“Parece que la literatura puede hablar de cualquier cosa menos de política”

El profesor David Becerra presentó en Uviéu su nuevo ensayo sobre el retorno de lo político en la literatura española posterior al 15M

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David Sánchez Piñeiro
David Sánchez Piñeiro
Graduado en Filosofía y doctorando en Investigaciones Humanísticas por la Universidad de Oviedo/Uviéu. Ha colaborado con medios como La Trivial, Atlántica XXII y El Salto.

David Becerra Mayor (Granollers, 1984) es profesor de Literatura Española en la Universidad Autónoma de Madrid y director de la colección de ensayo de la editorial asturiana Hoja de Lata. Tras haber publicado libros como La novela de la no-ideología (Tierradenadie, 2013), La Guerra Civil como moda literaria (Clave Intelectual, 2015) o El realismo social en España. Historia de un olvido (Quodlibet, 2017), el viernes fue invitado a Uviéu por la asociación cultural La Ciudadana para presentar su nuevo ensayo, Después del acontecimiento. El retorno de lo político en la literatura española tras el 15-M (Bellaterra, 2021). Becerra toma como punto de partida una serie de conceptos filosóficos – la definición de “ideología” de Althusser, la idea del “retorno de lo político” de Mouffe, la noción de “acontecimiento” de Badiou y también reflexiones inspiradas en el psicoanálisis de Lacan– para estudiar “cómo se anuncia y manifiesta el inconsciente ideológico en los textos producidos en la última hora en el campo literario español (en lengua castellana)”. Frente al discurso literario hegemónico de la “novela de la no-ideología”, reivindica la obra de autores y autoras como Rafael Chirbes, Belén Gopegui, Marta Sanz, Isaac Rosa, Cristina Morales o Edurne Portela. La presentación tuvo lugar en El Manglar y en ella Becerra estuvo acompañado por el profesor de Literatura Jorge Sierra Álvarez.

La tesis general de tu ensayo es que tras el 15M de 2011 se produce un “retorno de lo político” cuyos efectos se manifiestan también en la literatura que se hace en nuestro país en lengua castellana.

Ese es precisamente el objetivo del libro, analizar el retorno de lo político en la sociedad española tras el acontecimiento 15M y sus efectos en el campo literario y cultural. Cuando hablo de retorno de lo político parto de la distinción que establece Rancière entre la lógica política y la lógica policía de la política. Lo que comúnmente llamamos política, nos dice Rancière, responde a una lógica policial que opera en el estrechamiento de la esfera pública, que convierte la política en una esfera restringida para unos pocos que hacen política para unos pocos. La política, sin embargo, es para Rancière la acción de ampliar esa esfera, incluyendo en ella a todos esos sujetos y discursos que tenían vedado el acceso. Discurso disidentes, contrahegemónicos, críticos, antes en los márgenes, entran a disputar el sentido de lo político instituyendo una legitimidad nueva. Y, como dice Rancière, lo que antes era percibido como ruido empieza a articularse como voz, como discurso. El acontecimiento 15M tuvo la capacidad de ampliar esa esfera pública introduciendo en el debate político ideas, conceptos, lecturas de la realidad, que previamente habitaban en los márgenes. La política deja de ser un asunto que concierne únicamente a los políticos, sino al conjunto de la ciudadanía, que empieza a politizar lo que le pasa, a interpretar en clave política asuntos que antes leía de forma aislada e individual, pero ahora lee en clave política y colectiva, buscando por lo tanto respuestas asimismo políticas. El objetivo del libro es estudiar cómo ese retorno de lo político se da también en el campo literario y cultural, que introduce nuevas formas de pensar y de vivir el mundo, a la vez que aquellos discursos críticos, que antes habitaban en los márgenes de la institución literaria, empiezan a ocupar cierta centralidad en el campo cultural.

Explicas también que, al igual que sucede con otros “acontecimientos”, el 15M tiene un “momento político” y un “momento teórico”, y que probablemente el más importante sea el segundo.

