El magma lento en el que flota el momento político es el de una democracia en descomposición y una lucha de clases en que las clases altas pelean a brazo partido, mientras las clases bajas creen que ya no hay lucha de clases.
Los republicanos no debemos desentendernos del Rey. Ser ateos nos lleva a no ir a misa, pero ser republicanos en un estado monárquico no puede llevarnos a ignorar, por falta de fe, a la Jefatura del Estado