¿Se ha vuelto Andalucía de derechas?

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Año 2012. Saltan todas las alarmas. El PP supera por primera vez al PSOE en uno de los grandes bastiones territoriales de las izquierdas en el siglo XX. Ya en febrero de 1936 el Frente Popular había ganado en todas sus provincias y con el restablecimiento de la democracia, las izquierdas, y sobre todo el PSOE, volverían a ser hegemónicas en la comunidad autónoma con más extensión y población de toda España. El miedo atávico a la vuelta de los “señoritos”, que tan bien representaba el dirigente popular Javier Arenas, la oposición de la derecha al Estatuto de Autonomía en los 80, y los beneficios de la modernización de la Comunidad, mantuvieron al PSOE en el gobierno ininterrumpidamente desde 1982 hasta 2018. A Arenas se le escapó el asiento en el Palacio del San Telmo debido a varios factores, desde la contrarreforma laboral, que activó a la izquierda, desnortada tras el fracaso de la segunda legislatura de Zapatero, hasta errores tácticos en la campaña del candidato popular como no querer ir al debate electoral con los otros dos candidatos.

El miedo atávico a la vuelta de los señoritos favoreció cuatro décadas de gobiernos del PSOE

En 2012 PSOE e IU sellaban un acuerdo (desigual) de gobierno arrebatando la posibilidad a los populares de tomar su particular Leningrado. El co-gobierno del PSOE e IU sufrió numerosos embates desde el Ministerio de Hacienda y el Tribunal Constitucional (que anularon varias de las medidas progresistas e impuestos aprobados por el mismo). Este gobierno de resistencia logró mantener durante un par de años la imagen de que podía existir un modelo alternativo dentro de la izquierda a la ola azul que barría España. Sin embargo, tras los escándalos de corrupción que afectaban al PSOE-A, heredados por José Antonio Griñán, este decidió dar paso a Susana Díaz como presidenta de la Comunidad, tras ganar unas primarias a la búlgara, para apartar el desgaste que estaba sufriendo el partido al estar él en el poder.

Con Susana Díaz, hija del aparato del PSOE sevillano, la situación empezó a torcerse. Trató de todas las maneras posibles de desembarazarse de IU y adelantar elecciones endosando las causas de la ruptura a la coalición de izquierdas. Encontró un aliado involuntario en Antonio Maíllo, nuevo coordinador de IU, y en Alberto Garzón, los dos contrarios al co-gobierno con el PSOE. IU cometió la torpeza de anunciar un referéndum interno para realizarlo 6 meses antes de acabar la legislatura para contentar al sector contrario al acuerdo, nada desdeñable en militancia y cargos. Díaz aprovechó la jugada para adelantar elecciones antes de que Podemos, que hacía aparición en escena en 2014, e IU lograsen armarse, aprovechando que irían separados y endosando la responsabilidad de la ruptura (con todo éxito) a IU.

La jugada le salió bien a Susana Díaz, ya que logró desembarazarse de IU (que pasó de 12 a 5 diputados), y ser la primera fuerza, aunque perdiendo votos, gracias a que la irrupción de Ciudadanos, que restó votos y diputados al PP. Díaz también logró neutralizar rápidamente a la inflexible e intransigente Teresa Rodríguez, de Podemos, echándose en los brazos de Ciudadanos para garantizar la gobernabilidad.

El PSOE-A llevaba años desidelogizándose tras tantas legislaturas de gobierno ininterrumpido, con una gran cantidad de cargos mediocres, arribistas varios, apparátchiks acostumbrados a las peleas de banderías y con escasa capacidad política y crítica. La organización había entrado en un estado de muerte cerebral política, repitiendo mantras del pasado y una política cada día más cercana al liberalismo y menos al socialismo. Con el apoyo de Ciudadanos se empezaron a implementar medidas de derechas en la Comunidad: un mayor apoyo a la concertada en Educación y en Sanidad, una reforma regresiva del impuesto de sucesiones, privatizaciones, etc.

Con el apoyo de Cs el PSOE implementó medidas de derechas como el apoyo a la concertada, privatizaciones o la reforma regresiva de impuestos

En 2016 Díaz apostó por defenestrar a Pedro Sánchez como Secretario General del PSOE, con la inminencia de un acuerdo con Unidas Podemos y partidos independentistas catalanes, para alcanzar el gobierno. Colocó a sus hombres de confianza en la “gestora” que se impuso en Ferraz, y creyó dar por finalizada la carrera política del que fue su apuesta en 2015. Sin embargo, Sánchez utilizó el lenguaje de Podemos e inició una campaña de base que terminó por barrer a la candidatura de Díaz.

