Por qué Barbón no podrá sacar mayoría absoluta

Parece cada vez más probable que las condiciones que hacían posible los resultados electorales del presidente del Principado vayan a ser imposibles de alcanzar.

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Daniel Ripa
Daniel Ripa
Es psicólogo social y diputado de Podemos Asturies.

Durante más de dos años, el presidente Barbón ha navegado a favor del tiempo político y de las encuestas. Ungido por la ola de Pedro Sánchez y por una gestión de la vacunación valorada positivamente por la ciudadanía parecía que su mayoría absoluta en 2023 era un hecho imparable. Incluso provocó el síndrome de Estocolmo en parte de las izquierdas. Pero nada dura eternamente.

Barbón supo ser el primer presidente autonómico tuitero, lo que le facilitó una política de cercanía y transparencia que fue un shock en la Asturias acostumbrada a la gestión de Javier Fernández, el mudo. El monólogo barbonista en la primera parte de su legislatura (una pandemia ante la que era imposible no apoyar al ejecutivo) junto a la crisis del resto de partidos parecía lanzarle al éxito. Eran cinco las condiciones necesarias para lograr 23 representantes de 45 en la Junta General, una mayoría que le diera las manos libres para gobernar. Pero, tras una semana negra, con movilizaciones ante el parlamento de las Asamblees de Trabayadores, escrache de las enfermeras a la dirección del SESPA, rumores de revocación a la alcaldesa gijonesa Ana González y el nacimiento de un nuevo partido en el Occidente, a Adrián Barbón se le está haciendo más larga de lo esperado esta legislatura.

Manifestación del personal de enfermería en el HUCA. Fuente: Nortes

Condición Uno. El dopaje electoral


En un sistema electoral proporcional, el PSOE habría obtenido 17 representantes en la Junta General en las pasadas elecciones, a 6 de la mayoría absoluta, pero obtuvo 20 en su lugar. El PP sumó uno a lo que le habría correspondido. ¿Saben quiénes los perdieron a pesar de haber logrado los votos para ello? Podemos, Ciudadanos, Foro e IU. Asturies, único territorio uniprovincial con tres circunscripciones (Oriente, Centro y Occidente) del Estado, entrega históricamente una prima electoral al bipartidismo. Sólo Podemos y Foro, además del PP y PSOE, han conseguido obtener representación en las dos alas en las últimas tres décadas, y en circunstancias excepcionales. Ello ha acercado al PSOE a las mayorías absolutas y facilitado su gobernabilidad sin asumir grandes compromisos con la población de las zonas más alejadas del centro. En 2019, los socialistas obtuvieron 4 de los 6 diputados del Occidente y 3 de los 5 del Oriente. 

Izquierda Unida aún realizó un último intento de cambiar la ley electoral en septiembre del año pasado, a cuentas de la reforma estatutaria. Una línea roja irrenunciable que apenas duró un día. Los socialistas se rieron, como en 2018 hicieron con la comisión de reforma electoral presidida por Gaspar Llamazares (el día D que debía aprobar su texto recibió un portazo de Fernando Lastra, experto en estas lides) y antes en 2013 con el acuerdo con IU y UPyD, de modificación de esa ley electoral. En una reunión a puerta cerrada, en octubre de 2021, se lo expresé abiertamente a la secretaria de organización de la FSA: “No tenemos ninguna urgencia en modificar la ley electoral. Ahora os reís cuando hay partidos que piden la reforma electoral, pero antes de cuatro años seréis vosotros quienes vais a venir a rogar al resto de partidos para que cambien la ley, porque los movimientos territoriales que van a surgir en las alas serán los que os reduzcan a vosotros, no a nosotros, la representación”. 

“Si SOS Occidente consigue generar las mismas empatías que Soria Ya y Teruel Existe, el PSOE puede perder dos de sus diputados en el Occidente”

El nacimiento de SOS Occidente, oficializado esta semana, supone un terremoto electoral. Si consigue generar las mismas empatías que antes lograron Soria Ya y Teruel Existe, que cuentan con décadas de consolidación, el PSOE puede perder dos de sus diputados en el Occidente. Hay potencial para ello: el Occidente asturiano es un hervidero de movilizaciones con un sustrato común, la sensación de agravia y de olvido a su desarrollo, y la convicción de que quienes les han representado durante décadas sólo han mirado por su propio interés. Y los ejemplos sorianos y turolenses demuestran que es posible conseguir logros en las negociaciones con los partidos tradicionales. Este cambio aritmético va a transformar la política asturiana para siempre, hackear la ley electoral al bipartidismo y modificar las alianzas y coaliciones de gobierno.

