Una trastornada ve “Loco por ella”. Lo que pasó después le sorprenderá

La película perpetúa un modelo de relación que es peligroso y dañino para la salud mental y emocional de las personas

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Sonia Carbajal
Sonia Carbajal
Experta en comunicación y mala feminista. Fue consultora y trabajó en publicidad casi 10 años.

La OMS dice que en 2030 la depresión será la primera causa de discapacidad en el
primer mundo. Y os cuento esto, no para que nos embajonemos preventivamente, sino porque he visto “Loco por ella” y tenemos que hablar.

La estructura de la película es la siguiente:

Cogemos a un muchacho y lo vaciamos de contenido. El protagonista es un ligón prototípico que se comió una taza de Mr Wonderfull cuando era pequeño y va soltando frases de autoayuda como quien suelta purpurina en una fiesta queer.

“Querer es poder”, “Si lo intentas lo suficiente podrás conseguirlo”, “¡El amor lo puede todo!” “¡La natación es un deporte muy completo!”.

Con este cuadro de marco teórico, se interna en un psiquiátrico para conquistar a su
amada. Descubre las complejidades de tener una enfermedad mental, crece como ser humano y consigue a la chica. Estructura básica de película romántica, con moralina superficial y frases efectistas. Hasta aquí lo de siempre.

Lo mágico, lo maravilloso de esta película, es que pide respeto a las enfermedades
mentales
, mientras pone como ejemplo de conducta, precisamente, un tipo de dinámica de relación que te lleva a tener una enfermedad mental.

El protagonista es un ligón prototípico que se comió una taza de Mr Wonderfull

Me explico. Cambiemos el foco de la historia por un momento. Un tipo, no muy listo pero majo, pasa una noche increíble con una muchacha que luego lo trata fatal. Pero fatal fatal. El tipo, que estaba tranquilo y alegre, se pilla muchísimo y se queda completamente atrapado en esa “relación”.

El muchacho no lo sabe, pero esa dependencia tóxica, que la película retrata como amor romántico, es provocada por la combinación de tres factores:

1º. La ruptura en la fase de máxima exaltación.

Las relaciones tienen varias fases. La ruptura o el distanciamiento en la fase de enamoramiento puede llegar a ser mucho más insuperable que una ruptura tras un año de relación de pareja. La protagonista se vincula emocionalmente con el tipo y luego le deja tirado (literalmente) y desaparece para siempre con un “te lo advertí, chico, haberme creído”. Él se queda enganchado a una conexión que cree real y tan desconcertado que no puede seguir con su vida con normalidad. Ella ya está en otra historia y no se acuerda ni del nombre del pobre infeliz.

2º. El refuerzo intermitente.

Durante toda la película, la tipa sigue tratando increíblemente mal al muchacho. Pero no se la puede culpar porque está loca (ole aquí la película, madre mía, madre mía), lo único que se puede hacer es quererla incondicionalmente y aguantar todo lo que sea necesario, porque acompañar a un enfermo mental, por lo visto, radica en dejar que te trate todo lo mal que pueda sin poner límites, ni exigir un respeto a tus emociones en ningún momento.

Pero claro, si alguien te trata muy mal todo el rato te cansas, con lo que, de vez en
cuando, ella le da muestras de amor siempre acompañados de inalcanzabilidad. “Te quiero pero lo nuestro no puede pasar de aquí porque estoy fatal de lo mío”, lo que refuerza el papel del muchacho como cuidador incondicional y paciente (si me amas aguantarás) y la exime a ella de cualquier tipo de responsabilidad.

El refuerzo intermitente también aparece frecuentemente en las relaciones abusivas

El “refuerzo intermitente” es un concepto acuñado por el psicólogo B.F. Skinner que
descubrió que cuando aplicamos incertidumbre a una recompensa, tendemos a repetir más el comportamiento que potencialmente hará que recibamos la recompensa. Skinner metió a unas ratas en una jaula con una palanca, que cada vez que era presionada, les hacía llegar comida. Después repitió el experimento, pero en este caso, cuando las ratas presionaban la palanca a veces caía comida y a veces no.