Derrotada en las primarias del PSOE, Díaz se refugió en Andalucía. Para evitar que las elecciones coincidiesen con las Generales de 2019, decidió adelantar elecciones enarbolando dos banderas, la española contra el independentismo y la andaluza, realizando una suerte de política pujolista a la andaluza. Rodríguez, por su parte, hizo campaña empuñando la verdiblanca con una visión folklorista de la Comunidad, para hacer frente al españolismo que surgió en Andalucía en el proceso del conflicto catalán y del 1 de octubre. Las dos fracasaron por completo y dieron paso a un gobierno bipartito de derechas, apoyado por VOX, que irrumpía en el parlamento con 12 diputados. Nada más y nada menos.

¿Por qué se produjo este fracaso? ¿Andalucía se volvió de derechas? ¿Lo seguirá siendo tras los dos años que le quedan a Moreno Bonilla como presidente?

Como se suele decir, “la victoria tiene cien padres, pero la derrota es huérfana” (Napoleón). Nadie, en los cuarteles generales del PSOE-A ni de Adelante Andalucía (PODEMOS+IU) sacó alguna lección al respecto. La derecha logró una movilización máxima a la vez que la izquierda se desplomaba y había suficientes diputados por circunscripción para que tres ofertas de la derecha no restasen.

El PSOE-A se había dejado casi 400.000 votos, que no lograron recuperar los de AA, que perdieron, a su vez, un tercio de sus votantes respecto a 2015. Díaz le había quitado el miedo atávico de los andaluces/as a la llegada de la derecha al gobierno, ya que el acuerdo con Ciudadanos había “normalizado” su presencia en los grandes acuerdos en la legislatura. Se presentó sin un proyecto nuevo a la ciudadanía andaluza, cosa que no había hecho ninguno de los candidatos anteriores del PSOE a la Junta, con lo que no tenía ninguna palanca de movilización del electorado. Díaz representaba lo peor del aparato andaluz del PSOE, teniendo una valoración muy baja entre la ciudadanía, y pésima entre sus propios votantes, tal y como demostraba el CIS. Díaz representaba el agotamiento del proyecto socialista tras 36 años de gobierno. Cometió el error de convertir las elecciones en un plebiscito sobre su persona, después de haber sido derrotada en las primarias a la Secretaria General del PSOE, con el proyecto “pujolista” de que Andalucía era ella, justo en un momento donde el elemento emergente era el nacionalismo español, mientras que el andalucismo estaba en horas bajas.

En el caso de Adelante Andalucía su política de alianzas era, como mínimo, confusa y poco creíble. Después de casi cuatro años de enconados debates y de una manifiesta enemistad política y personal, Teresa Rodríguez y Susana Díaz no podían llegar a ningún acuerdo creíble. A pesar de que durante el inicio de campaña hubo cierto “fair play” entre el PSOE y Adelante, Rodríguez volvió a la carga con un “con Susana no pactaremos”, a la vez que “seremos dique contra la derecha”. Mensaje totalmente contradictorio de la izquierda alternativa andaluza.

En la actualidad la izquierda andaluza pasa por horas bajas. El espacio del cambio ha sufrido una defección por parte del grupo trotskista dirigido por Rodríguez, que ha acabado en el grupo de no adscritos tras usurpar la marca, los recursos, y las cuentas de las redes sociales de la coalición Adelante Andalucía. El proyecto ha quedado dañado y con un margen de dos años para tratar de recuperar el espacio perdido, aunque no tienen un líder o lideresa claro para presentar a las próximas elecciones.

El PSOE-A está en una situación peor, ya que Podemos si ha realizado su renovación. Díaz, pese a haber perdido las primarias estatales y las elecciones autonómicas, pretende volver a ser la candidata. Es imposible que Díaz, que ha sido presidenta de las peores legislaturas de la historia de Andalucía protagonizadas por el PSOE-A, pueda hacer una oposición mínimamente coherente. Mientras el liderazgo de los socialistas no se renueve, así como su dirección, van a mantener al PP en el poder mucho tiempo.

Moreno Bonilla está realizando una política muy cercana a la derecha sevillana. Realiza cambios puntuales en el sistema, cambia a los del PSOE por los suyos dentro de la Administración, y empieza a realizar una política lenta de cambio de modelo para no reactivar a la izquierda en la calle, a una izquierda que ha entrado en fase de letargo, en parte por la pandemia, en parte por la desorientación en la que se encuentra.

¿Andalucía se ha vuelto de derechas? La respuesta sería que no. Lo que va a depender de la continuidad del Trifachito en el poder va a ser lo que haga la izquierda. ¿Renovarán su proyecto y liderazgos el PSOE y AA? ¿Realizarán un exhaustivo análisis de cómo está la Comunidad y de a qué desafíos se enfrenta? ¿O continuarán en la política del “más de lo mismo” y a la espera de que la derecha pierda sola las elecciones? ¡Cuán largo me lo fiáis, amigo Sancho!

En Andalucía se juega gran parte de la futura batalla por la reforma territorial de este país y por los juegos de las mayorías y minorías. Si la izquierda no es valiente y hace su trabajo tendremos derecha para rato, pero con una salvedad, con VOX en el gobierno.

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