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Sobre la precariedad sexual de la juventud asturiana

Los jóvenes echan en falta la intimidad de una casa propia, en una comunidad en la que el 81% vive con sus padres hasta los 30.

Celebración del Orgullo LGTB en Oviedo/Uviéu. Foto: Iván G. Fernández.

“Juventud asturiana, campeona del mundo en follar viviendo con sus padres”. Así tituló la Asamblea Moza d´Asturies una de sus provocadoras campañas para denunciar el problema de la vivienda en una comunidad donde la emancipación juvenil está por debajo de la media española, aunque por encima de la vecina Cantabria, Castilla y León y Andalucía. “Te lo montas donde puedes. El cerro de Santa Catalina fue mítico, también la playa, y luego claro, los portales, los trasteros…”. Este “inventario de lugares propicios al amor”, que recuerda al conocido poema de Ángel González nos lo hace Beatriz (nombre ficticio, como todos los que aparecerán en este reportaje), de 26 años, gijonesa, licenciada en pedagogía, y que vive con sus padres mientras prepara oposiciones para la administración autonómica. Aunque reconoce que tiene una muy buena relación con su familia, eso no quita para que eche de menos tener su propia casa y una mayor intimidad de la que ahora carece: “por muy bien que estés con tu padres, a partir de cierta edad se hace absolutamente necesario ser autónomo, hacer tu compra, llevar tu vida”. No es solo el problema de la vida sexual, para el que a veces tira de amigos con casa, que le ceden amablemente el espacio, sino de algo tan sencillo como no tener que pedir permiso a su familia para invitar a alguien a cenar o ver una película. También le gustaría tener su propio espacio para estudiar, y no compartir siempre habitación con su hermano. A punto de cumplir los 27, trabajó algún tiempo después de terminar sus estudios universitarios. Primero con un contrato de prácticas. Ganaba 450 euros por una jornada completa. Se hartó, y decidió preparar oposiciones en busca de estabilidad y mejores condiciones laborales. Mientras tanto ha trabajado a tiempo parcial como camarera.

Campaña de la Asamblea Moza d´Asturies.

A Tomás también le gustaría no tener que estar siempre en la calle y los bares cuando quiere socializar. Este joven avilesino desea emanciparse para poder invitar a sus amigos a casa de vez en cuando, y sobre todo para estar con su novia. “No tenemos coche tampoco, así que imagínate”, bromea este futuro profesor de secundaria. También la vida sexual entiende de clases. Mientras muchos jóvenes de clase media y alta pueden disfrutar del respiro que les da una segunda residencia a la que van sus padres los fines de semana, o que de vez en cuando les dejan para que vayan con pareja y amigos, la juventud de clase trabajadora lo tiene más complicado, sobre todo cuando sus progenitores ya no tienen pueblo al que volver, una raíz rural que aún era relativamente común entre los padres y madres asturianos nacidos en el “baby boom” de los años 50 y 60. Tomás señala que en dos años de noviazgo solo han tenido un poco de tiempo prolongado de intimidad con su pareja este verano, cuando alguien de la familia les dejó un piso en Galicia para pasar una semana de vacaciones. Casi todos sus amigos, entre los que hay parados, trabajadores precarios y otros que preparan oposiciones como él, están en una situación parecida.

Beatriz: “Te lo montas donde puedes. El cerro de Santa Catalina fue mítico, también la playa, y luego claro, los portales, los trasteros…”

