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“Solo gracias a las redes de solidaridad muchas familias ovetenses han podido poner comida en sus mesas”

Los colectivos denuncian haber sido ninguneados por el Ayuntamiento y alertan de la situación social.

Cesta de Sofitu Mutuu. Foto: Iván G. Fernández.

Pudimos verlo estas últimas semanas en televisión, cuando los telediarios mostraban las imágenes de las bautizadas como “colas del hambre” en el madrileño barrio de Aluche. Junto a la puerta del local en el que reparte alimentos la asociación de vecinos, un cartel reza: “Solo el pueblo salva al pueblo”. Ese mismo espíritu ha movilizado en toda España a miles de personas que, mediante la solidaridad y el apoyo mutuo, se han organizado para llegar a donde las instituciones no lo hacen. En Oviedo surgió al principio del estado de alarma el Grupu de Sofitu Mutuu, una red de apoyo con casi cincuenta voluntarios que ayudan a los vecinos más golpeados por la pandemia.

“Nuestra tabla de salvación son ahora los vecinos y los comercios de barrio”, sentencia Gema Valdés, una educadora social de 49 años y voluntaria del Grupu de Sofitu Mutuu.  “Fue todo bastante espontáneo”, reconoce, “y al principio nos enterábamos de los casos por el boca a boca: igual una amiga te decía que sabía de alguien pasándolo mal y lo poníamos por el grupo. Los primeros casos fueron tirando de nuestro fondo de armario, compartiendo lo que tuviéramos, y luego pedimos colaboración a comercios de barrio para que pusiesen una cesta en la que la gente dejase alimentos, y está funcionando de cine”.

Un reparto solidario de Sofitu Mutuu

Su labor se está centrando en alimentación y vivienda, “pues hay mucha gente que no puede pagar alquiler y recibos”, aunque también surgen problemas escolares relacionados con la brecha digital. “Si antes recibíamos una llamada cada tres días; a finales de abril ya era desbordante”, lamenta Gema, “y nos encontramos situaciones terribles de personas normales, con un sueldo sencillín, que nunca habían tenido que pedir ayuda”.

“Antes recibíamos una llamada cada tres días; a finales de abril ya era desbordante”

Quien atiende el teléfono del Grupu de Sofitu Mutuu es Lluisa Nogueiro, jubilada de 53 años. “Cuando llama una familia pido permiso para hacer unas preguntas personales, porque queremos detectar necesidades y ayudarles de forma global”, explica. Los que recurren a ellas, asegura, “no son los pobres que piden en la calle sino familias humildes, que siempre trabajaron en precario y que viven al mes”. Cuenta que muchas llaman “con vergüenza y cuando ya recurrieron a todo-Cruz Roja, cocina económica- y no tienen nada en la despensa. La situación es muy grave”.

Ahora ayudan a entre veinte y treinta unidades familiares, lo mismo personas mayores solas que matrimonios con varios hijos. “Nuestro objetivo no es limitarnos a una labor caritativa ni nuestra filosofía es conseguir subvenciones”, precisa Lluisa, “queremos crear vínculo con el barrio, unos hilos invisibles de los que todos nos beneficiemos. Muchas de las personas a las que ayudamos se están ofreciendo para ayudar también ellas, y eso es lo mejor”. El colectivo tiene un número de cuenta abierto para recibir donaciones: ES53 3058 0990 2227 5951 9958.

Economía sumergida y barrios vapuleados

Belén Suárez, funcionaria de 51 años, es responsable de las meriendas solidarias del Oviedo Antiguo. Junto a una veintena de voluntarios organiza quincenalmente este “espacio de convivencia de personas de distinto origen, que no se queda en una labor solo asistencial”. Tras decretarse el estado de alarma las meriendas se cancelaron, pero el grupo buscó otras formas de seguir ayudando a las familias necesitadas.

“Al principio repartíamos alimentos pero pronto tuvimos que dejarlo”, cuenta Belén, “y ahora estamos dando ayuda económica a ocho familias”. Recogen dinero de donaciones y se lo hacen llegar a esas familias para que compren comida y productos de higiene. A una de ellas incluso le pagaron un mes de alquiler: “Llevaban ya tres meses sin pagar y el propietario podía echarles”.

La respuesta institucional está siendo “lenta e insuficiente”

Quienes piden ayuda son sobre todo trabajadores de “la economía sumergida, que si no salen no cobran” y madres solas con hijos, de los barrios “tradicionalmente vapuleados de la ciudad: Ventanielles, Teatinos y Vallobín”. Se trata de una población “muy vulnerable, que no puede acceder a ayudas o que tiene miedo a contactar con la administración por si les detienen, pues están en una situación irregular”.

La Red Oviedo Sostenible, integrada por más de una decena de organizaciones sociales, alerta en un comunicado de que esta crisis “está condenando a cientos de familias a la exclusión social más severa”. Denuncia asimismo que la respuesta institucional está siendo “lenta e insuficiente”, y que las ayudas alimentarias y para el alquiler no alcanzan a cubrir todas las necesidades. “Solo gracias a las organizaciones sociales y las redes ciudadanas de solidaridad han podido muchas familias ovetenses poner un plato de comida caliente en sus mesas” aseguran. El comunicado sostiene que estos colectivos “han sido ninguneados y excluidos por el Ayuntamiento” e instan al consistorio a “destinar con urgencia los recursos financieros y humanos necesarios para garantizar los derechos sociales básicos de las familias ovetenses afectadas por la crisis del COVID-19”.

Bernardo Álvarez
Escrito por

Graduado en psicología y ahora periodista entre Asturias y Madrid. Ha publicado artículos en ABC, Atlántica XXII, FronteraD y El Ciervo.

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