Badiou define el acontecimiento en su capacidad de cambiar los nombres y de perforar los saberes establecidos. El acontecimiento, para Badiou, tiene la capacidad de volver inestable aquello que era obvio. En España el concepto democracia era obvio, estaba naturalizado y lo que está naturalizado no hace falta explicarlo ni definirlo. El acontecimiento 15M nos dijo aquello de “lo llaman democracia y no lo es”, es decir, tomó un significante hegemónico, obvio, naturalizado, y lo problematizó, lo volvió inestable. Esta es la potencia del acontecimiento: cambia los nombres, perforar los saberes y obliga al nombrar la realidad de una manera ‘otra’, diferente, desde un nuevo marco. El acontecimiento asimismo funda un nuevo sujeto, que mantiene el acontecimiento con su finalidad para con él. El nuevo sujeto del acontecimiento 15M transciende al ‘sujeto electoral’, que participa en política cada cuatro años o cada vez que le convocan a las urnas, para constituirse como pueblo que, como decía antes, entienda que la política no es una tarea exclusiva de los políticos que habitan esa esfera restringida, sino que atraviesa nuestra vida toda, laboral y cotidiana, personal y pública, y en consecuencia actuamos para disputar su sentido, para ensanchar la esfera. Ese ensanchamiento de la esfera política, esa acción de disputa, se da en lo que llamo el ‘momento político’ del acontecimiento; sin embargo, sus efectos en la otra esfera, en la esfera literaria y cultural, se dan posteriormente, en el momento de reflujo del movimiento, en lo que he llamado el ‘momento teórico’ del acontecimiento 15M. Es en ese momento cuando se empiezan a exhumar imaginarios políticos y culturales enterrados en el olvido de la guerra, la dictadura y la transición, cuando empiezan a elaborarse nuevos discursos críticos en la literatura que politizan nuestra experiencia vital y cotidiana, cuando esos y otros discursos críticos empiezan a ocupar un nuevo espacio en la institución literaria.

En el libro analizas fundamentalmente la ruptura política que se produce en el panorama literario español a partir del 15M. Sin embargo, empiezas identificando esa ruptura en un campo diferente del estrictamente literario: las canciones y las letras de Nacho Vegas. Dices que su ejemplo tiene una “fuerza metonímica”.

Aunque el grueso de los textos analizados en el libro son efectivamente novelas, también hay alguna reflexión y se referencian poemarios, películas, comics y por supuesto canciones. En la introducción parto del análisis de la transformación de Nacho Vegas porque, como formulas en la pregunta, su caso tiene fuerza metonímica y puede servir para, a partir de su caso particular, tratar de explicar el todo. Porque de Nacho Vegas me interesa no únicamente la transformación que de da en sus letras, que incorporan lo político o en su militancia o activismo después del 15M, sino también cómo ese retorno de lo político lo podemos leer en su cuerpo, en su puesta en escena y en su relación con el público durante los conciertos. En el libro recuerdo la primera vez que asistí a un concierto de Nacho Vegas, todavía un Vegas indie, pre-15M, oculto tras unas gafas de sol, apenas hacía una mueca, no expresaba, no movía el cuerpo en el escenario, y tardó algo así como una hora y media para saludar a un público que lo veneraba con vocación litúrgica, en silencio, igualmente, como quien asiste a una misa a escuchar a un cura. Tras el 15M fui a verle de nuevo y observé cómo la relación con la escena y el público había cambiado por completo: saludó nada más pisar el escenario, e incluso movió las caderas en alguna canción. El público rompió su silencio, cantaba entre canción y canción proclamas del 15M y de la PAH, y saltaba y bailaba cuando el ritmo de la canción lo exigía. Lo político no está solo en las letras y en la militancia, sino también en el cuerpo. De Vegas y de su público.

Estableces una contraposición general entre la “novela de la no-ideología” y la “novela del retorno de lo político”. ¿Cuáles serían sus diferencias?

Entiendo por ‘novela de la no-ideología’ aquel tipo de discurso literario hegemónico que desplaza las contradicciones radicales del sistema capitalista por otras asumibles y asimilables por la ideología dominante. La etiqueta engaña, porque no es que no tengan ideología es que, como decía Althusser, la ideología nunca dice soy ideológica. Son novelas que reproducen y legitiman la ideología dominante del capitalismo avanzado que nos dice que vivimos en el fin de la historia, que ya no hay lucha de clases y que por lo tanto todo lo que nos pasa se debe leer en clave íntima, individual, psicologista o moral, nunca en clave política o colectiva. Es decir, que todo lo que nos pasa debe encontrar su causa en nuestro interior, en nuestras disfunciones, como si no hubiera nada fuera que determina lo que nos pasa. La novela del retorno de lo político, por el contrario, politiza aquello que nos ocurre, y en lugar de desplazar o armonizar las contradicciones, las señala, las tensa, acaso para hacerlas estallar.

Cuentas una polémica con Pérez-Reverte a propósito de un artículo tuyo sobre literatura y Guerra Civil. El escritor te dedicó calificativos como “siniestro”, “imbécil”, “fanático” o incluso “gótico posmoderno”. ¿Por qué te parecen sintomáticas este tipo de reacciones de ciertas figuras consagradas dentro de lo que denominas “régimen del 78”?