Las historias de Beatriz y Tomás no son casos aislados, sino la tónica general en una comunidad en la que el 81% de la juventud vive con sus padres hasta los 30 años. Son datos malos, aunque no muy distintos a los del resto de España. Los aporta el Conseyu de la Mocedá del Principáu d´Asturies. Su presidente, Álvaro Granda, considera que la precariedad laboral es la causa principal de esta emancipación tan tardía de la juventud asturiana. Y es que según CCOO de Asturies, solo uno de cada cinco asturianos de entre 16 y 25 años de edad tiene empleo. De los 69.800 jóvenes que viven en Asturies, solo 12.900 trabajan: una tasa de empleo del 18,54%, la más baja de todo el país. Las conclusiones del Consejo de la Juventud de España es que más que la inestabilidad, la temporalidad o los bajos salarios, comunes a la juventud trabajadora de toda España, lo que determina la emancipación juvenil es el desempleo y el nivel de actividad de la comunidad. Así, en comunidades con mucha temporalidad, pero más actividad, los jóvenes se marchan de casa aunque sea con malos empleos, sabiendo que si los pierden no les será demasiado difícil encontrar otro. El informe anual del Consejo sobre emancipación juvenil señala otro problema más para la juventud asturiana. Muchos jóvenes asturianos se terminan emancipando, pero fuera de Asturies: “el Principado de Asturias constituye una de las Comunidades Autónomas en las que más jóvenes se trasladan su lugar de residencia a otros lugares de España, obteniendo un saldo migratorio interautonómico negativo desde 2010”. Para Álvaro Granda este problema estructural podría compensarse con una política de vivienda más ambiciosa, orientada a “fijar población, y evitar que muchos jóvenes asturianos terminen marchando de la comunidad por falta de oportunidades”. Desde el CMPA han propuesto, sin éxito, una experiencia piloto: ceder gratuitamente pisos a jóvenes sin empleo, o con empleo de muy mala calidad, a cambio de algún tipo de contraprestación en forma de trabajo comunitario.

Álvaro Granda, presidente del CMPA.

España no destaca por su política de vivienda, mucho menos por su política de vivienda joven. En 2007 el Gobierno del socialista José Luis Rodríguez Zapatero impulsó la Renta Básica de Emancipación, una ayuda de 400 euros mensuales que permitió a 300.000 jóvenes menores de 30 años marcharse de casa de sus padres sin estar con el agua al cuello. “España no se puede permitir tener la mayor edad de emancipación de Europa”, dijo la difunta Carme Chacón entonces al frente del Ministerio de Vivienda, al anunciar una medida estrella que venía precedida de las grandes manifestaciones en 2006, sobre todo en Barcelona y Madrid, del movimiento “V de Vivienda”. Al frente de aquellas movilizaciones, desarrolladas bajo el lema “No vas a tener casa en la puta vida”, y que reclamaban pinchar la burbuja inmobiliaria con una intervención pública decidida, estaba por cierto una joven activista llamada Ada Colau.

Campaña de V de Vivienda “No vas a tener casa en la puta vida”.

Las ayudas al alquiler joven del periodo Zapatero fueron eliminadas con la victoria del PP en las elecciones de noviembre de 2011. Desde entonces España carece de una ayuda específica a la emancipación juvenil, si bien algunos ayuntamientos y comunidades tienen programas en esa línea. Unas políticas muy escasas que ponen a España a la cola de la emancipación juvenil. Mientras en Francia el 35% de los jóvenes emancipados se beneficiaban en 2011 de ayudas públicas, en España solo el 5%. Conclusión: los franceses dejan el hogar familiar a los 24, la misma edad que en Alemania, Reino Unido o Austria, mientras que españoles, italianos, griegos y portugueses, a la cola europea en políticas públicas de vivienda, no se van de casa hasta los 29 o 30 años. En todo caso, si algún lugar de Europa destaca por las cifras de emancipación juvenil, ese sitio es la península escandinava. En Noruega, país nórdico no perteneciente a la UE, los estudiantes reciben una ayuda mensual en coronas equivalente a 815 euros, así como unos 4.000 euros anuales que se pagan en dos semestres. Es la beca-prestamo del Estado para ayudarles a marcharse de casa de sus padres y ser independientes económicamente de ellos. ¿La única condición? Aprobar los exámenes y devolver el 60% de lo recibido cuando encuentren un empleo que se lo permita. Beatriz señala que cuando fue a ver a unas amigas de Erasmus a Finlandia se sorprendió al ver que allí “a los 18 años todo el mundo estaba fuera de casa de sus padres”. Reconoce que no solo es una cuestión económica, sino que también hay una parte cultural: “es otro modelo de familia, aquí tus padres te presionan para que te vayas de casa ya con la vida más o menos resuelta, vienen de un estilo muy tradicional y quieren reproducirlo en sus hijos”. David, ovetense, cuenta que aunque se auto-financió la carrera con trabajos de fin de semana y podía pagarse una habitación en un piso compartido, tardó en hacerlo porque sabía que eso no iba a gustar en casa, donde su padre, obrero metalúrgico, esperaba el típico itinerario de “carrera, novia, buen trabajo, piso, hipoteca”. De hecho, llegó a alquilar una habitación “básicamente para tener un sitio donde follar”, y no se trasladó a vivir de forma permanente hasta que no reunió el suficiente valor para decirle a su progenitor que se iba de casa. Todo ello a pesar de trabajar como camarero y no tener que pedir ni un euro en casa.