En el primer caso, en el que hubo refuerzo continuo y predecibilidad, todo bien. Cuando la rata en cuestión tenía hambre, simplemente presionaba la palanca y recibía su recompensa.

En el segundo caso, la incapacidad para prever lo que iba a pasar, la falta de información para entender por qué a veces salía el premio y otras no, perpetuaba el comportamiento y lo hacía más obsesivo, más resistente a la extinción. El refuerzo intermitente funciona a un nivel bioquímico, altera los circuitos de recompensa del cerebro y genera adicción. Es la base de hecho, sobre la que se programan las máquinas tragaperras. Y está prohibido en muchas escuelas de adiestramiento canino porque se considera maltrato.

El refuerzo intermitente también aparece frecuentemente en las relaciones abusivas. Que alguien te trate mal hasta que ve que no aguantas más y entonces te trate bien y entonces te vuelva a tratar mal, es un principio ampliamente estudiado en psicología. Es la base para crear una relación tóxica y dependiente. Y engancha más que la heroína.

3º. La anulación del otro.

El muchacho muestra en varios momentos de la película síntomas de obsesión y
depresión, pero sin embargo, no se le da ninguna importancia en la trama porque él no tiene un diagnóstico mental.

Él simplemente desaparece. Nos lo presentan desde el principio como un tipo
absolutamente plano, un redactor simplón de un Playground de baratillo, que vive de forzar el clickbait en artículos superficiales y vacíos de contenido. “La Universidad de Michigan descubre un método infalible para saber si estás enamorado, sus conclusiones te sorprenderán”. ¡Con lo que odiamos esas estrategias de marketing barato! ¡Se merece todo lo que le pase!.

En ningún momento se plantea en la película que está siendo víctima de una dinámica tóxica y manipuladora

En ningún momento se plantea en la película que está siendo víctima de una dinámica tóxica y manipuladora. Lo más probable es que si sigue relacionándose con ella de esta manera, en un par de años esté tomando diazepán por kilos. Pero de eso no se habla. Simplemente él no importa, de alguna manera, el diagnóstico habilita a la muchacha para no tener ningún tipo de responsabilidad emocional respecto al caos que genera.

Donde mejor se ve es en el final. Avisaría de alerta spoiler sino fuera todo tan previsible que no os desvelo nada. Ella le monta un pollo en su oficina que te quedas muerta, y que aparece reflejado como un gesto romántico precioso. Le dice básicamente todo lo que él va a tener que aguantar y ni siquiera le pregunta cómo se siente al respecto. No hay negociación, no hay comunicación, no hay reconocimiento. O lo tomas o lo dejas. Lo sano, lo razonable, hubiera sido que ella le llamara, tranquilamente, que le dijera que siente sentimientos pero que está preocupada, que pactaran un modelo de relación, que intentaran generar una dinámica de acompañamiento mutua donde ninguno de los dos desapareciera. Donde las emociones de ambos fueran tenidas en cuenta y donde no se perpetuara el rol de “Si aguantas lo suficiente vas a poder estar con ella”. Porque no es cierto. Y porque no es sano.

Lo cierto es que el muchacho no tiene ni idea de dónde se está metiendo, porque ella no está siendo en absoluto clara.

Lo cierto es que la película perpetúa un modelo de relación que es peligroso y dañino para la salud mental y emocional de las personas.

Lo cierto es que si no conseguimos sustituir estas dinámicas perversas por otras más saludables, seguirán aumentando los trastornos ansioso-depresivos.

Lo cierto es que nadie tiene que salvar a nadie y que el acompañamiento, para ser sano, tiene que ser mutuo.

Lo cierto es que se puede tener una diversidad neurológica y ser una persona empática que trata bien a los demás.

Lo cierto es que, o renunciamos a eso que la Vasallo llama el “amor Disney” y
aprendemos a relacionarnos mejor, o esto, caris, va a ir a peor.

Por lo demás, entretenida.

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