Condición 2. Cabalgar la estela de los fondos europeos y la legitimidad de la sanidad pública

Lo decíamos hace unos meses. Las mascarillas verdes con la bandera de Asturias que portaba el presidente representaban los tres hitos de su mandato: nuevo Estatuto de autonomía asturiano, gestión de la pandemia y fondos verdes europeos. Así quería finalizar una legislatura plácida. Sin embargo, se torció demasiado pronto. Los fondos de descarbonización de Arcelor se llevarán por delante 1.000 empleos en la planta. El Estatuto de autonomía se cerró de la peor manera posible, con la sensación generalizada (inducida por Vox) de que se había intentado llevar a cabo un trapicheo sin transparencia para lograr la oficialidad. Los informes secretos del gobierno y el mercadeo fiscal no ayudaron al respecto. 

Protesta de trabajadores de ArcelorMittal en la Junta General. Foto: Iván G. Fernández

La situación económica tampoco va a ayudar. Si los gobiernos que se presentaron a las elecciones después de la pandemia (Euskadi y Galicia en 2020, Catalunya y Madrid en 2021 y Castilla y León en 2022) revalidaron su mandato, con la crisis económica, podría comenzar a ocurrir lo contrario. Tras el cierre de Alcoa, los socialistas pueden salir trasquilados si no entran en el accionariado y asumen la coparticipación en la planta de Danone de Salas, operaciones que ya son habituales en Euskadi. El aura de empresa modélica de Amazon, que vino bajo el brazo de Juan Cofiño y la Cámara de Comercio de Oviedo, se va a romper en una sucesión de conflictos laborales. ¿El modelo laboral Amazon va a ser capaz de seducir a los asturianos? Es dudoso. No será el único sector donde esto sucederá: la inflación reduce los salarios y las empresas quieren mantener su margen de ganancia; pero, los mensajes del Ministerio de Trabajo, por primera vez en la historia, animan a la sindicalización y la acción colectiva para mejorar los salarios y reducir la temporalidad. La vuelta de las Asamblees de Trabayadores suponen un toque de atención que se leerá en la sede socialista, pero también en las centrales asturianas de CCOO y UGT que pasaron de un otoño caliente a una primavera quizás demasiado plácida.

Aun así, el barbonismo se sostendría si la sanidad pública siguiera siendo pujante. Pero no será el caso. Confluirán dos factores: la movilización de las y los profesionales sanitarios, exhaustos de un sobreesfuerzo pandémico sin recompensas y con falsas promesas, y el agravamiento de las listas de espera. La solución de Barbón pasa por dividir a los colectivos sanitarios pagando peonadas a los médicos en sus turnos de tarde a la par que deriva pacientes a la sanidad privada para maquillar las listas de espera. Para ello incrementará el presupuesto en conciertos y derivaciones con las clínicas privadas. La llegada del grupo Quirón Salud sigue esa lógica: impulsar un hospital que pueda realizar operaciones, consultas de especialistas o pruebas diagnósticas, pagadas con dinero público, en el área sanitaria más colapsada de Asturies. Negocio para los fondos de inversión financiado con fondos públicos. ¿Colará? El escrache de las enfermeras a la dirección del HUCA (vean el vídeo para sentir el estado anímico) debería de encender la luz de alarma en el palacio de la presidencia.

Concentración en solidaridad con Danone. Salas. 20 de mayo de 2022. Foto: Enrique Gallart

Condición 3. La descomposición de la izquierda y derecha del PSOE

Adrián Barbón ha sido experto en desmontar partidos durante esta legislatura. Rompió a Foro, Ciudadanos y Podemos después de cada una de las negociaciones presupuestarias de estos años. El presidente necesitaba neutralizar la pujanza de su izquierda a la vez que se acercaba a Ciudadanos y a la Cámara de Comercio de Oviedo para sorber los votos sobrantes tras la desaparición de los naranjas. La geometría variable, amigos. 

La mayoría absoluta para el PSOE requería de sumar a izquierda y derecha a la vez: recoger voto de Ciudadanos (el que no se vaya a Feijóo o a Vox), pero también de su izquierda. Su política de gestos asturianistas vacíos de contenidos (la reivindicación del 25 de Mayo, la firma en el despacho de Belarmino Tomás, la negociación estatutaria dirigida al bloqueo) iban en esa dirección. Transversalidad amable sin grandes compromisos

Yolanda Díaz en la Universidad Popular Asturiana de Podemos Asturies. Foto: David Aguilar Sánchez

Y es que, por muy mal que esté Barbón, si no hay alternativa en la izquierda y el centro, puede presentarse como la única opción de voto útil. La crisis estatal del espacio de Unidas Podemos, que comenzó su implosión tras las elecciones de Castilla y León y tendrá su punto álgido después del 19 de junio en Andalucía, puede facilitarle la tarea. Está por ver si Yolanda Díaz consigue recuperar la ilusión tras las cenizas andaluzas, si reina la sensatez en Madrid entre un creciente número de partidos creados ad hoc para confluir en el frente amplio y si vamos a un choque de trenes entre la ministra de Trabajo y su contraparte en el Ministerio de Igualdad. Es difícil predecir de qué forma estará compuesto el espacio del cambio en 2023. En cualquier caso, en la medida en que el electorado de izquierdas y anti-régimen se movilice y combata la abstención, el PSOE tendrá imposible alcanzar su mayoría absoluta soñada.