Mapa elaborado por el Consejo de la Juventud de España.

¿Es más tradicional el modelo familiar asturiano que el de otras regiones de España? Un joven asturiano tiene que destinar bastante menos porcentaje de su sueldo para pagar un piso compartido que otra persona joven de Madrid o Barcelona. Sin embargo, la tasa de emancipación juvenil es más alta en estas dos provincias, donde en todo caso el desempleo es menor y las oportunidades laborales son mayores que en el Principado. Otro dato, quizá más interesante, de cara a avalar la hipótesis del factor cultural/familiar como clave en la emancipación juvenil. Euskadi, una comunidad con una tasa de desempleo juvenil relativamente buena, y de hecho bastante mejor que la asturiana, tiene en cambio una tasa de emancipación juvenil similar a la asturiana. Ambas comunidades comparten una tradición industrial de buenos sueldos y sindicación alta. ¿Influye esto para que las familias desincentiven a sus hijos e hijas de abandonar el hogar antes de encontrar un empleo “como Dios manda”? Parece que el recuerdo de cierta “edad dorada” de buenos empleos y vidas seguras empuja a retrasar la edad de independizarse. Beatriz, cuya familia es depositaria de esa herencia de mineros y obreros “fordistas”, apunta que con su edad “mis padres ya me tenían a mi, habían comprado una casa y pagaban una hipoteca. No entienden que te marches de casa excepto si es con un proyecto laboral y de vida muy serio”. Ella misma, que valoró irse a compartir piso con su sueldo de camarera, ha decidido esperar y quedarse en casa de sus padres, y dejar la hostelería “para así centrarme solo en estudiar”. Confía en que si se saca las oposiciones pueda ya emanciparse de una manera más cómoda. Las mujeres, son, por cierto, las que antes se emancipan en todas las comunidades autónomas, y Asturies no es una excepción.

Viviendas en construcción en Uviéu. Foto: Iván G. Fernández.

Asturies no construirá en 2020 nueva vivienda pública. El problema de la vivienda ha desaparecido de la agenda política de una comunidad en la que más de 4.300 personas se quedaron fuera de la última convocatoria ordinaria de ayudas al alquiler, celebrada en 2018, a pesar de cumplir con los requisitos exigidos. Mientras los medios asturianos se suman a la ola de noticias estivales sobre una supuesta invasión okupa y el presidente Adrián Barbón presume del Estado del Bienestar autonómico, el 81% de la juventud asturiana tendrá que hacer complicados malabarismos para disfrutar de su vida sexual con un mínimo de confort. Aunque el siempre imprevisible verano asturiano se lo ponga un poco más fácil que el crudo invierno, los chavales, como escribía Virginia Woolf en 1929, siguen aspirando a un sistema que les garantice “una habitación propia”.

Diego Díaz Alonso
Escrito por

Historiador y activista social. Escribió en La Nueva España, Les Noticies, Diagonal y Atlántica XXII. Colabora en El Salto y forma parte del consejo de redacción de Nortes.

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