¡Que solos están los palestinos! “¡solos en mitad de la tierra, hijos de mi misma madre…!”. Los recuerdo con la canción de “Asturias si yo quisiera si yo quisiera cantarte”, escrita por Pedro Garfias y musicalizada por Víctor Manuel.
Para una persona como el que escribe, que ha recorrido Palestina, donde tiene amigos y conocidos, el genocidio que destroza a este pueblo le hiere en lo más hondo. Cuando el sionismo, alma de hielo, con su terrible máquina de guerra despedaza niños sin compasión, los entierra con vida bajo los escombros, asesina a periodistas para que no denuncien sus tropelías, a médicos para que no sanen, destruye mezquitas e iglesias para que los creyentes ni siquiera encuentren un consuelo imposible, a este humilde articulista, sólo le queda gritar y maldecir a esos criminales, a sus cómplices, a tantas buenas personas, tan indiferentes, por su escandaloso silencio.
Hace un año escribía un artículo titulado: “En Belén no es noche de paz”, mencionando la violencia sionista, pero ahora es mucho peor porque se está perpetrando un genocidio. Este año tampoco tendrán una noche de paz; en Belén no habrá estrella, quedará a oscuras bajo la noche negra del horror; porque además de la carnicería en Gaza, por todos conocida, en Cisjordania donde está Belén, ya hay más de 500 palestinos asesinados en lo que va de año, miles de heridos y encarcelados,- muchos de ellos niños- y más de 35 aldeas ocupadas por los colonos. ¿Qué tienen que celebrar en Belén? Nada, porque Belén está de luto. Las autoridades religiosas se han hecho eco de este drama y han cancelado todas las celebraciones.
Hace años estaba en Belén; por la mañana, estuvimos en Beit Sahur con la familia de Juani Ruiz, una mujer que padeció meses de cárcel porque para los sionistas la solidaridad es un delito; después nos recibió el alcalde de Belén y por la noche fuimos a la Basílica con nuestra amiga del alma, Maha Nasar a celebrar la Navidad; allí conocí a su hija Dalia que a día de hoy sigue con una bala alojada en la columna, disparada por un valiente colono sionista. Entonces a pesar de la ocupación todavía había música y desfiles.
De ahora en adelante Israel no podrá presentarse ante las personas que aman la justicia como víctima
La actuación de las principales potencias permiten, cuando no apoyan la total impunidad de Israel: EEUU, bloqueando por sistema cualquier resolución del Consejo de Seguridad que ponga en cuestión esas atrocidades; la UE vendiéndoles armas y manteniendo con Israel un tratado preferencial, ¿Qué le queda a la UE de esos derechos humanos que afirma defender? Y por no hablar de los jerarcas de los petrodólares, tan religiosos ellos, reyes de la intransigencia religiosa y la codicia, solo pensando en la opulencia. Por eso repetimos ¡qué solos están los palestinos!
Todos ellos han creado al estado de Israel, ese monstruo que ahora empieza a incomodarlos, pero frente al que nada hacen.
Y ¿qué decir de las instituciones civiles y entidades eclesiásticas de España? Hasta el momento, en el mejor de los casos, solo palabras que no se traducen en hechos; por no hablar de esos señores tan patriotas, de la bandera en la billetera, que no hacen sino apoyar el genocidio, como José María Aznar, ese ignorante castellano, que califica a Israel como la única democracia de oriente Medio. Pero ¿acaso es democrático robar tierras y casas, condenar al exilio a millones de palestinos y asesinar niños? Y no menos elocuente, el silencio del ínclito arzobispo Sanz Montes, tan callado cuando el ejército sionista ha bombardeado siete iglesias.

Y puestos a seguir con más, quiero recordarle a la alcaldesa de Gijón que este ayuntamiento firmó años atrás un protocolo con la ciudad de Belén-donde Gijón tiene el nombre de una de sus plazas- , que desde hace años duerme en los cajones del olvido; y también decirle si como médica nada tiene que opinar sobre el bombardeo de hospitales y el asesinato de cientos de sanitarios.
Incluso me atrevo a sugerir a los belenistas, que en el belén, sustituyan la figura del rey Herodes por la del infanticida Netanyahu.
En estos momentos no puedo por menos que pensar en esas masas de población que ajenos a la tragedia, viven narcotizados por el espejismo del consumo, y desmovilizados con sus móviles, que, en estas fechas, corren indiferentes a esta tragedia, persiguiendo la quimera de un consumo a veces imposible. Solo les pedimos que miren a esos dos millones de gazatíes que ya no tienen techo que les cobije, nada que llevarse a la boca y cuya vida no vale nada.
Pero frente a ese escandaloso silencio se está alzando muchísimas voces al grito de ¡basta ya! Son voces de personas de bien, de credos diversos que defienden los derechos humanos y exigen un mundo que tiene el derecho de vivir en paz. Entre ellos hay miles y miles de judíos que han llorado de rabia y de pena al grito: ¡No en nuestro nombre , Israel no nos representa!
Israel tiene como objetivo hacerse con toda Palestina y para ello está llevando la guerra a Gaza, donde pretende completar la limpieza étnica para quedarse con todo el territorio; con esa locura destructiva y genocida piensan los dirigentes israelíes y quienes los apoyan que con el terror van a doblegar a este pueblo. ¡Qué equivocados están! Después de setenta y cinco años no lo ha logrado. De ahora en adelante Israel no podrá presentarse ante las personas que aman la justicia como víctima, sino como un país infanticida; con su comportamiento está insultando a las víctimas del holocausto. Y no hay más que ver quienes son ahora sus amigos: son los herederos políticos del franquismo y del fascismo, los aliados de Hitler y Mussolini; sin duda que Hitler estaría orgulloso de tener, un alumno tan aventajado como Netanyahu. Y hasta el rey Herodes el que mató a los Inocentes exclamaría: ¡lo que vale este muchacho!
Los últimos acontecimientos acaban de demostrar que Israel a pesar de una violencia tan feroz no es un país seguro. ¿Quién va a ir de vacaciones a un país donde caen misiles o donde suenan las sirenas cada dos por tres? ¿Quién se va a fiar de gente que pulsa el gatillo con tanta ligereza? Israel ha sembrado demasiado odio; un odio que se volverá contra él y muchos cadáveres desde sus tumbas y bajo los escombros se alzarán contra él, al grito de ‘Viva Palestina libre!.



























