La paz ha muerto ¿Viva la Guerra?

En muy pocos días hemos visto cómo la Unión Europea ha abrazado una dialéctica militar sin precedentes y un abandono total de la diplomacia.

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Adrián Arias
Adrián Arias
Adrián Arias (Xixón, 1988). Abogado. Activista vecinal. Ha sido Presidente de la Federación de Asociaciones Vecinales en Xixón (2016-2020) y en la actualidad es asesor de la Delegación de IU-GUE/NGL en el Parlamento Europeo.

Sólo han pasado ocho días desde que la madrugada del miércoles, cuando gran parte de los países de la Unión Europea aún dormían, el presidente de Rusia anunciaba en un mensaje televisado el inicio de una operación militar en Ucrania. Aunque las palabras de Vladimir Putin parece que ocurrieron hace semanas, los hechos hablan por sí solos y  el belicismo en Europa va in crescendo a cada hora. Mientras escribo estas líneas, tropas rusas ocupan Jerson y avanzan hacia Jarkov y Odesa para tomar posiciones estratégicas.

Las condenas a la invasión de Ucrania no han parado de desarrollarse en distintas direcciones. Tanto la Unión Europea como Estados Unidos, Reino Unido, Japón, Australia, Canadá, así como otras potencias aliadas del bloque occidental, han anunciado fuertes sanciones a Rusia para forzar a Putin a frenar el avance militar. Por ahora, todas estas acciones no han desalentado al imperialismo ruso, tampoco ha aflojado su invasión a Ucrania y las tímidas conversaciones de alto el fuego no parece que se vean afectadas por las medidas anunciadas. 

La Unión Europea ha ido tomando en los últimos días un papel protagonista en este escenario. Demasiado acostumbrados a una Unión Europea que ha hecho gala de su tibieza con demasiada frecuencia, nos hemos visto sorprendidos por un acelerón que ha provocado un cambio de 180 grados. Sí hay dos hechos clave en ese cambio europeo, las crónicas aciertan a señalar por un lado el encendido discurso de Josep Borrell declarando el nacimiento de una nueva Europa geopolítica, y el nacimiento del “hard power europeo”. Y por otro, el uso del Fondo Europeo por la Paz, que a pesar de su bienintencionado nombre, resulta un oxímoron. ¿Hay alguien que logre entender cómo un Fondo para la Paz se puede dedicar a pagar y enviar armas?

Desde la izquierda europea, se ha condenado de manera nítida la invasión rusa a Ucrania. De la misma manera, se ha recuperado el marco y el lema de “No a la Guerra”. Esta cuestión se ha criticado por parte de muchos sectores por ser condescendiente con la agresión. Es cierto que las circunstancias de esta guerra no son las mismas que otros conflictos previos, sin embargo, cuando la izquierda hace un llamamiento al “No a la Guerra” lo hace con un principio firme de condena a la invasión de Rusia.

¿Hay alguien que logre entender cómo un Fondo para la Paz se puede dedicar a pagar y enviar armas?

Entiendo que la posición que le toca a las fuerzas progresistas es difícil y, por supuesto, no va a estar exenta de críticas, pero también considero que es una posición coherente con lo que ha venido defendiendo históricamente y con el contexto actual. Quien piense que el avance de las fuerzas militares rusas obedece a una decisión inconexa de Putin se equivoca. Quien crea que militar en el pacifismo activo no sirve en este contexto, se equivoca. Ese pacifismo militante es un pacifismo no equidistante. Rusia ha invadido un país soberano, Rusia no tiene ningún derecho ni ninguna justificación para haberlo hecho. Pero como con mucho acierto ha apuntado Pablo Bustinduy: “no se acabará con la guerra profundizando en ella“.

Negar las vías pacíficas supone negar una salida que no suponga igualarse al agresor y creer que respondiendo a una acción militar con una escalada militar igual o mayor la guerra puede terminar antes. Es evidente que además del terrible hecho que supone la invasión rusa, la batalla ideológica por la paz debería ser central. En muy pocos días hemos visto cómo la Unión Europea ha abrazado una dialéctica militar sin precedentes, una romantización del autoritarismo y un abandono total de la diplomacia. Muchas nos preguntamos: ¿Dónde está la UE forzando una mesa de diálogo? ¿Dónde está la UE en las conversaciones que tienen lugar en Bielorrusia? ¿Por qué la UE se ha lanzado a la carrera de las armas en apenas unos días?

Una idea es clave: Todos los conflictos bélicos acaban con un acuerdo de paz. Eso es un hecho indiscutible. La cuestión es cuánto sufrimiento, muerte y destrucción costará llegar a ese acuerdo. Hoy, quienes defendemos la paz nos sentimos solos, rodeados de discursos que ahondan en esta sentimiento de soledad. Y nosotros seguimos reflexionando, cuestionándonos si estaremos siendo demasiado ingenuos o equivocándonos en nuestra defensa de la paz. Si dejamos la opción de la paz de lado, sola, no encontrará en quienes hoy llaman a las armas y a la guerra ninguna oportunidad. Hoy, que la paz parece haber muerto y se propone un “Viva la Guerra” como respuesta,  ¿no debemos plantearnos cómo reavivar la paz?

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2 COMENTARIOS

  1. Lástima de pastosas expresiones en su comentario. No pretendo contrastar a favor o en contra, sino que se entienda mejor el lenguaje utilizado. Respecto a “Lograr ser sentido común”, ¿quizás se refiere a que “no se logró lo que era de sentido común”?

    ¿Que “condicionalidades han sido evitadas”? ¿A qué se refiere con “los Next Generation” por favor?

    Gracias por permitir seguir el hilo a sus pensamientos expresados.

  2. La paz tendrá varias oportunidades en este conflicto. No debería de lloriquearse por no lograr ser sentido común en un principio. Tampoco hubo Renta Básica durante el confinamiento ni las condicionalidades han sido evitadas en los Next Generation. Hay que calcular las fuerzas y dar las batallas que se pueden dar y cuando se deben dar. Otra cosa es el trabajo de minado de día a día en lo cultural, pero esa no es la acción de gobierno.

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