Pídele cuentas a Lope

Yolanda Pallín ha escrito un texto de tú a tú, de autora a autor, de mujer a hombre, para hacerle a Lope de Vega una puesta a punto.

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Roberto Corte
Roberto Corte
Roberto Corte (Oviedo, 1962). Vinculado al teatro asturiano desde 1980, y ligado a la autoría y dirección en el ámbito escénico, en la actualidad colabora como crítico en revistas especializadas.

Querella de Lope y las mujeres

de Yolanda Pallín

Dirección: Ernesto Arias

Intérprete: Carolina Calema

17 de abril, Centro Niemeyer, Avilés

Vaya por delante que soy muy partidario de los espectáculos de pequeño y mediano formato y que este excelente trabajo, tan cálido y puro, de Carolina Calema, me ha conquistado por su sensibilidad y armonía, y también porque tiene algo de teatrillo y filosofía de boudoir donde se dan la mano la belleza y la mesura, para mostrarnos lo mejor del arte escénico.

Es tal la inflación que sufre el criterio de género a la hora de abordar ciertos temas, y tanto el arte empeñado en denunciar de una manera directa el injusto maltrato que sufren y han sufrido las mujeres, que a veces la saturación de la oferta se convierte en un prejuicio para el espectador que ha de asistir a ver un espectáculo. Y algo parecido me ha ocurrido a mí, aguijoneado por un título que nos predispone a un ajuste de cuentas por esos derroteros. Aunque a poco de comenzar la representación ya había de reconocer que estaba equivocado. Yolanda Pallín ha escrito un texto de tú a tú, de autora a autor, de mujer a hombre, para hacerle a Lope una puesta a punto y comprobar lo que tiene de “clásico”, de superviviente, en una sociedad que día a día subvierte los valores tradicionales abriendo nuevas expectativas. Hay siempre en este tipo de examen como un planteamiento utópico, artificial –actúa como el retrofuturo en literatura, ya es casi un género–, al establecer una transversalidad líquida que convierte las capas históricas, el contexto y la cronología, en un magma acrisolado en vasos comunicantes. En la mayoría de los casos el objetivo no es solo el de cuestionar la crónicas y esclarecer unos hechos, sino también la ucronía reconciliadora y la catarsis que nos libera de la neurosis consuetudinaria. Yolanda Pallín construye su discurso sobre los personajes femeninos desmontando frases y argumentos de las piezas de Lope, e intercalando comentarios relativos a su agitada biografía. No siempre se escapa a los reproches oportunistas del criterio de género –obviamente el tono general y la razón de ser es el amor al texto clásico– pero los sortea con maña y maestría haciendo un especial reconocimiento del contexto y reivindicando el arte inconmensurable y profuso del Fénix de los ingenios. Algo hay de guiño pirandelliano en estas heroínas lopescas que se rebelan contra su autor al ser maltratadas con  finales convencionales.

Pero al lado de la pericia de Yolanda Pallín en esta Querella de Lope y las mujeres está el pleno acierto de su materialización y plasmación escénica. Empezando por Carolina Calema, que es un encanto y un prodigio como actriz solista. Escucharla y verla en este testimonio-demostración, con diferentes matices y caracterizaciones, es un placer para todos los públicos. En la propuesta parece invitarnos a su alcoba donde se ha improvisado un teatrillo con sus bártulos más queridos: un biombo, el vestuario, la mesita con el maquillaje, el baúl, la maleta con los pliegos de cordel del maestro… Todo ello con la delicadeza, el tono y el color preciso, para que la conjunción de elementos escenográficos, el espacio (Gustavo Brito), el vestuario (Estrella Baltasar), la iluminación (Felipe Ramos) y la música (Álex Cid) hagan posible el milagro que redondea el resultado. Amén del trabajo de dirección de nuestro queridísimo paisano Ernesto Arias. Faltaría plus.

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