La primera golondrina del año

¿Habrá pájaros ahora en Palestina?, ¿cuántos nidos habrán sido bombardeados?, ¿volverán esta primavera?, y los palestinos, ¿volverán alguna vez? ¿a dónde, si han arrasado sus casas?

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Marta González
Marta González
Traductora y profesora de Filología Griega en la Universidad de Málaga. Asturiana a distancia.

Hace unos días vi la primera golondrina del año. A quienes nos hemos aficionado a la contemplación de las aves sus ritmos nos acunan y acompañan y saber que cada año por las mismas fechas vuelven las mismas, ellas o sus crías, nos da alegría. Ahora estamos esperando la llegada de los abejarucos, una de las especies más bonitas que pueden verse en Europa, y se me ha ocurrido buscar qué aves hay en Palestina. He visto que tienen tres tipos de abejarucos: el que nos visita a nosotros (abejaruco europeo) y otros dos, abejaruco verde árabe y abejaruco persa. Busquen fotos, son una preciosidad. ¿Habrá pájaros ahora en Palestina? La vida y la muerte tienen un ritmo que, a través de los siglos, las diferentes culturas han identificado con los ritmos de la noche y el día, la sucesión de las estaciones, los ciclos de la vegetación. Ir y volver, como las aves. ¿Habrá pájaros ahora en Palestina?, ¿cuántos nidos habrán sido bombardeados?, ¿volverán esta primavera?, y los palestinos, ¿volverán alguna vez? ¿a dónde, si han arrasado sus casas? Y los que han hecho ya el viaje que creemos definitivo, ¿volverán en sueños a atormentar a los asesinos?

Aunque no comparta la frase entera (“Dispara a todos los grajos que quieras, si puedes acertarles, pero recuerda que es pecado matar a un ruiseñor”) sí comparto la segunda parte de esto que Atticus les dice a sus hijos en la novela Matar a un ruiseñor. El ruiseñor no hace daño a nadie, sólo canta. Recuerdo pasear con una amiga y el sobresalto que tuvo al ver en el suelo el cuerpo de un gorrión sin vida. No hay nada más triste que un pajarín muerto, dijo. ¿Podemos medir la tristeza?, ¿podemos comparar la muerte de un gorrión con la de un niño?, ¿dónde cabe el dolor por los miles de niños asesinados en Gaza?, ¿cómo se mide? Algunos no llegaron a cantar, se les dejó morir de hambre a los pocos días de nacer. Aquí estamos todos, girando a la vez, los que nos sobresaltamos ante la vista de un pájaro muerto y los que los abaten por placer; los que estamos quedándonos sin palabras que decir ante la barbarie del genocidio en Palestina y los que se graban risueños mientras vuelan casas, colegios, hospitales y mezquitas.

Son muchas las voces que dicen que lo que está ocurriendo en Gaza nos acompañará siempre. La Humanidad está herida de muerte. Volveremos a ver películas sobre el Holocausto, pero nuestra mirada ya no será la misma, veremos en ellas a los palestinos, no a los judíos. Sólo estoy empezando a estudiar las aves, no conozco sus rutas migratorias, ni distingo las que migran de las que no, no sé si nos visitarán algunas de los que pasan también por Palestina. Si así fuera, ¿qué nos cantarán? Ojalá pudiéramos entenderlas.

Pero la golondrina no canta. Para hablar con propiedad “trisa”, ese es el verbo que se usa para referirse a su voz. Tiene algo de particular su sonido, parece el intento de hablar por parte de alguien a quien han cortado la lengua. Esa es una de las posibles explicaciones de que en los mitos griegos aparezca una figura como la de Filomela, a la que Tereo había violado y cortado la lengua para que no lo denunciara, metamorfoseada en golondrina. O que Casandra, la princesa troyana a la que Agamenón arrebata de su hogar como botín de guerra, sea comparada también con la golondrina. ¿Sería el triseo de la golondrina un intento de decir aquello que no se puede decir con palabras, todo aquello que tras el trauma no se puede verbalizar? Pronto entonces nos convertiremos todos en golondrinas, sin palabras que decir ante la barbarie.

Pájaro del sol, declarada Ave Nacional de Palestina en 2015.

¿Qué podrían contar las golondrinas sobre Palestina? A cambio de no tener lenguaje articulado, los animales están a millones de años luz de nosotros en otras prestaciones quizá más valiosas. Nos superan en todos los sentidos. Recuerdo un día en una terraza de Cimadevilla con mi amiga. Su perro estaba tranquilamente tumbado debajo de la mesa. En la de al lado sucedió algo que no recuerdo, alguna escena que hizo que a mi amiga le asomaran lágrimas a los ojos. No consigo recordar qué era, pero sé que no dijimos nada, que no nos movimos ni hicimos ningún gesto y que, sin embargo, el perro, al asomar esas lágrimas, surgió de debajo de la mesa y se abalanzó sobre ella para lamerle el rostro y consolarla. ¿Cómo le llegó esa información? Estaba debajo de la mesa, no nos veía, no cruzamos una palabra, no nos movimos, ¿cómo supo que ella lloraba?

¿Qué percibirán las aves de Palestina?, ¿y el resto de animales?, ¿y las mascotas de los niños de Gaza? Los animales sienten, sufren, se apiadan de nosotros, se cuidan entre ellos. Los animales hacen cosas, diría Rajoy. No tener palabras les ahorra no saber lo que es una mentira. Todos los que tienen perro saben que si, a modo de broma y como demostración ante sus amigos, dicen “venga, vamos de paseo”, pero sin intención real de salir, aunque se pongan de pie, correa en mano y todo, el perro no se moverá ni pestañeará siquiera; en cambio, si nos levantamos para ir de paseo, aun sin palabras ni gestos, el perro se presentará en la puerta de casa, de un salto, feliz y bien dispuesto. Nosotros estamos rodeados de mentiras, bombardeados por ellas. Con palabras, esas que no tienen los animales, se dicen mentiras, se justifican crímenes, se hacen promesas huecas. ¿En qué clase de animales nos convierte lo que estamos viendo? A algunos en animales de presa, a otros en golondrinas. A otros más en ruiseñores que cantan su lamento. ¿Qué palabras usar para hablar de esos niños muertos de hambre no por falta real de comida sino porque hay animales con voz articulada impidiendo que la comida les llegue, disparando sobre ellos cuando corren en busca un trozo de pan? Se acaban las palabras. Mi amiga hablaba poco y pienso, ¿tendría ella palabras para esto? Algo sí sé que diría: duele hablar de esto, duele ver las imágenes, duele informarse… imagina lo que tiene que doler vivirlo.

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