendientes han podido recuperar sus propiedades. Si regresan se encuentran con las casas y edificios destruidos, o en pie, pero en manos de unos nuevos propietarios que, en la mayoría de los casos, ni siquiera las ocupan y las tienen alquiladas mientras continúan viviendo en sus países de origen en Europa o los EE.UU. Desde 1948 en adelante cientos de miles de palestinos fueron desposeídos y encerrados en esa cárcel a cielo abierto que es la Franja de Gaza. Como escribe Albanese, para un palestino la casa es algo que se deja, no el lugar al que se vuelve.
No cabe decir más que lo que dice Albanese: “Estamos llegando a un nivel de opresión y de rechazo a la razón sin precedentes”
También se explica con mucha claridad en este libro, por si hiciera falta, la diferencia entre antisemitismo y antisionismo. La idea de que cualquier crítica al estado de Israel pueda considerarse antisemitismo, como propone la IHRA (Alianza Internacional para el Recuerdo del Holocausto, por sus siglas en inglés) es una barbaridad, pero desde 2020 es la que rige en Italia tras ser adoptada por su Consejo de Ministros. No cabe decir más que lo que dice Albanese: “Estamos llegando a un nivel de opresión y de rechazo a la razón sin precedentes”. El antisemitismo es odio a los hebreos en tanto hebreos, y nada más, y por supuesto que hay que tener cuidado en diferenciar entre los hebreos sionistas y los hebreos que se oponen al genocidio, como el historiador israelí, profesor en Oxford, Avi Shlaim, a quien se cita en este libro: “Los tres pilares fundamentales del hebraísmo son la verdad, la justicia y la paz (…) y habrá muchos hebreos en todo el mundo perturbados por la traición por parte de Israel de estos valores hebraicos fundamentales”. La diplomacia francesa ha cortado las relaciones con Francesca Albanese por permitirse aclararle a Macron, cuando éste afirmó que el atentado del 7 de octubre había sido el mayor atentado antisemita de este siglo, que “No, señor Macron. Las víctimas del 7 de octubre no fueron asesinadas por su judaísmo, sino como reacción a la opresión de parte de Israel”. Las que no sabemos tenemos que escuchar a los que saben y entre le petit Macron y la bravissima Albanese, la que sabe es ella, la valiente es ella, la que no se vende es ella.
La idea de que Israel está aplicando el apartheid en Palestina resulta también clarísima a partir del estudio que hace Francesca Albanese de la jurisprudencia y de la historia. Es cierto, señala, que este término lo asociamos de inmediato con Sudáfrica, pero pronto lo asociaremos también con Israel y, no solo eso, “en el futuro, todo el mundo experimentará un escalofrío al ver la bandera de Israel por culpa de lo que se ha hecho en su nombre y bajo su égida”. Genocidio, colonialismo, apartheid, de todo esto es responsable el estado de Israel, mimado por Occidente por intereses económicos, amén de por prejuicios racistas.
Le ahorro a quien lea estas líneas el capítulo dedicado a un médico, Ghassam Abu Sitta, testigo del sadismo del ejército de Israel que, de acuerdo con su proyecto genocida, se ensaña muy especialmente, además de con los niños, con el personal sanitario. En fin, la destrucción de Gaza, que ha sido un ghetto desde su creación, es algo planificado y ejecutado con precisión y contempla, no solo decenas de miles de asesinatos, sino la devastación del territorio y de las condiciones de vida de los palestinos. He descubierto con este libro que existe la disciplina de la Arquitectura Forense: una ciencia que se sirve de los instrumentos de la arquitectura y las tecnologías digitales para reconstruir sucesos pasados ligados a crímenes, desastres y violaciones de derechos humanos. Un arquitecto forense publicó ya hace años la historia de la destrucción de Palestina por Israel entre los cuarenta años que van de 1967 a 2007. Nada empezó el 7 de octubre del 2023.
Para detener el genocidio hace falta verlo, pero parece que quienes podrían detenerlo no lo ven. Entre tanto todo el sistema en el que vivimos, señala Albanese, ya está seriamente comprometido. La distopía es tal que en países como Reino Unido se arresta a supervivientes del Holocausto por manifestarse contra el genocidio en Palestina.
Israel avanza, devora impunemente y como un monstruo las tierras palestinas y consigue, encima, que se hable de su derecho a existir, ¡el suyo, no el de los palestinos! Es difícil, leemos en este libro, imaginar Gaza en un futuro como algo diferente a un monumento conmemorativo del genocidio. En estas condiciones, ¿cómo hablar de un conflicto entre Israel y Palestina? Como dice Francesca Albanese en las páginas de este libro, como mucho podría hablarse de un conflicto de Israel con la Humanidad.



























