Hacia la reducción de la jornada laboral: ¿Es posible trabajar menos?

Voces del ecologismo, el sindicalismo y la academia responden a las preguntas de NORTES sobre uno de los grandes debates de nuestro tiempo

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Bernardo Álvarez
Bernardo Álvarez
Graduado en psicología y ahora periodista entre Asturias y Madrid. Ha publicado artículos en ABC, Atlántica XXII, FronteraD y El Ciervo.

La reducción de la jornada de trabajo se ha convertido en los últimos años en uno de los grandes debates de la época. La precariedad laboral y su efecto sobre la salud mental, el progresivo desarrollo de las tecnologías digitales y la certeza de que la Inteligencia Artificial puede acabar con un importante número de empleos son motivos de peso para empezar a plantearse trabajar menos para vivir mejor. En España abrió la veda la propuesta de Íñigo Errejón de instaurar una jornada laboral de 4 días, y desde entonces varias empresas han incorporado programas piloto para testar la eficacia de esta medida. También de cara a estas elecciones Yolanda Díaz ha propuesta reducir la jornada laboral hasta las 32 semanales sin perder poder adquisitivo. Pero, ¿es posible ir avanzando progresivamente hacia una jornada de 4 días semanales, o de menos de 7 horas diarias?, ¿cómo se pueden articular estas propuestas?, ¿qué beneficios y desventajas puede tener esta propuesta? Voces del ecologismo, el sindicalismo y la academia responden a las preguntas de NORTES sobre esta cuestión.

Beatriz González, de Ecoloxistes n’Aición

Beatriz González. Foto: Alisa Guerrero.

“La situación en la que estamos ahora”, expone González, “hace que el trabajo esté destinado a producir para incrementar los beneficios del sistema capitalista por encima de los derechos sociales y del cuidado del medio ambiente”. Bajo su punto de vista, la “emergencia climática” está causada, entre otras cosas, por “nuestro modo de producir y consumir y nuestra idea del trabajo”. Para revertir esta situación, es importante “volver a definir lo que es el trabajo y plantearnos una reducción de la jornada laboral, que lleva más de 100 años en las 8 horas mínimas”.

En esta nueva definición del trabajo sería crucial “no contar exclusivamente las horas de trabajo remunerado, sino también las que están destinadas a sostener la vida y a los trabajos de cuidados. El trabajo remunerado no se podría hacer si no hubiera un trabajo invisibilizado”. El informe “Escenarios de trabajo en la transición ecosocial 2020-2030”, elaborado por Ecologistas en Acción, profundiza en esta y otras muchas cuestiones.

Para avanzar hacia la reducción de la jornada laboral propone empezar por una “fiscalidad progresiva para la redistribución de la riqueza. Queremos reducir el número de horas de trabajo porque eso implica producir menos. Muchas cosas que producimos ahora no son necesarias, por eso hablamos el trabajo socialmente necesario, de trabajar menos para vivir mejor”.

Diego Álvarez Alonso, profesor de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social en la Universidad de Oviedo

Diego Álvarez Foto: David Aguilar Sánchez

“El avance de la tecnología y la productividad implica ganancias que pueden ser de muchos tipos”, razona el profesor, “si somos más productivos, significa que podemos producir lo mismo con menos horas de trabajo y, ¿cómo se reparten esas ganancias de productividad? Pueden ir al beneficio empresarial, pero yo pienso que deberían repartirse entre capital y trabajo”. Y existen dos formas de repartir los beneficios con el trabajo: aumentar los salarios o reducir el tiempo de trabajo.

Frente a lo que Álvarez llama “el discurso determinista sobre la revolución tecnológica”, que alerta sobre el desastre que va a suponer en términos de empleo, el profesor propone “una gobernanza de la evolución tecnológica que, entre otras cosas, tiene que debatir esta cuestión de la distribución de las ganancias de productividad y la reducción de la jornada laboral, que puede redundar en una optimización del tiempo de trabajo y una mejora de la productividad”.