Los intelectuales orgánicos del régimen del 78, aquellos que con sus discursos definían el marco de lo que podía ser enunciado y no, tenían el monopolio de la palabra. Nadie les tosía, no existía la crítica, porque la esfera pública cultural funcionaba también de acuerdo con esa lógica policial de la que hablábamos antes. Era una esfera restringida, habitada por unos pocos. La acción política ensancha esa esfera y nuevos discursos críticos empiezan a escucharse. De la misma manera que en las plazas se dijo ‘Lo llaman democracia y no lo es…’ en el campo cultural se podría hacer dicho ‘Lo llaman cultura y no lo es, es un dispositivo de consenso, eso es’. Se empezó impugnar ese discurso que hegemonizaba el campo. Y como no estaban acostumbrados a la crítica, porque eso era nuevo para ellos, se pudieron a la defensiva, a ningunear, a despreciar, a insultar a aquellos que enarbolan un discurso crítico, a quienes no reconocen como interlocutores válidos y legítimos, a quienes ven como unos invasores en la esfera pública discursiva que concebían como su cortijo, como si les perteneciera por una suerte de derecho natural. De la indiferencia pasaron al insulto, y del insulto al victimismo, a decir, desde sus columnas en prensa de tirada nacional, en radios y televisores, que les cancelan. No es cancelación, es simplemente crítica. Entender la crítica como cancelación denota una falta absoluta de cultura democrática.

Siguiendo a Juan Carlos Rodríguez explicas que lo que muchas veces se presenta como “novelas de evasión” son más bien “novelas de invasión”, en concreto de invasión ideológica capitalista.

A Juan Carlos Rodríguez le debe mucho este ensayo. Hemos hablado de Badiou, hemos hablado de Rancière, importantes sin duda, pero uno de los pilares que sostienen teóricamente el libro es la noción de inconsciente ideológico de Juan Carlos Rodríguez. La ideología, para Rodríguez, no es solo un conjunto de ideas políticas que elaboramos para conocer el mundo, como tampoco la ideología es una suerte de falsa conciencia, un discurso que no inocula el poder para actuemos de acuerdo con sus intereses. No es eso. Por el contrario, la ideología se vive de manera inconsciente, nos constituye y determina buena parte de nuestros actos, gestos, ideas, valores y también textos. Juan Carlos Rodríguez nos enseñó a leer, de manera radicalmente histórica, los síntomas textuales de un inconsciente ideológico, a entender que el texto que es resultado de ese inconsciente ideológico no se presenta de forma limpia, completa, terminada; el texto está lleno de contradicciones, de agujeros, de huecos que hay que saber leer. Es un sentido que no controla el autor de forma consciente, pero que es constitutivo del texto, produce su lógica interna. Cuando Rodríguez habla de ‘novelas de evasión’, ese tipo de novelas que nos entretienen y nos hacen vivir otras vidas en otros mundos, dice que en realidad a través de ellas nos invade la ideología dominante, que nos hace concebir que vivimos en una realidad prosaica y gris, aburrida, sin conflicto, en la que no pasa nada, y por eso es mejor que nos traslademos, o evadamos, a esos otros mundos. Son, por lo tanto, novelas de evasión/invasión porque reproducen la ideología dominante de que no hay nada que hacer aquí y ahora, desactivan nuestra experiencia como sujetos políticos, neutralizan el conflicto presente, presentándolo como un tiempo sin épica.

Reivindicas explícitamente un tipo de literatura que no esconda los conflictos de clase y que promueva horizontes de superación del capitalismo. ¿Cómo responderías a las acusaciones de panfletarismo o de adoctrinamiento que suelen recibir este tipo de planteamientos?

Cuando un texto literario habla de política, de lucha de clases, siempre se le acusa de lo mismo, de profanar, rebajar, ensuciar, con temas prosaicos lo estético, lo literario. No es nada nuevo. Le pasó a los realistas sociales del medio siglo, y sigue pasando ahora. Parece que la literatura puede hablar de cualquier cosa, menos de política, que es como un pistoletazo en medio de un concierto, que dice Belén Gopegui en un ensayo importante. Hay que seguir peleando y ensanchar también, con la acción política, la institución de la literatura, que es esa conjunto de estancias que definen lo que debe ser entendido como literatura y lo que no. Creo que tras el acontecimiento 15M la institución literaria se ha ensanchado un poco y se han codificado como literarios textos que antes hubieran sido tachados de panfletos, como ‘ruido’. Hay que seguir ahí, en esa lucha, ensanchando esa esfera, a la manera de Walter Benjamin, que decía que el crítico es un estratega en el combate literario.

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1 COMENTARIO

  1. Nada, que el arte ha de estar al servicio de la revolución. ¿De qué habrá servido el último siglo que ha atravesado Europa?

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