Maika Makovski

Este sábado, la cantante mallorquina y su banda tocarán en la sala Albéniz de Gijón, dentro del programa confeccionado por Gijón Sound Festival que complementa al FICX.

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Víctor Guillot
Víctor Guillot
Víctor Guillot es periodista y dirige el Centro de Interpretación del Cine en Asturias. Ha trabajado en La Nueva España, Asturias 24, El Pueblo de Albacete y el diario digital migijon. Colabora en la Cadena Ser. Su último libro, junto a Rubén Paniceres, se titula "Ceniza a las cenizas. David Bowie y la revolución visual de la cultura pop" (Ed. Rema y vive).

Maika Makovski regresa a Asturias, después de que este verano diera su primer concierto en Avilés con el público en pie, un concierto celebrado entonces casi en la intimidad y lleno de esperanza para no más de noventa personas, en un domingo de resaca templado y estival. Yo había escuchado su último disco, MKMK, completamente alucinado, quizá porque es uno de esos álbumes esenciales de rock que pasan a la historia de un modo desapercibido, quizá porque tiene el aura americano y luminoso, como de hallazgo constante que le hace a uno sentirse eufórico, delirante o feliz, quizá porque galopa a caballo entre Tom Waits y P.J., entre Patti Smith y Fionna Apple, entre David Bowie y Robert Fripp. Yo iba entregado, ya digo, enamorado, y conmigo también estaba Jorge Explosión, el doctor, mi compadre musical, con toda la veteranía y experiencia de productor garajero y power pop porque se olía algo muy bueno, porque tenía curiosidad por escuchar una voz sólida y dulce, imprevisible y vertiginosa, capaz de hacernos escapar de una crisis personal y ofrecernos un chute de energía, un arma con el que salir de nosotros mismos sin perder la sonrisa. Así que Jorge la escuchó quieto, atento si no deslumbrado, como si de pronto le llegaran constantemente fogonazos de sonidos insólitos, eléctricos y perfectamente ejecutados, cada vez que Makovski aporreaba los teclados.

Todo el Green Village, todo el Bowery y algún que otro ramalazo californiano y folk, de los 70 en adelante, están pentagramados en las canciones de MKMK, casi como himnos a la felicidad, al orgullo de vivir, de equivocarse, acertar, amar, perder, hacer y ser lo que uno quiere hasta morir, que se deslizan en sus teclas, golpean la caja de la batería y rasgan las cuerdas de las guitarras, herramientas  por las que se van sucediendo como estaciones de metro  los miembros de su banda, virtuosos del rock que a lo largo de casi dos horas, fueron entonces e irán este sábado intercambiándose las herramientas, disfrutándolas, seduciéndolas y llenando el tiempo y el espacio del público de sentido y de ritmo con todas ellas.

“Hay algo de David Bowie, y por extensión, de Arcade Fire, en ella cuando la maquinaria de su banda se entrega con todo en cada canción”

Entonces, como ahora, Makovski presentó su disco casi en su integridad, alternándolo con algún tema de discos anteriores, sin demasiadas palabras, como si cada canción fuera el manifiesto de una artista que no admite juegos preliminares, capaz de atreverse con todos los palos sin dilaciones. Hay algo de David Bowie y por extensión de Arcade Fire en ella cuando la maquinaria de su banda se entrega con todo en cada canción. Sobrecoge esa capacidad para tocarlo todo, para interpretarlo todo, sin prejuicios, sin condiciones, sin fronteras. Y eso es quizá lo que la hace a ella y al resto del grupo (Mariana Pérez, Dani Fernández, Adrián Martínez y Sam Bredikhin) realmente fascinantes. Love til I die, la magnética e hipnótica Lava Love, junto a Sam Bredhkin, la ochentera Reaching out to you, o la psicodélica y folk Purpose justifican una entrada.

P.D.: Lo de Makovski es puro estajanovismo. Cuando no ofrece una conferencia, entrega un concierto en solitario. Se ha recorrido el país de norte a sur, de escenario en escenario, casi de calle en calle, sin tregua, ni descanso, literalmente día tras día, festival a festival. Vitoria, Tenerife, Gijón, esta semana, dejan el rastro de MKMK, con unas cuantas millas que hablan de una artista enérgica, convencida y satisfecha de lo que hace. Este sábado Makovski y su banda tocarán en la sala Albéniz de Gijón, dentro del programa confeccionado por Gijón Sound Festival que complementa al FICX. Será un espectáculo acojonante, porque viene bien rodado, con toda la máquina engrasada y una banda dispuesta a reventar la sala. No se lo pierdan.

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