Además de una cuestión de “justicia social y redistributiva”, se trata de “tener más tiempo para cuidados, atención a la familia y ocio. Ganaremos en calidad de vida y en salud mental. No es solo reducir el tiempo de trabajo, sino el gobierno de las personas sobre su propio tiempo. Vivimos con ritmos de trabajo muy acelerados en los que parece que, con las nuevas tecnologías, el trabajo nos persigue constantemente”. Así lo demuestra el informe “Precariedad laboral y salud mental”, elaborado por un grupo de expertos, entre ellos el propio Álvarez, a petición del Ministerio de Trabajo.

Para conseguir esta reducción de jornada “es fundamental el papel de la negociación colectiva a través de los convenios, ya sea a nivel de cada sector o a nivel de empresa. Ya hay muchos sectores y empresas en los que la jornada de trabajo se ha ido reduciendo a través de la negociación colectiva. La jornada máxima es de 40 horas, pero ya hay convenios de 37 y media, 35 e incluso menos. La reducción de jornada tiene muchas consecuencias económicas de distinto tipo, y los actores implicados son quienes mejor conocen sus circunstancias”.

Bajo su punto de vista, “aunque la negociación colectiva es el instrumento clave, eso no excluye la intervención pública. Por ejemplo, se podrían limitar más o prohibir las horas extra que no estén avaladas por un pacto colectivo o justificadas por una necesidad organizativa, técnica o de causa mayor. Es posible una intervención normativa, pero no puede ser una imposición. Eso solo consigue que haya más contestación, sobre todo por la parte empresarial. En buena medida, eso fue lo que pasó en Francia con la ley de las 35 horas semanales. La ley debe jugar un papel complementario a la negociación colectiva”.

José Manuel Zapico, secretario general de CC.OO en Asturias

José Manuel Zapico. Foto: Alisa Guerrero

Zapico recuerda que “la reducción de la jornada laboral es una reivindicación genuina de CC.OO, que trasladamos en cada oportunidad que tenemos, ya sea en la negociación colectiva o a las administraciones”. Para el sindicalista, “los avances tecnológicos y los nuevos hábitos sociales indican que la reducción de la jornada es posible y necesaria para la conciliación. Un buen ambiente de trabajo, sano y con salarios dignos repercute en la buena marcha de la empresa y en su productividad. Las empresas con mejores condiciones, las más estables, será las que sobrevivan en el futuro”. La realidad actual es muy distinta: “Un informe reciente revelaba que 9 de cada 10 trabajadores no se sienten comprometidos con su empresa. Están estresados o enfadados, u así es muy difícil tener un entorno productivo eficiente”.

Para Zapico es importante avanzar hacia una “flexibilidad pactada en la que el trabajador tenga capacidad de autorganización. Estamos a la puerta de una revolución tecnológica de la Inteligencia Artificial, que va a multiplicar la productividad, y es el momento adecuado para seguir con estas reivindicaciones”. En su opinión, “una reducción razonable estaría en torno a las 35 o 37 horas como marco general, que se debe adaptar a cada sector o actividad económica a través de la negociación colectiva. Las empresas que lo hagan van a tener mejor beneficios y mayor productividad. En el oriente de Asturias hay una experiencia de jornadas de 4 días, y allí no tienen vacantes laborales”.

En estos momentos, el sindicato está “centrado en recuperar las 35 horas en el conjunto de las administraciones públicas. CC.OO en solitario está liderando un conflicto en las ITVs de Asturias, donde la reducción de jornada es una reivindicación central”.

Respecto a los obstáculos, Zapico hace referencia a “una patronal muy viejuna, anclada en el siglo XX, e incluso en el XIX. Ya no es solo que no acepte una reducción de jornada, sino que ni siquiera paga las horas extras. En Asturias hay 176.000 horas extras que no se pagan, y eso son como 4400 empleos que no se generan”. Achaca esta situación a la “escasa formación de los empresarios en algunos sectores, sobre todo en hostelería y construcción, que tienen esa cultura de competir en bajos salarios y no ofreciendo servicios de alto valor o inversión en tecnología”.

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