Mira hacia arriba

Birds of Gaza o Proyecto Bubisher son iniciativas que miran al cielo y se inspiran en las aves para traer a la tierra un poco de luz.

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Marta González
Marta González
Traductora y profesora de Filología Griega en la Universidad de Málaga. Asturiana a distancia.

Prometeo, el dios amigo de los hombres, no sólo robó el fuego de Zeus para entregárselo a la humanidad, también nos enseñó las artes. Todas las artes, según confiesa orgulloso el Titán en el Prometeo encadenado de Esquilo. Entre ellas estaba la técnica adivinatoria a través del comportamiento de las aves, la ornitomancia. Había que conocer su vuelo, distinguir las que eran favorables de las que no, qué costumbres tenían, cuáles se juntaba entre ellas y cuáles eran enemigas. Sólo conociendo su comportamiento podía identificarse e interpretarse una anomalía.

El Euro-Med Monitor (Monitor Euromediterráneo de Derechos Humanos) ha documentado la muerte de decenas de miles de aves en Gaza, ya sea a causa de los bombardeos del ejército israelí, ya sea por la falta de alimento y agua. Es un aspecto más de la brutalidad sionista, que es lo único que el estado de Israel conoce y sabe imponer. Hace más de un año este mismo organismo denunció la destrucción de casi la totalidad de la riqueza animal en Gaza, incluyendo aquellos animales que servían a los palestinos como fuerza de trabajo y medio de transporte.

Hay un pájaro pequeñito y precioso que se alimenta principalmente de néctar, como los dioses griegos, pero también de insectos, es el suimanga palestino, llamado también “pájaro del sol”, el ave nacional de Palestina. ¿A cuántos habrá pulverizado el ente genocida? Los niños y las niñas de Gaza y Cisjordania, ¿qué verán si miran hacia arriba?, ¿se atreverán siquiera a mirar, cuando lo único que les llega del cielo son bombas? Hay una página en internet, Birds of Gaza (https://birdsofgaza.com), que recoge los nombres de más de más 21.000 niños y niñas asesinados por Israel. Se puede ayudar a conservar su memoria dibujando un pájaro, o haciendo uno de papel o tela, después se le hace una fotografía y se envía, dedicada a uno de esos niños, a través de esta página. Ya hay casi 3.000 fotos, cualquiera puede colaborar, dibuje bien o mal, eso no importa. Importa que no se olvide el genocidio ni los nombres de tantos inocentes.

Otra iniciativa con nombre de pájaro es el Proyecto Bubisher, que desde hace algo más de veinte años lleva bibliotecas y bibliobuses a los campamentos de refugiados saharauis en la provincia de Tinduf, al suroeste de Argelia. El bubisher, bubchir en hassanía, la collalba negra, es considerado en el Sáhara Occidental el pájaro de la buena suerte. Es también muy bonito, menos exótico para nosotros que el suimanga, porque collalbas negras también tenemos en España, pero la saharaui (collalba negra yebélica) es un poco diferente a la nuestra, tiene plumaje blanco también en la parte superior de la cabeza, no solo en la cola. Y trae buena suerte.

Basta mirar hacia arriba, escuchar el canto de las aves, observar su vuelo, para que nos alcance un poco de la belleza que transmiten, no hacen otra cosa que ofrecérnosla, de la misma manera que los genocidas sólo saben destruirla. Birds of Gaza o Proyecto Bubisher son iniciativas que miran al cielo y se inspiran en las aves para traer a la tierra un poco de luz, para tratar de paliar mínimamente heridas brutales que se ceban especialmente en los niños.

Todo lo que hay de malo en el mundo, sionistas, colonialistas, capitalistas descerebrados, todo amenaza a los más débiles de entre nosotros y, en su guerra contra la belleza, también a las aves. Últimamente se acumulan noticias sobre el impacto negativo de los centros de datos sobre la vida de los pájaros. Era lo que les faltaba a estos monstruos, devoradores de agua y energía. La prioridad nacional, ¿son Amazon y Meta, o nuestras águilas imperiales y milanos reales en peligro de extinción, amenazados ahora también por la eliminación de espacios naturales para construir estos mastodontes?

Miremos hacia arriba mientras haya algo que mirar. Hagamos que siga habiendo algo que mirar. Prometeo estuvo atado a una roca miles de años, condenado por robar el fuego de los dioses y compartirlo con nosotros. Antes de eso hizo algo más, evitar que Zeus, recién ocupado el trono tras derrocar a su padre Crono, destruyera a la raza humana. Eliminar la raza de los hombres y reemplazarla por otra, empezar de nuevo de cero, era un capricho de Zeus que Prometeo, velando siempre por nosotros, impidió. No le demos motivos para arrepentirse.

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