“Está por ver si Yolanda Díaz consigue recuperar la ilusión tras las cenizas andaluzas” 

Condición 4. Mantener el feudo de Xixón

Con Oviedo descartado por los socialistas tras los halagos mutuos entre Canteli y Barbón en casi cualquier tema político (un nuevo pacto del Duernu), es en Xixón donde el PSOE se juega su futuro. Todo estaría correcto si no habláramos de Ana González. La alcaldesa gijonesa está repudiada por su propia agrupación local (que fantasea con la posibilidad de revocarla, un escándalo que puede ser épico), por el movimiento asociativo gijonés (al que ha maltratado) y por una ciudadanía que, tras el bloqueo por las derechas del proyecto del Muro, no verá ningún avance social o urbanístico en esta legislatura. Muchos papeles, pocos resultados. El Muro no ha sido una victoria urbanística, sino cultural y de autoestima de las derechas gijonesas que se ven capaces de asaltar de nuevo el consistorio gijonés y de bloquear la gestión de las izquierdas. Exaltados tras la llegada de Feijóo, que ya se dio un baño de masas hace un año en la Laboral, tienen que decidir si acudir unificados a las elecciones y con qué candidato. Con el diputado popular autonómico Pablo González, ungido por Mallada de actividad diaria en Xixón, ¿quién puede liderar un consenso? Es evidente que Foro, cuya existencia autonómica depende de los votos de Xixón, no puede ceder la cabeza de lista. Las miradas están puestas por lo tanto en la vuelta de Carmen Moriyón, quien a su vez despierta pesadillas en la sede socialista. Con posibilidades reales de ser alcaldesa, los votos perdidos por los socialistas en Xixón pueden recortar sustancialmente los resultados de Barbón en Asturias y modificar el arco parlamentario.

Raquel Sánchez y Ana González en El Musel. Foto: David Aguilar Sánchez

Condición 5. Tener un referente estatal que impulse de lo autonómico


Barbón ha conseguido convertirse en una figura popular en Asturias, en una sociedad que apenas conoce a sus políticos locales y que se informa mayoritariamente por medios de comunicación estatales. Pero sus resultados de 2019, los 20 escaños de entonces, fueron excepcionales: se situaban dentro del ciclo dorado de Pedro Sánchez, la vuelta del icono rojo, y catapultaron a todas las candidaturas autonómicas y municipales del Estado. Sánchez representó la vuelta a los valores históricos del socialismo, la utopía de una socialdemocracia que mezcla crecimiento económico con ampliación del Estado del bienestar, la resistencia frente a la ultraderecha o la fuerza de los valores frente a los aparatos de los partidos. Sin embargo, el Pedro Sánchez de 2019 se asombraría del Sánchez de 2022. La valoración de su figura ha ido cayendo progresivamente, al tiempo que ha sido incapaz de consolidar nuevos avances en el estado del bienestar post-pandémico. La única duda es si el presidente del gobierno en Madrid da por perdidas las elecciones autonómicas y municipales y retrasa las generales hasta finales de 2023. Si es así, intentará que la presidencia de turno en la Unión Europea (segundo semestre de 2023) le ayude a remontar en la valoración social, mientras los aliados europeos alertan en sinfonía del riesgo de la llegada al gobierno de la ultraderecha (de eso han ido la gran mayoría de las campañas socialistas en las últimas décadas, del resorte emocional de evitar que vuelva la derecha). Lo que sí está claro es que esta vez el PSOE estatal no empujará las candidaturas locales y autonómicas.

Pedro Sánchez y Antonio Costa. Fuente: Twitter António Costa

Salir del síndrome de Estocolmo

Parece cada vez más probable que buena parte de las condiciones que hacían posible la mayoría absoluta de Barbón van a ser imposibles de alcanzar. Cada día que pasa está más cerca de volver a bajar de los veinte escaños que de mejorar sus resultados de 2019. Lo que iba a ser un paseo triunfal para un presidente al que le sobraba un año de vida parlamentaria se va a convertir en un combate cuerpo a cuerpo. De la melancolía y la atonía a la sorpresa y la hiperactividad. Mucha gente en la izquierda quedó cegada en 2020 bajo el sol que emitía Adrián Barbón. Cayeron en un extraño síndrome de Estocolmo. Es el momento de reaccionar y poner las luces largas. El PSOE va a acabar la legislatura mucho peor de lo que la empezó, el próximo gobierno va a ser en minoría y cada voto va a contar para definir las futuras políticas públicas.

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